Cultural


Nyah Buelvas, el arte de tejer los sueños

Tejiendo para sortear la incertidumbre del confinamiento, nació esta propuesta de moda amigable con el ambiente y que se convirtió en un proyecto de vida.

HEIDI LLANES

10 de diciembre de 2022 10:00 AM

Hilos, nudos, agujas, formas que se van creando hasta dar por concebida una pieza. Ideas que se materializan con el movimiento sincronizado, la concentración y el deseo por revivir un arte que se niega a desaparecer y se apropia de una generación que aunque no parezca, se deja sorprender.

La moda seduce, es cambiante, pero por muchos giros que logre dar, regresa a un punto de partida que, según quien se la quiera apropiar, toma influencias y se deriva en tendencias, por eso se vuelven a encontrar una y otra vez vestigios de tiempos pasados incorporados a lo actual.

En este molde bien encaja Nyah Buelvas, la chica barranquillera que le apuesta al tejido habitual de generaciones pasadas para que destaque con toda su magia en piezas muy contemporáneas y a la vez acertadas por su versatilidad al momento de ser lucidas.

Consciente de que la mano de obra artesanal no recibe el pago real, Nyah Buelvas ha respetado el trabajo de su equipo y lo involucra con responsabilidad.

Aprendiz de la abuela, como la mayoría de jóvenes que se interesan por la artesanía, Nyah lleva siete de sus 20 años involucrada en este oficio que desde el primer instante, con la incertidumbre de un producto que se aprestaba a probar, la sedujo y le sacó del camino otros planes que pensó podían materializarse al culminar el bachillerato.

Sentada a su lado aprendió a disfrutar de las largas horas que exige la aguja y el hilo para convertirse en un atractivo tejido, de otra parte, tenía que llevar más allá su creatividad para aterrizarlo en esta época, su época y la que está por venir.

Para Nyah Buelvas, no existe nada más mágico que crear. FOTOS CORTESÍA
Para Nyah Buelvas, no existe nada más mágico que crear. FOTOS CORTESÍA

Más técnicas

Como todos los de su generación, YouTube y su carga de videos detallados, le acercaron más a la propuesta de moda que visionaba, es así como entendió que para hacer una pieza llamativa, los patrones serían el punto de partida, después vendrían las herramientas y posterior, dar rienda suelta a su creatividad.

Acepta que una vez descubrió todo lo que podía hacer, el primer pensamiento fue crecer su guardarropa, inicialmente a manera de prueba y de allí crear una línea que se pudiera comercializar. Como a esa edad pocas veces se piensa en la permanencia, no tardó en abandonar la continuidad en el sueño y convertirle en un pasatiempo por encargo de algunas de sus amigas.

Casi un lustro de ir y venir entre las agujas tuvo final y se convirtió en oficio al llegar la pandemia. Nyah fue sorprendida por el cierre del mundo en Estados Unidos, hasta donde había llegado a perfeccionar su inglés e iniciar una profesión, todo quedó suspendido y la incertidumbre de días largos, sin luz verde para retomar allá o regresar a Colombia, provocaron el desespero y muy cerca de alcanzar la tristeza, emprendió el camino de la creación.

En esta incertidumbre de retomar su rutina y la certeza de que ya nada volvería a ser igual, aprovechó para decantarse por escoger un tejido que le dejara involucrarse con la moda y es así como llegan más hilos que la abuela le regaló con la excusa de que no iba a consumir más su visión entre pequeñas puntadas.

El macramé vuelve con furor y no es fácil su manejo para ponerle vida, se ve tan minúsculo, que se debe apelar a la paciencia para que la constancia y el día invertido conformen una prenda de vestir, sin embargo, no desfalleció y sus inicios probaron con otros materiales para dar variedad a la firme idea que ya rondaba su mente.

En medio de pruebas llenas de entusiasmo, salió la nueva colección.
En medio de pruebas llenas de entusiasmo, salió la nueva colección.

La prueba

El primer producto no fue lo esperado, pero le indicó que podía continuar si quería perfeccionar, y alguien le comentó que los vestidos de baño, que en realidad era lo que buscaba, se tejían con algodón, pero también estaba el indicador de que este tejido absorbe agua y por ende pesaría mucho.

Define ese primer resultado como muy bonito, pero poco funcional y en la búsqueda de nuevos materiales, llegó al poliéster, lo trabajó a partir de las agujas y el tejido reinó en la pieza que finalmente pasó su autocontrol de calidad, toda vez que sabe ponerse en ambos lados de un negocio y además de ser emprendedora, es la consumidora.

Las pruebas de Nyah eran entonces muy caseras, afirma, terminaba un vestido de baño y no había tiempo para esperar de ir a la piscina y menos a la playa, la ducha era lo más próximo y allí confirmaba su funcionalidad. Hoy, con el conocimiento del material que usa, no es necesario.

El proceso de creación fue exhaustivo, sin ayuda, pero con aceptación de amigas que fueron sumándose, al principio solo cobraba lo invertido, hasta cuando entendió que debía hacer un estudio de mercado y de ahí salió la línea de vestidos de baño que sin pretensiones, forjó el camino de una marca.

Estandarizando tallas, también pensó en las curvas de la mujer Caribe, y aparecieron moldes plus en su taller, lo mismo que nuevos productos que conformaron las primeras colecciones, tejidas en su totalidad por ella.

Las redes, su mejor vitrina

Dos años productivos y en proyección, llevaron a Nyah Buelvas a una feria a la cual se presentó con 109 piezas en las que ya participó un equipo patrocinador y le creó la necesidad de conformar un grupo de apoyo al que ella se dedicó a enseñar con retroalimentación de un nuevo aprendizaje.

Con el compromiso claro de preservar el medio ambiente, todo lo que compone la marca le apunta a minimizar el impacto, además de que las fibras son nacionales y la mano de obra es local, una clara muestra de lo que se propuso lograr.

Las redes son su mejor vitrina, valora a las tejedoras que integran su equipo y en ese proceso, exalta un trabajo ancestral que muchas veces es depreciado, a lo que le agrega la parte académica que se fundamenta en talleres de crochet y macramé, que pueden ser una herramienta terapéutica y económica para muchas mujeres que también desean emprender.

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