‘Michelín no es una gata cualquiera’ es la historia de una gatita que un día llegó a las instalaciones del periódico El Universal, en Cartagena de Indias. Los empleados que primero se percataron de su presencia la llamaron ‘Michelín’, porque solía escabullirse y pasar la mayor parte del tiempo debajo de las llantas de los vehículos estacionados en el parqueadero.
Poco a poco, muchos comenzaron a encariñarse con esta bolita de pelos que solo pedía atención. Sin embargo, también surgieron algunos problemas en torno a la presencia del animal en las instalaciones del diario. Cuando el escritor y periodista Gustavo Tatis conoció la situación que rodeaba a Michelín, no dudó en convertir esa historia en un libro para niños, que se publicó por primera vez en 2021.
En 112 páginas, el autor recoge las distintas situaciones que atravesó esta felina, así como la aparición de personajes como Lala y Omega, quienes nunca dudaron en protegerla. La novela infantil fue relanzada por la Editorial Panamericana y ahora integra el plan lector de varias instituciones educativas del Distrito, tanto públicas como privadas.
Detalles de la nueva edición del libro de Gustavo Tatis
Por eso, conversamos con su autor sobre los orígenes de esta historia, los valores que transmite y la importancia de que esta nueva edición llegue a más lectores.
EU: ¿Cuándo decidió contar la historia de Michelín?
Cuando vi la circular que emitió la oficina de Servicios Generales del periódico, en la que se prohibía la presencia de animales en las instalaciones, pensé que allí había una historia increíble. La situación se estaba saliendo de control, porque en las noches otros gatos perseguían a Michelín y el lugar comenzó a llenarse de gaticos. Incluso Michelín terminó pariendo cinco crías dentro del periódico.
Aquello se convirtió en todo un drama. Eulalia, a quien todos llamamos Lala, y Omega se encargaban de llevarles concentrado todos los días y se convirtieron en los protectores de la mascota, que permanecía oculta entre el jardín y la zona del parqueadero.
La historia, sin embargo, termina rebasando el escenario del periódico -que en el libro aparece como el diario Santos de Piedra- y se conecta con otros lugares de la ciudad, como Chambacú y Papayal. Detrás del aparente conflicto por la presencia de Michelín en el periódico también estaba una realidad más amplia: en Cartagena existía un problema con los gatos y perros callejeros que no tenían albergue.
Cuando escribí el libro no había ninguna esperanza de que existiera un refugio para estos animales. Años después, la Gobernación y la actual Alcaldía lideraron el proceso para crear un albergue para animales callejeros.
EU: ¿Qué le gustaría que sintieran o pensaran los lectores cuando terminen el libro?
Curiosamente, desde que salió, el libro ha hecho parte del plan lector de algunas escuelas públicas y privadas de Cartagena. Con el tiempo, su alcance ha crecido y hoy también se lee en otras ciudades de Colombia e incluso en lugares como Venezuela o Lima. Me han llegado cartas de lectores y hasta me han entrevistado por la historia.
En los últimos tres años he visitado alrededor de 50 escuelas. Allí los niños me entregan cartas, me piden que les firme sus libros y, en muchos casos, realizan representaciones del relato: montajes teatrales, danzas o escenificaciones en las que se disfrazan de los personajes y recrean la historia de Michelín.
Muchos estudiantes me dicen que no esperaban que Zungo, el compañero de Michelín, muriera envenenado. Les habría gustado que el final fuera distinto. Sin embargo, a pesar de ese momento triste, el libro ha sido muy bien recibido y sigue despertando mucho cariño entre los lectores.

EU: En el fondo, ¿de qué habla realmente este libro?
Siempre he tenido una cercanía especial con los gatos. Me encantan. En mi vida he tenido varios y, quizás por eso, siento una afinidad particular con ellos. Son animales muy especiales. Pienso, por ejemplo, en Estambul, una ciudad donde los gatos están por todas partes: en plazas, parques y calles, conviviendo con la gente.
En mi familia también existe una gran sensibilidad hacia los animales. Tengo un hijo, Alejandro, que es biólogo y animalista, y siente una profunda devoción por ellos. De alguna manera, todos compartimos ese amor.
Recuerdo que el último gato que tuvimos en casa enfermó y sufrimos mucho al verlo morir. Llegó un momento en que el veterinario nos dijo que no había nada más que hacer y que lo mejor era dormirlo para evitarle sufrimiento. Esa experiencia se convierte en un duelo familiar muy profundo. Ver morir a un animal que uno quiere también es doloroso.
Por eso quise que esta historia fuera conmovedora y divertida al mismo tiempo, llena de humor, pero también un homenaje a los amigos y compañeros del periódico que protegieron a Michelín. Quería que fuera una historia inspiradora.
He recibido muchas cartas de niños y niñas que me agradecen por haberlos hecho felices con este libro. Ese es el mayor premio que puedo recibir.
