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Plinio Apuleyo Mendoza: semblanza del maestro del perfil periodístico

Una semblanza del periodista y escritor Plinio Apuleyo Mendoza (1932-2026), cuyos libros son maestros en el género del perfil.

Plinio Apuleyo Mendoza: semblanza del maestro del perfil periodístico

Plinio Apuleyo Mendoza durante una visita a El Universal. //Foto: Zenia Valdelamar-EU.

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Lo que más admiro de la obra periodística de Plinio Apuleyo Mendoza(1932-2026), son sus retratos humanos. Era un maestro de las descripciones y los retratos. Además de ‘El olor de la guayaba’ y ‘La llama y el hielo’, que son maestros en el género del perfil, Plinio Apuleyo escribió un libro de cuentos ‘El desertor y otros cuentos’, en el que figura un cuento antológico ‘El día en que enterramos las armas’. Publicó las novelas ‘Años de fuga’ Premio Plaza y Janés, ‘Cinco días en la isla’, ‘Entre dos aguas’, y varios libros de crónicas y perfiles: ‘Aquellos años con Gabo’, ‘Gabo, cartas y recuerdos’, ‘Ráfagas de tiempo’, ‘Muchas cosas que contar’, entre otros.

Así describió a Álvaro Cepeda Samudio: “Era como una tromba. Habría podido compararlo con un aguacero, con un tren: algo violento, estrepitoso y fugaz. Pero era inútil. Ninguna vida puede quedar contenida en una frase; ningún amigo queda explicado por una metáfora”. Darío Morales: “Darío era en la foto un muchacho alto y delgado como un lápiz, todavía sin barba. Un adolescente”. Luis Caballero: “Era un hombre tímido y vulnerable. Estaba condenado siempre a romperse el alma con esa clase de cínicos y marginales que se mueven en las aguas subterráneas de París como tiburones en las profundidades del mar. Era un hermano de Rimbaud: un puro atraído por las tinieblas”. En su libro ‘La llama y el hielo’ (Planeta, Seix Barral, 1984), escribió cinco retratos en 300 páginas. Inició su libro de perfiles con ‘Gabriel García Márquez: El caso perdido’, al que consagró más de 150 páginas, y prosiguió con ‘Botero: El Fauno y el otro’, Carlos Franqui: El disidente’, ‘Álvaro Cepeda Samudio: Réquiem por un escritor’ y ‘Plinio Mendoza Neira: Diálogo con el padre’. Plinio confesó en su Prefacio que pudo haber resuelto el libro como una novela, pero prefirió contar experiencias personales “indiscretamente y sin la inmunidad de la ficción”, pero dijo que al contarlas asumió muchos riesgos por estar muy cerca de esos seres humanos, el más ingrato de todos esos riesgos, es el “papel ingrato de un espía”. Pero luego reafirmó que “todos los escritores somos espías”. Lo que elegía era “la franqueza desnuda”. Lea también: Murió Plinio Apuleyo Mendoza, destacado escritor y periodista colombiano, a los 94 años

Perfil de Gabo

En el retrato de García Márquez, luego de su célebre libro de conversaciones ‘El olor de la guayaba”, tuvo el pálpito de que volver a escribir sobre su amigo y compadre podría ser interpretado como una reiteración de lo ya conocido en su libro, pero también como una “utilización o explotación de un amigo célebre”. Plinio intentó completar sus dos primeros retratos de García Márquez, en dos libros más que incorporaba el segundo de sus retratos: ‘Aquellos años con Gabo’ y ‘Gabo: Cartas y recuerdos’ (2013).

Su retrato humano logró una visión desapasionada, más allá de sus divergencias políticas o ideológicas. En el segundo retrato que hizo de García Márquez aludió el momento en que lo conoció en un café en Bogotá, no necesitó precisar el año porque la imagen poética fue contundente: cuando Bogotá “era todavía una ciudad de mañanas heladas, de tranvías lentos, de campanas profundas”. El muchacho que entró al café aquella mañana era “flaco, alegre, rápido como un pelotero de béisbol o un cantante de rumbas”. Plinio se fijó en su físico, en su apariencia y en su temperamento: “Su aspecto era descuidado”, la camisa tenía “el cuello mugriento, una tez palúdica, un bigote inspirado y lineal. El traje de cantante de rumbas”.

Describió su mirada como “húmeda, lenta y procaz”, cuando el muchacho miró a la camarera, le pidió un tinto, y luego de mirarle el busto y las caderas, deslizó su mano en el trasero de la muchacha, y le susurró que deseaba pasar por ella en esa noche. Plinio se horrorizó con la escena, y Luis Villar Borda que lo observó dijo: “Lástima, tiene talento. Pero es un caso absolutamente perdido”. Esa escena narrada por Plinio irritó a los hermanos de Gabo. Párrafos seguidos contrastó la escena diciendo que el muchacho que estudiaba Derecho y vivía en una pensión en la Calle Florián, era en el fondo, “un tímido y un solitario que prefiere a Kafka a los tratados de Derecho”. Lea también: Mis orejas y yo

Y descubrió que ese muchacho escribía en la soledad de su habitación “unos cuentos sigilosos que hablaban de su pueblo bananero, de alcaravanes de madrugada y de trenes amarillos”. Se le reveló un gran ser humano tras ese joven vestido de cantante de rumbas, que calzaba zapatos color guayaba y llevaba diminutos calcetines. A medida que lo trataba descubría nuevas facetas del ser humano y el escritor. Le deslumbraba además de su disciplina, “esa extraña esquizofrenia de novelista que llega, cada día, a convivir con sus personajes, como si fueran seres con vida propia, ajenos a él”.

Desde la década del cuarenta, Plinio tuvo el privilegio de estar muy cerca de García Márquez, viajar juntos a la Unión Soviética, ir a la tumba de Lenin y Stalin, recorrer la Cortina de Hierro, conocer los intersticios del poder en Alemania, y desencantarse juntos de los oscuros laberintos del poder. Trabajaron en Venezuela, fueron testigos del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, dirigieron Prensa Latina, fueron cómplices en aventuras literarias, Plinio fue uno de sus invitados a la ceremonia del Premio Nobel, y al cabo de los años, se distanciaron en lo político.

El 22 de julio de 1967 le dijo en una carta secretos de la creación de su novela ‘Cien años de soledad’, cuyo capítulo más riesgoso y peligroso era la ascensión en cuerpo y alma de Remedios la Bella. Las once cartas que le escribió Gabo a Plinio son reveladoras del proceso de creación de ‘Cien años de soledad’.

Una vida a veces no alcanza para culminar el retrato de un ser humano. Plinio siguió decantando el perfil de Gabo: “Esencialmente es un hombre Caribe colombiano, con la dignidad, el humor, la irreverencia, el rechazo inconsciente y visceral que todo caribe tiene por los artificios, las formas, la solemnidad, las apariencias, las retóricasy los protocolos de nuestros altiplanos andinos”.

Una de las reflexiones de Plinio: “En lo efímero y cotidiano que registra un periodista cabe lo perdurable, como una parte del todo contiene a veces el todo, si se encuentra ese punto de tensión y de emoción que por encima del suceso alude la vida misma y a la condición humana”.

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