Hay talentos que parecen venir escritos desde el nacimiento. En el caso de Jonathan Castilla Pino, ese don tomó forma entre trazos, líneas y sombras. Este cartagenero encontró en el lápiz una manera de expresarse sin palabras y de convertir una hoja en blanco en dibujos capaces de conmover.
Este tipo de arte lo atrapó desde muy pequeño. Recuerda que, mientras veía en la televisión sus dibujos animados favoritos, hubo un programa en especial que lo cautivó: el del pintor estadounidense Robert Norman Ross, mejor conocido como Bob Ross, quien lo animó a empezar a dibujar.
“Me gustaba mucho el programa de Bob Ross. A través de su arte yo me inspiraba y empecé a hacer mis primeros dibujos, más que todo caricaturas que veía en la televisión: Tom y Jerry, Los Caballeros del Zodiaco y Dragon Ball Z”, recuerda en diálogo con Facetas.
Y es que el dibujo, como todo arte, requiere destreza y paciencia. Pero cada vez que Jonathan Castilla tomaba un lápiz y una hoja para representar algo que llamaba su atención, no parecía necesitar mayor técnica: todo en su ser fluía de manera natural y genuina.
Tras culminar sus estudios de bachillerato, el artista cartagenero ingresó al Sena y, después de graduarse, empezó a trabajar en una ferretería. Allí puso en pausa su talento como dibujante y se vio inmerso en la rutina diaria entre herramientas manuales y eléctricas, tornillería, pinturas, materiales de plomería y artículos de electricidad.
Pero el talento no desaparece. Incluso en los momentos más insospechados, las virtudes encuentran la forma de aflorar. Jonathan volvió a reencontrarse con el dibujo durante el confinamiento impuesto por la pandemia del covid-19.
“Cuando paramos los trabajos por la pandemia, ya no trabajaba en la ferretería y tenía bastante tiempo libre. Ahí fue cuando tomé el lápiz y me dediqué ciento por ciento al dibujo”, cuenta.

El impulso que ayudó a Jonathan Castilla a brillar
En medio de lápices, bocetos y gran cantidad de papel, Jonathan Castilla solo compartía su arte con su familia. Cuenta que ni sus amigos más cercanos conocían su don, hasta que se aventuró a dibujar a quien para ese entonces era una amiga: Bianca Licona, hoy su esposa. Ella no dudó en destacar sus virtudes y animarlo a darse a conocer.
“La primera persona que vio todo eso que yo venía haciendo fue Bianca. Recuerdo que me dijo: ‘¡Uy, pero esto es fantástico! ¿Por qué no te dedicas a esto? ¿Por qué tú no te muestras?’”, cuenta.
Jonathan recuerda que uno de sus primeros dibujos fue un pájaro. Primero se lo mostró a su abuela y, luego, a Bianca. Ambas quedaron encantadas y, desde ese momento, él tomó la decisión de cultivar su talento.
“Desde ese momento mi inspiración fue ella, Bianca. Todavía ni siquiera éramos novios, solamente amigos. Yo le hice un dibujo y ahí dije: ‘No, esto es lo mío, voy a trabajar por esto’. Empecé a hacer mis dibujos, creé mi marca personal y abrí una cuenta en redes sociales para mostrar mi arte”.

Detalles de ‘Brisa do Mar’
Jonathan Castilla Pino es un artista que desarrolla su talento con amor y compromiso. Expresa con orgullo que su mayor inspiración es su familia.
“Mi mamá puedo decir que es mi fan número uno. Todos los dibujos que hago quiere conservarlos para ella”, expresa con una sonrisa.
Su sensibilidad artística también la comparte con sus hermanos, tíos y otros parientes atravesados por el arte. Con el objetivo de llevar su pasión a piezas exclusivas, creó junto a Bianca Licona Brisa do Mar, un emprendimiento de abanicos artesanales pintados a mano.
“Con Brisa do Mar arrancamos en 2024 y el impacto fue grande. Nos empezaron a pedir abanicos y hasta empresas grandes nos hacían pedidos. Así que tomé la decisión de dejar mi empleo en la ferretería y dedicarme de lleno a este proyecto”, cuenta.

Hoy, Brisa do Mar se destaca por sus abanicos cien por ciento personalizados, llenos de retratos vivos que llaman la atención por su detalle, color y expresividad. Además de este proyecto, Jonathan Castilla Pino también usa su arte para rendir homenaje a la champeta, uno de los géneros musicales que más disfruta. Tiene claro que cada trazo cuenta una historia y deja ver aquello que él observa en los otros. Así ha retratado a figuras de este género como Juanda Iriarte, Jader Tremendo y Flaco Iriarte, entre otros.
“La champeta también es una de mis principales inspiraciones. Por eso ya estoy dibujando, con lápices de color, famosos picós y escenas que resaltan la cultura picotera. Hacia allá quiero llevar mi arte: a mostrar esta música nuestra”, añade.

Jonathan Castilla Pino también es papá de Marcelo y Marian, a quienes consiente dibujando sus caricaturas y personajes favoritos. Porque, al final, el arte de expresarse con un lápiz lo atraviesa todo.
“Dibujar me da paz, tranquilidad, me desconecta de todo. Es el momento en que me desconecto de todo”, finaliza, con la convicción de que, entre trazos y lápiz, su arte cobra voz.
