En Corea hay un rumor esparcido como la arenilla que revolotea por las desérticas dunas. Dicen que si dos personas se casan es porque hubo ocho mil capas de In-yun a lo largo de ocho mil vidas. In-yun es un término que se le adjunta como propio al budismo, y que sirve para hacer alusión a las relaciones humanas que están destinadas a encontrarse, ya sea en la vida actual o en las que ya fueron.
Todo depende del cristal con que se mire el destino, y por eso surge la necesidad de poner sobre la mesa algunas preguntas: ¿qué pasa cuando hacemos una vida lejos de personas que creímos tener para toda la vida? ¿Es posible que hoy no seamos ni un 10% de quienes éramos en un pasado? ¿Nuestros amores del pasado mutaron en otras personas y también cambiaron? ¿Puede el factor migratorio desdibujar quienes éramos, y hacer que nuestra esencia se vislumbre desde lo lejos, como si se tratara de una vida pasada?
El in-yun no es la única fibra que toca como recurso narrativo ‘Past lives’, la ópera prima de Celine Song que estuvo nominada en dos categorías de los Óscar 2024 como ‘Mejor película’ y ‘Mejor guion original’, también lo es el duelo migratorio, y la elaboración de la pérdida que empieza luego de que una persona se muda de un lugar a otro. Lea: Premios Óscar 2024: estos fueron los grandes ganadores de la ceremonia
La historia que nos cuenta la película gira en torno a Nora, quien no todo el tiempo se llamó así, de hecho, tiene una vida pasada en la que solía llamarse Nae Young y vivía en Corea, su país natal. Pero tras una decisión familiar, migraron hasta Canadá, en búsqueda de mejores oportunidades. Para ella no fue una trágica decisión, pues dejó claro desde su infancia que quería ser una gran escritora y ganar un Premio Nobel, cosa que en su país se le dificultaba, ya que nadie había ganado uno.
Esta decisión de mudarse a otro país parecía perfecta, excepto por un pequeño detalle... dejaría atrás a Hae Sung, su mejor amigo, y el primer amor de su vida. Sin embargo, Nora era muy pequeña para entender lo que implica despedirse y las secuelas que trae consigo, tenía tan solo doce años, y nadie le advirtió que estando del otro lado extrañaría tantas cosas. Estando en Canadá, al principio lloraba por las noches, pero luego vio que eso no resolvería sus problemas, así que empezó a reprimirse.
Doce años después y siendo una joven adulta, Nora se estableció sola en New York para seguir con su ambicioso sueño de ser escritora. Era una mujer fría, a quien se le olvidó por completo ese romance tierno e infantil que tuvo con Hae Sung, hasta que una foto en Facebook se cruzó en su camino y retomaron la comunicación, actualizándose sobre lo acontecido durante todos esos años. Esa conexión se extendió durante meses, pero se terminó cuando Nora pidió tomar distancia, pues decidió priorizar su trabajo, tomar el toro por los cuernos y pensar con cabeza fría, dando un paso hacia la madurez y la racionalidad, pero sacrificando todo aquello que sentía.
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Otros doce años más tarde es cuando comienza a desarrollarse la película. Nora tiene 36 años y es una mujer casada. Se conoció con un americano que la ama, y que también es escritor. Ella aprendió a hablar su lenguaje, a ser tan americana como él, y difícilmente saca a colación su cultura, se le resbalan de las manos sus costumbres, su esencia y quien fue en una vida pasada.
En esta película, la locación juega un papel fundamental, las ciudades representan las decisiones tomadas por Nora, y cómo ella intenta adaptarse a cada entorno. Además de los cuidadosos diálogos, haciendo justicia a la merecida nominación que pudo llevarla a obtener la estatuilla dorada de la Academia por ‘Mejor guion original’.
Nora camina por las calles de una ciudad que ve lejos de conocer por completo, que no le pertenece, y difícilmente podría sentirla como suya, pues no es su gente, sus cuadras o su barrio lo que la rodean. A esa edad no ha logrado obtener el Nobel de Literatura, y su proyecto de vida no resultó siendo el que planificó de niña. Con el paso de los años se fue dando cuenta de lo dura que es la vida, y fue cambiando. Pero no todo es negativo, porque su vida no le desagrada, en el camino fue encontrando otros intereses y nuevas pasiones. Lea: La gala de los Óscar 2024 fue vista por más de 19 millones de espectadores
Logra verse por casualidad con Hae Sung, quien estuvo unos días en la ciudad, logrando una secuencia sin precedentes. En las escenas se ve reflejada la incomodidad y el nerviosismo de un encuentro luego de tanto tiempo. Muchos de estos fragmentos fueron grabados en planos generales, algo muy extraño, ya que las escenas íntimas casi siempre se logran con planos más cerrados, pero aquí consiguen transmitir desde la generalidad.
La pareja de mejores amigos en una vida pasada, y desconocidos en el presente, se miran a los ojos sin decirse una palabra, mostrándonos cómo los seres humanos no hacemos nada en ese tipo de situaciones, cómo nos cuesta expresar los sentimientos, y cómo la vida real tiene matices mucho más complejos que en la ficción.
- ¿Cómo te fue con el Nobel? - le pregunta Hae Sung
- Ahora me conformo con un Pulitzer, es aquí donde terminé - contesta Nora riéndose, mostrando la realidad de muchas personas que han planificado una vida que termina tomando otro rumbo.
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Es un film que toca ver con paciencia, lo que es complejo una vez estamos inmersos en la inmediatez de las redes sociales. Nos encontramos con partes donde son escasos los diálogos y solo queda reconfortarse en el sillón para observar, quizá por eso algunos lo tildan de “lento”. Una de las escenas que más llama la atención es cuando se aproxima el final, es un plano secuencia de seis minutos en el que los protagonistas caminan por las calles de New York.
‘Vidas pasadas’ es un agridulce reflejo de aquellos amores que no pudieron ser, pero que comparten una conexión irreemplazable a pesar de las decisiones más crueles, la inevitable distancia y el tiempo irreversible, con un destino que imposibilita la unión. En otro tipo de formatos más ficticios, esta pareja ya habría desencadenado una turbulenta escena de infidelidad y adrenalina, y es quizá esta simpleza, madurez y naturalidad lo que hace a esta película totalmente conmovedora e identificable.
