Cultural

De la cámara al diploma: Julio Castaño Beltrán se gradúa como comunicador social

El reportero gráfico Julio Castaño Beltrán cumple su sueño de graduarse como comunicador social en Unitecnar. Un retrato del cronista.

De la cámara al diploma: Julio Castaño Beltrán se gradúa como comunicador social

Julio Castaño Beltrán: de contar historias con su cámara a ser comunicador social. //Fotos: Archivo-personal.

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Lo que en verdad es y ha sido es un cazador de historias. Ir tras las vidas que retrata. Después de 32 años de ser reportero gráfico en El Universal, Julio Castaño Beltrán cumple el sueño de graduarse como Comunicador Social en Unitecnar. Julio es sobrino del célebre poeta Julio Gil Beltrán. Su historia es un ejemplo del hombre que persiste con fe espartana tras su propio sueño.

Es el cuarto de siete hermanos, hijo de Gregorio Castaño, campesino, y Rosa Beltrán, maestra de escuela, y luego, empleada doméstica en un hotel en Cartagena. Los dos nacidos en Arjona. El padre falleció hace dos años. Solo vivió siete años con sus padres. Se crió con su tía, hermana de su padre, Rita Isabel.

“Rita Isabel me llevó a su casa y me crió como un hijo”, dice. La situación de mis padres era complicada. Mi tía me educó e inculcó valores. Aprendí a trabajar desde los 10 años. Me rebuscada vendiendo bolis y frutas en el colegio donde cursé mi primaria, República de Colombia. Todas las mañanas me dedicaba a esa actividad y en la tarde asistía a las aulas. Mi secundaria la cursé en el Colegio Benjamín Herrera, quedaba muy lejos de la casa, así que me regaló una bicicleta. Siendo estudiante de bachillerato me incliné por la creación de historias y poemas. En grado undécimo la trabajadora social me invitó a que formara parte del periódico estudiantil ‘Antorcha’. Allí se despertó mi vocación de ser periodista. Me gustaba también la fotografía”.

¿Qué ocurrió al graduarse en el bachillerato?

- Una vez graduado, pensaba cómo iba a hacer para seguir adelante. Era consciente que vendiendo bolis era difícil llegar a la Universidad. Seguía con mi negocio, ahorraba y ayudaba a mis padres. Un día leyendo el periódico El Universal, encontré un aviso sobre talleres de fotografía en Cartagena, hice la gestión e ingresé al curso, viajando desde Arjona al Centro. Pasaba todos los días por El Universal y me puse una meta: algún día entraré allí.

¿Qué pasos emprendiste para lograrlo?

- No tenía cámara, los talleristas me la prestaban, una prima de nombre Dollys Beltrán me puso a disposición una que tenía guardada. Con lo que logré ahorrar compré una y de allí me convertí en fotógrafo con el sueño intacto de entrar a la casa editorial.

¿Cómo llegas a ser corresponsal de El Universal desde Arjona?

- En medio de una elecciones locales en 1994 simpatizantes de dos candidatos formaron una trifulca frente a la Registraduría, en la Plaza Principal. Yo estaba con mi cámara nueva en esa zona observando y tomando fotos por curiosidad, la prensa nacional se enteró de los sucedido. De repente, llegó una mujer de nombre Marta Ramírez, me dijo que era Editora de la página Regional de El Universal, y me pidió que le facilitara fotos de la situación. Le dije que sí, sin titubear. Me dejó dos rollos. Volvería en la tarde. Esperé paciente y entregué el otro material. Me pidieron número telefónico, para coordinar el pago. Al día siguiente, 2 de Noviembre de 1994, logré ver mi foto publicada. Me llamaron temprano para que los mantuvieran al tanto de la disputa. En la tarde me volvieron a llamar y el jefe de Redacción, comentó que si les podía seguir colaborando como corresponsal. Me citaron. Ofrecí la propuesta, firmé contrato. He ahí una meta. Ya en 2004 me llamaron para hacer la temporada de vacaciones del reportero gráfico Heber Durán. Antes de cumplirse el contrato temporal, me ofrecieron integrar el equipo de Fotografía, bajo el argumento de haber cumplido expectativas. Aprendí en silencio la nobleza de Óscar Díaz, el arte visual de Eduardo Herrán, el sigilo del señor Heber Durán, la paciencia de Maruja Parra, la entrega de Luis Eduardo Herrán y la perseverancia de Zenia Valdelamar.

