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Cultural

El cuento de la princesa Kaguya: cuando el amor de los padres da tristeza a los hijos

La película de Studio Ghibli que convierte la belleza de la infancia en una reflexión sobre el amor de los padres y lo que ocurre cuando imponen sus sueños.

El cuento de la princesa Kaguya: cuando el amor de los padres da tristeza a los hijos

‘El cuento de la princesa Kaguya’: una reflexión sobre el amor, la libertad y las expectativas de los padres.// Imagen ilustrada con IA

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Como una tragedia pintada en acuarelas podría definirse “El cuento de la princesa Kaguya”, una de las películas más conmovedoras de Studio Ghibli. Su particular estilo visual, construido con trazos libres y una apariencia cercana a las acuarelas, acompaña la historia de una niña a la que quieren tanto que, sin darse cuenta, terminan haciéndola infeliz.

‘El cuento de la princesa Kaguya’: una reflexión sobre el amor, la libertad y las expectativas de los padres. // Imagen ilustrada con IA
‘El cuento de la princesa Kaguya’: una reflexión sobre el amor, la libertad y las expectativas de los padres. // Imagen ilustrada con IA

Basada en “El cuento del cortador de bambú”, una de las historias más antiguas de la literatura japonesa, la cinta fue dirigida por Isao Takahata y estrenada en 2013 y aunque no contó con el recibimiento que esperaba, la crítica la catalogó como una cinta casi perfecta.

Kaguya llega al mundo de una manera mágica cuando un cortador de bambú encuentra, dentro de una planta luminosa, a una pequeña bebé y decide adoptarla junto a su esposa. La niña crece a una velocidad extraordinaria, casi como si el tiempo quisiera recordarle al espectador desde el comienzo que todo lo hermoso es también pasajero. En el campo, Kaguya corre, juega, ríe y descubre el mundo con una libertad que parece ser su verdadera felicidad. Sin embargo, todo cambia cuando su padre comienza a encontrar oro y telas finas dentro de los bambúes y se convence de que aquellos regalos son una señal de que su hija debe convertirse en una princesa.

Ahí comienza la tragedia. El padre cree que llevarla a la ciudad, vestirla con lujosos trajes y convertirla en una mujer digna de la nobleza es la mejor manera de asegurarle una vida feliz. No lo hace por maldad, lo hace por amor. Es un padre que cree conocer el camino que conducirá a su hija hacia la felicidad y que, precisamente por estar tan convencido de ello, deja de escucharla.

Hijos como Kaguya

La historia de Kaguya puede resultar dolorosamente familiar para muchos hijos. No porque todos hayan tenido padres que quisieran hacerles daño, sino porque alguna vez pudieron sentir que sus decisiones, sus sueños e incluso sus emociones estaban siendo reemplazados por las expectativas de quienes los criaron.

Hay padres que desean que sus hijos estudien determinada carrera porque consideran que les dará estabilidad; que elijan cierto trabajo porque creen que será más seguro; que formen una familia porque piensan que allí encontrarán la felicidad. También están quienes intentan evitarles cualquier equivocación, como si pudieran construir para ellos una vida sin heridas. Dicen que lo hacen para protegerlos, para ahorrarles sufrimientos, para evitar que cometan los mismos errores que ellos cometieron, pero una vida completamente protegida del dolor también puede ser una vida privada de libertad.

‘El cuento de la princesa Kaguya’: una reflexión sobre el amor, la libertad y las expectativas de los padres. // Ilustración IA
‘El cuento de la princesa Kaguya’: una reflexión sobre el amor, la libertad y las expectativas de los padres. // Ilustración IA

Kaguya nunca pidió riquezas, ella solo quería correr, reír, enamorarse, equivocarse y decidir. Quería experimentar la vida con la misma intensidad con la que había descubierto el mundo en el campo; sin embargo, cada vez que intentaba expresar lo que sentía, los adultos a su alrededor parecían escuchar algo diferente. Sus palabras se perdían frente a lo que ellos habían decidido que debía ser su futuro.

