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Parque de Bolívar: el día que se inauguró, se hizo la luz en Cartagena

La restauración de este emblemático parque también recuerda la llegada de la energía eléctrica a Cartagena de Indias.

La historia es el campo de juego de la memoria. En ella fijamos los acontecimientos que creemos marcarán nuestro destino y legado. Sus huellas se reparten por doquier en forma de edificaciones, monumentos, conmemoraciones, composiciones musicales y otras manifestaciones artísticas. Lea: Gobernación entrega el emblemático Parque Bolívar

La historia está llena también de coincidencias o, mejor, de confluencias, de sucesos que se repiten, de reveses y de avances, de giros inesperados y de vueltas al punto de partida que nos recuerdan nuestro pasado. Quisiera entonces señalar una de esas confluencias y vueltas de la historia, que aparecen ante nosotros para perpetuarse como gran celebración.

El 3 de noviembre se abrió el cerramiento que mantenía oculta la que otrora se conoció como “Plaza Mayor de Cartagena de Indias”, es decir, el actual Parque de Bolívar. La intervención a este espacio de ciudad urgía, luego de más de dos décadas desde que el gobernador Miguel Raad Hernández había encomendado su restauración al arquitecto Fidias Álvarez Marín, trabajo completado en el año 2000.

Recordemos que fue Luis Felipe Jaspe Franco el encargado de diseñar y adecuar el lugar donde, a finales del siglo XIX, se emplazaría la estatua ecuestre del Libertador. Y es que Cartagena, en muchos sentidos, está en deuda con L. F. Jaspe y su aporte al desarrollo arquitectónico de la ciudad. Esta obra suya, como todos los que hemos podido disfrutarla alguna vez, proporciona una pausa de solaz y frescor al ciudadano de a pie.

El día de su inauguración, en 1892, otro hecho histórico ocurría simultáneamente en aquel recinto custodiado por el hierro forjado: ¡fue el día en que por vez primera la ciudad tuvo luz eléctrica!

En diciembre de 1891, se logró la contratación que dio como resultado la llegada de la planta eléctrica, la cual alimentaría el alumbrado público. El lugar escogido para colocarla fue, justamente, la antigua huerta del Convento de San Diego. Esta planta, impulsada por una inmensa caldera de vapor, fue la misma que años después explotaría destrozando casas y calles, ocasionándole la muerte a varias personas y destruyendo una buena parte de la cubierta de la iglesia conventual, edificación que en ese momento integraba el complejo identificado como Casa de Prisión y Reclusión.

Este incidente, conocido por muchos, se halla cargado de misterios y datos curiosos que seguramente serán dignos de contar más adelante.

Si bien la inauguración de la planta y del alumbrado público acontecieron el mismo día y lugar que la apertura del Parque de Bolívar, el suceso que quedó registrado en la memoria de los cartageneros fue el segundo. Sin embargo, en aquella época la percepción era diferente debido al fervor independentista, y a las ansias de llevar a la joven nación por el camino del progreso y los valores ilustrados.

En aquel contexto, la llegada de la luz eléctrica ofrecía una oportunidad única para enorgullecerse por las conquistas finiseculares. Y es cuando El Porvenir publica las siguientes líneas: “Salieron las comadres, los chicuelos y los obreros y muchas otras personas [...] y atrajeron sus miradas grandes cartelones impresos con enormes caracteres anunciando que en esa noche se inauguraría el alumbrado eléctrico y al mismo tiempo el elegante Parque bautizado con el nombre inmortal del que fue la más hermosa luz de nuestra Independencia. / La noticia medio adivinada por las viejas, leída de corrido por los mozos y mal que bien deletreada por los rapazuelos, causó en los ánimos impresión de cosa inesperada, aunque ya muchos días eran contados de estar diciéndonos al oído fechas y más fechas en que debía verificarse la tan suspirada iluminación”.

Ese 29 de mayo de 1892, el trascendental acto estuvo acompañado por la banda sinfónica del maestro Giovanni (Juan) De Sanctis, uno de los primeros profesores del Instituto Musical, hoy fundido en la Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de Bolívar (Unibac).

En el artículo de prensa se relata cómo “desde las siete de la noche comenzó el ir y venir de las gentes por las calles y el entrar y salir en el Parque [...]. Ya el profesor De Sanctis estaba en la rotonda central con su amaestrada banda esperando la aparición de la luz para saludarla con el Himno Nacional. Pocos momentos después el reloj de la Boca del Puente con voz de mujer coqueta dijo: ʻSeñoras y señores... yá son las ocho,ʼ y en seguida, desde la torre de la catedral, repitió la campana gorda con voz de bajo profundo: ʻLas ocho, caballeros, las ochoooooo...ʼ / Y como si fuera ésta la voz de mando que se esperaba, de repente resplandecieron los faroles iluminando el Parque, vibró el himno Nacional con sus enérgicas notas, subieron los cohetes al espacio y el aire se llevó en las alas el ruido atronador de los aplausos. Mas duró poco el entusiasmo, porque la luz atemorizada con tan estrepitosas demostraciones, huyó de los faroles y fue a refugiarse allá en el fondo del Parque, en unas bombillas de colores que reproducían los de nuestra bandera y formaban este expresivo letrero: ¡COLOMBIANOS, PAZ!, como quien dice: ¡señores, juicio!”.

La aparición de la banda del maestro De Sanctis no podía ser más apropiada, pues la música eleva la temperatura de los corazones y anima el espíritu a albergar los más altos ideales. Ella crea sentido de comunidad y alimenta los sentimientos patrios. Ese día en particular, el binomio música-luz protagonizó el despertar de la ciudad a pesar del apagón ocurrido tan solo unos minutos después del encendido del alumbrado público. De ahí que, al siguiente día, se reintentara la hazaña.

Entonces, “llegaron las siete de la noche del día 30 [de mayo] y como por encanto quedó iluminada toda la ciudad tal y como si el sol estuviera en la mitad de su camino. Y aquí fué de ver la carrera que emprendieron muchos tenorios tenebrosos sorprendidos en lugares inconvenientes y el afán de las mujeres arreglándose peinado y traje, alarmadas de verse puestas en evidencia por la indiscreta claridad”.

Parque de Bolívar: el día que se inauguró, se hizo la luz en Cartagena

No sería la última vez que una banda dirigida por un maestro de nuestra larga tradición de enseñanza de las artes, en el departamento de Bolívar, protagonizara un hecho notable en lo que hoy es el Parque de Bolívar. El 24 de julio de 2000, el maestro Rupert Sierra Salazar, actual director del Programa de Música del Conservatorio Adolfo Mejía de Unibac, dirigió la Banda Departamental en la reinauguración del Parque de Bolívar.

Como podemos apreciar, de alguna manera Unibac ha hecho parte de esta tradición centenaria. Juntos celebramos, el pasado 3 de noviembre, con la Banda Giovanni De Sanctis de Unibac, dirigida por el maestro Aldo Velásquez Barrera, una reinauguración más del Parque de Bolívar, también a cargo del arquitecto restaurador F. Álvarez.

El gobernador Vicente Blel Scaff, a quien le debemos esta nueva restauración, presidió el acto que para la ciudadanía significa la recuperación de un valioso espacio público. Este luminoso evento de ciudad, ya no producido por bombillas y vapor, sino por la música que enciende los corazones de quienes escuchan, fijará en el recuerdo de cada cartagenero y bolivarense lo que la Historia tiene para enseñarnos.

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