Cultural


Las cuatro fiestas: la historia tras el clásico navideño y su cantante

‘Las cuatro fiestas’ (1961), compuesta por Adolfo Echeverría, cumplió 60 años de estar sonando antes del 8 de diciembre.

GUSTAVO TATIS GUERRA

07 de diciembre de 2021 09:57 AM

Si ‘Las cuatro fiestas’ es el himno del preludio de la Navidad en el Caribe colombiano desde que se grabó en 1961, hace 60 años, compuesta por Adolfo Echeverría, la cantante Nury Borrás es la reina de esa canción que está en el corazón de Colombia.

Su voz tiene el sortilegio de vivir para siempre, no solo como nostalgia de velas encendidas en la noche o madrugada del 8 de diciembre, sino como himno de un tiempo de inocencia bajo la brisa de todo el mes. Allí se mecen las brisas de Barranquilla, ciudad donde nació Nury el 4 de agosto de 1934, y en esa misma ciudad murió en 1995, a sus 63 años.

Todo el mundo ha bailado y cantado a Nury Borrás, pero la artista jamás recibió un solo peso por ese tesoro musical, clásico de la región Caribe. Luego de tantos años de reclamar sus derechos por esa y otras canciones, murió Nury Borrás y no pudo percibir algo más que honores por su interpretación magistral. Le llovieron honores, pero jamás honorarios por ‘Las cuatro fiestas’, dice su hija Omaira Pájaro Borrás. Lea también: La historia de ‘Las cuatro fiestas’, la canción que puso a prender velitas

Artista en la penumbra

Nury Borrás, cuyo verdadero nombre era Vicenta Mercedes, era hija de Marco T. Borrás y Asunción Corrales. Jamás vivió de la música, fundó un colegio y se consagró a enseñar, y fue animada por su esposo Manuel Pájaro para que siguiera cantando. Su nombre salió a la luz en un concurso de canto en el que participaron Jaime Banco y Nora Tatis. Iba a escondidas a los programas radiales, con el apoyo de la madre y la abuela. En su trayectoria como cantante se destaca su participación en la Orquesta de Pacho Galán, Sose Ramón Herrera, artista exclusiva del Hotel El Prado. El compositor Adolfo Echeverría la descubrió cantando en la Emisora Voz de la Patria y la siguió atraído por el encanto de su voz hasta proponerle que interpretara ‘Las cuatro fiestas’.

Nury Borrás jamás vivió de la música, fundó un colegio y se consagró a enseñar, y fue animada por su esposo Manuel Pájaro para que siguiera cantando.

“Mi mamá jamás percibió recursos por ‘Las cuatro fiestas’, ni siquiera cuando la grabó, ni siquiera un reconocimiento en vida; hasta después de fallecida, quien se interesó en hacerle un reconocimiento fue el fallecido periodista Ernesto McCausland. No recibió de Asimpro derecho de autor”, dijo a El Universal Omaira Pájaro Borrás, hija de la artista, quien explicó que el reclamo de los derechos de la artista “está en un proceso jurídico”.

“Me gusta hacer esta aclaración porque mi mamá no vivió de la música, fue educadora, cantó casi por amor”, reafirmó Omaira.

“Ella grabó la misma versión después de varios años con Adolfo Echeverría, con más instrumentación... pero que la primera versión fue con un cuarteto, y otra, con Pedro Ramayá, pero la única que suena siempre es la del cuarteto del Mónaco”. En ese cuarteto tocaban el clarinetista Alex Acosta “Muñecón”, el baterista Rafael Guardo, el guitarrista Ángel Monsalbe y el bajista Eugenio Ñeñe García. Al escucharlos, Adolfo pensó que era el cuarteto ideal para interpretar su canción, pero cuando ellos le preguntaron quién sería la cantante, él dejó resonando su nombre en el aire: Nury Borrás. El timbre de voz de esta mujer delgada, morena, sigue vivo como si acaba de despertar en este diciembre para volverla a cantar antes de la madrugada del Día de la Inmaculada Concepción.

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Es una voz suave, dulce, susurrante voz de patio y murmura sus sílabas de viento entre los matarratones; voz de patios sin delimitar donde la inocencia tiende las sábanas mojadas en los alambres y las manos de la abuela deja sobre la desnudez de la madera una enorme hoja de bijao como mantel vegetal que acaricia con sus venas delgadas el humeante y jugoso pastel de cerdo. Nury, con su voz, es capaz de resucitar los recuerdos más recónditos y conectarlos con un milagro en el advenimiento de unas nuevas navidades; su voz poderosa, tierna, juguetona, de una sensualidad que nos reconcilia con la memoria de nuestros patios y nuestros instantes de diciembre, encuentra una complicidad del clarinete del maestro Alex Acosta, “Muñecón”, cuya sonoridad y melodía nos llevan a la gracia y al gozo de unas fiestas en la que la luz de las velas iluminan doblemente el regazo intimista del misterio mariano y el sentido sagrado de las fiestas en el Caribe.

Nury Borrás quería cantar boleros, y alcanzó a grabar algunos, pero lo que prevaleció fueron “Las cuatro fiestas”. Era tan humilde que se hacía invisible a los ojos de la gente que ya reconocía que era la artista de esa canción irrepetible del repertorio que abre las puertas de la celebración de Navidad. Alguna vez contó que en la calle alguien la señaló preguntando si era la misma Nury Borrás de la canción, y ella quiso decirle que no, que era la humilde profesora que cantaba en secreto y a escondidas desde niña, y se ruborizaba cuando todo el mundo tarareaba en su voz este tesoro musical. Lea además: Diciembre, lo que el viento se llevó

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