Es una herida profunda el sentirse amado, pero no escuchado o el sentir que aquello que llaman “lo mejor” está cada vez más lejos de lo que realmente se desea. Porque los hijos también necesitan que sus emociones sean validadas y poder decir que tienen miedo, que están cansados, que no quieren algo o que desean tomar otro camino sin sentir que están decepcionando a quienes los aman. Amar a un hijo no debería significar construirle una vida perfecta, sino acompañarlo mientras descubre cuál es la vida que quiere construir por sí mismo.

Padres como el cortador de bambú

Lo más triste de la historia es que el padre de Kaguya puede representar a muchos padres que aman profundamente a sus hijos y que, aun así, terminan haciéndoles daño. Él no actúa desde el odio ni desde el deseo de hacerla sufrir, sino desde una idea equivocada del amor. Está convencido de que una vida rodeada de riquezas, vestidos elegantes y reconocimiento social necesariamente será una vida feliz para su hija.

Pero hay que saber, nadie enseña a ser padre. No existe un manual capaz de explicar cómo cuidar a un hijo sin sobreprotegerlo, cómo aconsejarlo sin decidir por él o cómo acompañarlo sin intentar controlar su destino. Muchos padres hacen lo que creen correcto con las herramientas que tienen y desde las experiencias que han vivido. El problema aparece cuando sus miedos, sus expectativas o sus propias heridas terminan hablando más fuerte que las necesidades de sus hijos.

El oro y las telas terminan nublando la mirada del padre de Kaguya. Poco a poco deja de escuchar lo que su hija quiere y comienza a escuchar sus propias expectativas. Ya no ve a la niña que era feliz corriendo por el campo, sino a la princesa que cree que debe ser.

Hay padres y madres que pueden pasar años defendiendo las decisiones que tomaron sobre sus hijos porque aceptar que se equivocaron también significa reconocer que pudieron causarles dolor y reconocerlo no siempre es sencillo. A veces resulta más fácil decir “lo hice por tu bien” que detenerse, escuchar y preguntar: “¿pero realmente esto era lo que tú necesitabas?”.

Kaguya, sin embargo, no deja de amar a sus padres. Puede reconocer el amor detrás de sus decisiones incluso cuando esas mismas decisiones la hicieron profundamente infeliz.

La película alcanza uno de sus momentos más dolorosos cuando Kaguya es sometida a situaciones que ya no puede soportar. El rey intenta acercarse a ella de una manera que la asusta profundamente y, desesperada, la princesa ruega a la Luna, su verdadera madre, que la saque de allí. Es entonces cuando su padre comienza a comprender la dimensión de su error, ahora había perdido a su pequeña para siempre.

El padre descubre demasiado tarde que criar no consiste en decidir cuál debe ser el destino de un hijo, sino en acompañarlo mientras encuentra su propio camino.

La sociedad

Hay que destacar que Kaguya no está atrapada únicamente por las decisiones de su familia sino también por una sociedad que constantemente le dice quién debe ser. Los hombres que pretenden casarse con ella no parecen enamorados de la mujer que realmente es sino de la idea de una princesa. La sociedad también puede convertirse en una jaula que impone profesiones, edades, comportamientos, cuerpos, relaciones y formas de entender el éxito. Dice cuándo hay que estudiar, cuándo conseguir un trabajo, cuándo casarse, cuándo tener hijos y qué clase de vida debería considerarse exitosa. Como dijo Jean Jacques Rousseau: “El hombre nace libre, pero en todas partes se encuentra encadenado”.

Por eso la historia de Kaguya no solo habla de una niña que perdió la libertad por las decisiones de quienes la amaban. Habla también de todos aquellos que alguna vez sintieron que estaban viviendo una vida diseñada por otros.

Entre el amor de sus padres, las expectativas de los hombres y las reglas de una sociedad que ya había decidido quién debía ser, Kaguya terminó perdiendo aquello que más deseaba.

Su historia recuerda que una vida puede estar llena de oro y, aun así, sentirse vacía. Que alguien puede ser profundamente amado y sentirse profundamente solo y que las personas necesitan raíces, pero también alas.

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