Julio Castaño Beltrán: de contar historias con su cámara a ser comunicador social. //Fotos: Archivo-personal.
Julio Castaño Beltrán: de contar historias con su cámara a ser comunicador social. //Fotos: Archivo-personal.

¿Cuáles crees que han sido tus mejores fotografías como reportero gráfico?

- En más de tres décadas detrás del lente, puedo asegurar que la mejor foto aún no la he tomado. En fotografía no hay mejores, porque todos los días son distintos. Es un arte donde no puedes estar satisfecho con la imagen tomada, pero tampoco sentir frustración por la no captada. La fotografía la hace el momento preciso. Por lo tanto, todas las imágenes son válidas.

Julio Castaño Beltrán se gradúa como comunicador social

¿Cómo decidiste estudiar Comunicación Social y qué compromisos te trazas al graduarte?

- Ya en el grupo de Fotografía, habiendo escrito como corresponsal noticias de todo tipo, seguí con la idea y el sueño de capacitarme e ir a la Universidad. Era complicado. Mi familia esperaba por mi. Pero al igual que la fotografía llegó el momento bajo la perseverancia y la paciencia. El Universal es una gran escuela, de vez en cuando escribía y me publicaban en Facetas, entregaba material y estaba súper atento a la respectivas correcciones de los editores, aprendiendo desde el silencio, porque de lo más importante se aprende así. No podía dejar pasar años sin saber muchas cosas que tiene la academia y tampoco podía estar tranquilo con una meta que estaba durmiendo. En 2020 se abrió la convocatoria de Unitecnar para capacitar a los empíricos y adelanté la gestión. A finales de febrero asistí a la primera reunión. En marzo llegó la pandemia, otro obstáculo más para superar. En septiembre arrancamos clases en forma virtual. Todos los días debía ingresar a las sesiones luego de lidiar con el trabajo.

Julio Castaño Beltrán: de contar historias con su cámara a ser comunicador social. //Fotos: Archivo-personal.
Julio Castaño Beltrán: de contar historias con su cámara a ser comunicador social. //Fotos: Archivo-personal.

¿Qué profesores fueron decisivos en tu formación?

- En este proceso, hubo mucha gente de quien aprendí. Y sobre todo periodistas del El Universal. Dentro de la academia no dejo de resaltar a la docente Erica Orta Badel, porque en el primer semestre, una vez conocida la trayectoria de cada uno de nosotros, dijo: puedes tener la experiencia de muchos años, pero si no tienes la academia, no podrás avanzar a donde quieres llegar. Esa expresión me dejó claro el pensamiento de Sócrates “Solo sé que nada sé” . Tomé conciencia de la realidad de la vida y a que todos los dias se debe aprender.

¿En qué momento sientes la pasión por hacer crónicas? ¿Quiénes son tus maestros?

- Cuando leemos nos alimentamos, pero también cuando observamos detenidamente y nos enfocamos en lo que no gusta surgen ideas e historias, cada persona tiene una historia. Aprendí de cronistas como Rubén Darío Alvarez, Edwin Torres, Wilson Morales, Gustavo Tatis, Laura Anaya, Germán Mendoza, Alberto Salcedo, Angie Martínez, Lía Miranda, Aníbal Therán, entre otros. Este proceso lo fortalecí en Unitecnar. Hoy gracias a El Universal he logrado potencializarla, me han publicado más de 40.

Julio Castaño Beltrán: de contar historias con su cámara a ser comunicador social. //Fotos: Archivo-personal.
Julio Castaño Beltrán: de contar historias con su cámara a ser comunicador social. //Fotos: Archivo-personal.

¿Qué crónicas has escrito que te hayan colmado de satisfacción?

- Una crónica de viaje, llamada ‘Una travesía de 60 kilómetros entre Arjona y Cartagena’.

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