En 1995 llegó a Cartagena, procedente de Magangué, Abel Del Valle, quien le puso el pecho a la vida y sin un solo peso se vino a probar suerte a La Heroica.
Su primer trabajo fue asistente de utilería de Real Cartagena, equipo que para ese entonces participaba en la Primera B. Para Abel nada fue fácil, empezando porque no tenía ni siquiera donde dormir.
Del Valle, quien desde niño amó el fútbol, cuenta que a Cartagena llegó solo, relata que dormía en un cuarto en el estadio de fútbol Pedro de Heredia (hoy Jaime Morón) en compañía de los guayos, uniformes y petos de los jugadores. “No tenía para donde irme, no había ni ventilador, pero me tocaba así”.
Pero el amor por su familia lo llenaba de ganas, tanto que pese a vivir en esas condiciones, Abel pidió permiso a Héctor Sotomayor (q.e.p.d.), gerente de Real Cartagena en ese entonces, para que le permitiera traerse a su esposa Mariela y su hijo, el pequeño Ayron, quien tenía 8 años.
“Me dieron el permiso para traerlos y en ese pequeño espacio, muy cerca al camerino, tiramos una colchoneta y vivimos durante tres años. Yo era bueno en lo que hacía y técnicos y jugadores no querían fiesta conmigo”, agrega.
Al cabo de un tiempo quedó como utilero oficial de Real y la esposa pasó a lavar la ropa y petos del club, mientras que él se dedicaba a tener bien embolados los guayos de entreno y para partidos de los 25 jugadores de la plantilla, además de estar pendiente de conos, cuerdas, balones y demás elementos que se utilizaban en cada entreno.
¿Cómo hacía para desayunar, almorzar y cenar en ese cambuche improvisado que tenía en el estadio?- Salía a la avenida y compraba la comida en restaurantes, me la empacaban en cajas y me la traía para el estadio. Así duramos varios meses, pero ya eso me tenía el bolsillo roto, entonces decidí ajuntar plata y pude comprar una estufa que metí camuflada al estadio. También compré un ventilador, el estadio fue mi casa, no me da pena decirlo.
¿Cuántos años duró como utilero de Real Cartagena?- Entre 1995 y 2003 y luego de 2006 hasta el 2010. Me decían Letelier, todo el mundo me conocía en el fútbol de Cartagena. Ser el utilero del Real era mi vida y lo disfrutaba, me sentía identificado con lo que hacía, fui el hombre de confianza de los jugadores que pasaron por el club en esas temporadas. Yo era muy pilo y siempre estaba en la jugada.
¿A qué jugadores recuerda con mucho agrado?- A la mayoría, pero hice amistad con Harold Viáfara, Róbinson Zapata, Juan Carlos Henao, Hernando 'Cocho' Patiño y Milton Rodríguez. Me trataban como un miembro más de su familia, yo les hacía favores personales y ellos me daban un buen cuadre (propina).
¿Y aún habla con ellos?- Ahora hablo muy poco con ellos, pero los llevo en el corazón.
Y los técnicos...- Hubo muy buenos como Daniel Silgüero (q.e.p.d.), Hernán Darío Herrera y 'El Chino' González.
Eso quiere decir que también hubo técnicos muy malos...- Risas. Claro, como todo, pero me reservo los nombres, eso sí pasé muy mal con Alberto Rujana, un tipo que no tenía clase y maltrataba a los empleados, hasta de burro me trataba, pero Dios sabe como hace sus cosas, Rujana se fue de Cartagena en pocos meses y salió por mal técnico.
¿Cuántos ascensos vivió con el Real?- Dos, ambos con Herrera en 1999 y 2004. Fueron momentos únicos, especiales.
El papá de un goleador
Abel es el papá de Ayron Del Valle, varias veces goleador del fútbol colombiano y que hoy presta sus servicios en Millonarios.Hace ya 20 años vive arrendado en Zaragocilla, barrio en el que decidió vivir por la cercanía con el estadio. “Cuando Ayron marca un gol salgo a la terraza a cantarlo y grito como loco, hasta los vecinos de la otra cuadra me escuchan. Así vivo el fútbol yo y si son los goles de mi pelao me emociono más”, agrega el popular Letelier.
Ahora es árbitroSiempre se ha ganado la vida luchando, no depende de nadie, solo de lo que él pueda hacer trabajando. “En la actualidad soy árbitro de fútbol, pito en diferentes torneos, el profe Hugo Soto me dio la mano, me rebusco con eso, me gano entre 20 y 30 mil pesos por cada partido. En mi época de utilero con el Real cuando empezaba también pitaba algunos partidos aficionados. Mi pasión por el pito no viene de ahora”, asegura.
Siempre ha vivido del fútbol y lo seguirá haciendo. A Abel Del Valle no le importa el sol, la lluvia o el barro. Él se le mide a todo, ya no es utilero, ahora con un pito se gana para el sustento de su esposa y su hija menor Yerleth.A sus 50 años, don Abel es un ejemplo de superación, de constancia y amor por el fútbol, ese que llevará en su corazón por siempre...
