Durante el mes de agosto las cometas salpican el cielo de Cartagena de Indias convirtiéndolo en un festín de colores. El cielo, antes terso y deshabitado, se convierte en el lugar en el que flotan mariposas de papel, rostros de jugadores y personajes animados que se llevan la adoración de los niños y niñas.
Recuerdo una bella escena de mi infancia en la que me veo a mi misma sentada en el suelo, con cara aniñada, viendo cómo los adultos manipulaban barriletes que tomaban otras formas cuando se desplegaban metros arriba; me fascinaba ver cómo estos artefactos elaborados manualmente se defendían por sí solos en lo alto usurpando el cielo, sin embargo, había lugar también para la tragedia pues en ocasiones los tres hilos que enlazan el corazón de la cometa se soltaban y esta quedaba suspendida en el aire, y luego iba a parar a los cables de la luz.
Elevar una cometa demuestra la habilidad que tiene una persona para entender la dirección del viento, pero hacerla con sus manos deja ver la técnica detrás del arte de lograr que el artefacto se mantenga en el aire. Y es que, si una cometa no vuela es por una de dos razones: una, está mal diseñada o dos, se está intentando elevar hacia el lado contrario del aire. Lea aquí: Colombia conmemora un siglo del nacimiento de Álvaro Mutis
En esto son expertos los “barrileticos”, personas que a muy temprana edad aprendieron a elaborar manualmente el artefacto y quienes son conocedores de los secretos para lograr que ocupe un lugar en el cielo.
Una tradición de toda la vida
John Córdoba tiene 56 años y 44 de ellos se los ha dedicado a la elaboración manual de barriletes. John es un hombre de piel tersa, paso firme y una determinación que se esconde entre sus palabras, medidas pero precisas.
“El que me enseñó a mí fue un tío mío, se llama Óscar, yo tenía 12 años y yo era su ayudante, aprendí observando porque primero hay que ver”, dijo.
Desde hace 18 años el caleño viene cada agosto a La Heroica, sabe que es una ciudad en la que el cielo se deja domar y conoce los trucos de los vientos que provienen del mar.
“He estado en Córdoba, Santa Marta, Barranquilla, pero me amañé fue aquí”, dijo el hombre que es conocido como “El cali” entre el grupo de cometeros que se ubican en el sector de La Tenaza.
Cuando se le pregunta qué es lo más difícil de hacer barriletes expresa que cortar las varitas, porque de esto depende que la cometa pese o no; deben quedar pulidas, finas pero que logren sujetar la estructura de la cometa. Pero las varitas no lo son todo; la cola debe ser poca, recomienda que sea de toldillo o sábana ya que de este material es más fácil que pueda elevarse sin agregar más peso. Lea aquí: ¡Qué orgullo! Santa Cruz de Mompox es pueblo patrimonio en Colombia

A sus 56 años ha realizado tantas cometas que no recuerda cuál ha sido la que más esfuerzo ha ameritado; lo que sí recuerda es que las primeras son el resultado de prueba y error: “La primera cometa le queda fea a uno, a veces ni le vuela porque deja las varillas muy gruesas, luego a la segunda ya le vuela más o menos y ya a la cuarta ya tiene toda la forma”.
Desde muy joven John encontró en este arte el sustento diario y es una actividad que le apasiona. “He podido comprar la nevera, un televisor, le mando plata a mi familia y me alcanza para viajar cada año”, dice.
John, quien ha conquistado los cielos de otras ciudades de Colombia, durante su paso por Cartagena se queda en casa de una amiga en Flor del campo, lugar en el que guarda el material que usa para su trabajo: papeles mantequilla, celofán, manteles, regalo, colbones, cuchillas, varas de caña, trozos de sábana y de tela que usan para hacer los toldillos. “La propia cometa es la que uno hace manualmente, ya las otras son de fábrica”, dijo refiriéndose a aquellas que no pasan por las manos de los cometeros, quienes la dotan de arquitectura y color. Lea aquí: Manuel Rodríguez Torices, el prócer cartagenero que murió por la libertad
En el arte de los barriletes
Sobran las formas de llamarlos de acuerdo a su modo de elaboración. Existen el diamante, la estrella del sol, del arco, la dama y el cajón, el favorito de John y con el que ganó el premio a la cometa más grande en un festival que organizó hace varios años la Alcaldía de Cartagena. “A mí me gusta mucho este lugar porque aquí hacen concursos y uno tiene la oportunidad de ganar premios, cada año participo y a veces gano”, contó el caleño.

La costumbre de elevar barriletes comienza desde mediados de julio, cuando las corrientes de viento empiezan a arremeter contra las paredes de las casas y se ve a los niños corriendo con el artefacto a sus espaldas. Cuando llega agosto se agrupan niños y adultos a la sombra de la muralla, lugar que se ha convertido en el encuentro de visitantes que mantienen viva la tradición y que disfrutan de un momento agradable al lado de los más pequeños, quienes son los más emocionados cuando ven que sus cometas vuelan a lo alto.
Sobre el inicio de la tradición
Existen muchas historias sobre el origen de volar cometas. Una de las más conocidas se origina en China, hace 2.500 años. Se conoce que los artefactos tenían un uso militar para enviar señales en el campo de batalla o para medir la posición de las fuerzas enemigas. Hoy por hoy las cometas representan la llegada de uno de los meses más esperados por los cartageneros; en el que el cielo se convierte en la pista en la que bailan los barriletes, muchos de ellos hechos por John, quien aprendió a domar el viento.
