Cultural


El Ñapita, un personaje que ha dado todo por el periodismo

Hoy, Día del periodista, enaltecemos la labor de este veterano en el oficio quien dedicó parte de su vida a la prensa escrita, como lo fue en El Universal.

MANUEL SALINAS HERNÁNDEZ

09 de febrero de 2021 01:17 PM

Diariamente, a las 12 en punto del mediodía, don Perfecto Rodríguez agarraba una penca de cuero grueso y la sonaba con fuerza contra una mesa que tenía en la sala de su casa. La idea de aquel señor no era castigar a sus nietos por alguna travesura de las muchas que hacían. No. El sonido de ese pencazo era la señal inequívoca de que a esa hora el histórico Víctor Nieto comenzaba con su radioperiódico Síntesis, a través de Radio Canoa.

Así, sin pensarlo ni proponérselo, aquel hombre bonachón metió en la cabeza de uno de sus nietos el interés por ser como aquel señor al cual su abuelo le profesaba tanta admiración disfrazada de audiencia.

Era Luis De Ávila Rodríguez aquel que, tras escuchar atento a don Víctor Nieto, luego se quedaba oír al maestro Melanio Porto con su programa deportivo. La fascinación por el periodismo había nacido en aquel joven nacido en Turbaco y criado en La Esperanza a quien hoy no se le conoce de otra manera que no sea su apodo: El Ñapita. (Le puede interesar: El Día del Periodista).

Pasarían los años hasta que Luis, por gusto y obligado por una tarea escolar, escribió una noticia sobre el desempeño deportivo de un vecino. El escrito fue del agrado del maestro quien le sugirió ir a los periódicos de la época a presentarse y buscar una oportunidad en los medios. El destino estaba casi que sentenciado para Luis, quien pese a su gusto por la música y por la pintura, comenzó a escribir, no una noticia, sino una carrera que se extiende a nuestros días.

Los comienzos

De aquella tarea que le pidió su profesor de castellano en el colegio EsColombia, en la calle Don Sancho de El Centro, De Ávila arrancó para la redacción del diario vespertino El Pueblo, donde también gustó su artículo. No había nada más que decir, Luis – que no había recibido aún su popular remoquete – se dedicaría a la prensa.

Elegantemente vestido, con agilidad para la máquina de escribir y con un apasionamiento por la crónica judicial y deportiva, De Ávila hizo parte de varios medios de comunicación de la ciudad y la región.

“Después de que saliera el artículo de mi vecino que era un boxeador que había tenido una participación internacional, un amigo me dijo que podía ir a El Universal para presentarme. Yo fui todo asustado pero con ganas de trabajar y el editor me pidió que redactara una noticia. Pero la embarré. Por el afán de presentar mi nota se me olvidó y la escribí con una cinta roja y en la época los artículos debían escribirse en negro. El señor Guillermo Baena Sosa, que era un editor bien cascarrabias, me dijo de todo. Pero como que escribí bien la nota porque al poco tiempo estaba trabajando allí”, recuerda El Ñapita desde su casa en el barrio El Socorro, donde reside actualmente.

Dedicado en los primeros años a la crónica judicial, El Ñapi, como se le conoce de cariño, se sumergió en el mundo de los juzgados y de entablar relaciones con cuanto juez, comandante y posible fuente de información pudiera. Su trabajo, comenzó a conocerse y las propuestas no demoraron en llegar.

“Por ese entonces yo quería trabajar en radio, era una pasión y soñaba con estar en Radio Libertad de Barranquilla, que era la emisora más escuchada de entonces. Trabajé en Prensa Norte, una agencia que hacía noticas para Colombia Press y de ahí pasé a un radioperiódico en Barranquilla, de donde luego nos pasamos a Radio Libertad”, relata De Ávila sobre uno de sus importantes pasos.

Su inclinación por las artes lo llevó a dominar la acuarela y hasta a hacer alguna que otra caricatura en los diarios en los que trabajó.

De dónde salió el apodo

El curioso sobrenombre por el que este periodista es conocido tiene su origen en un evento organizado por una Junta de Acción Comunal en Olaya Herrera y se debe a una mujer que lo prefirió como pareja.

“Antes los líderes de los barrios hacían bailes para recoger fondos para obras en el sector. A veces invitaban a dirigentes y a periodistas y la verdad eran eventos de mucha calidad. En uno de esos bailes estaba yo y nos sentamos en una mesa con unas muchachas muy bonitas. De repente una dijo que quería bailar y todos comenzaron a ofrecerse como pareja”, recuerda De Ávila.

Sin embargo, la deseosa de la danza dejó ver de inmediato su preferencia por el comunicador.

“Cuando todos estaban como queriendo bailar con la muchacha, ella alzó la voz y dijo: ‘No voy a bailar con ninguno de ustedes sino con esta Ñapita de hombre’ y me señaló. Al día siguiente en muchas partes ya me empezaron a mamar gallo hasta que quedé así”, recuerda El Ñapi.

En principio, el apodo era motivo de rabia para Luis, quien luego comenzó a aceptarlo y hoy es parte de su personalidad.

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