Lo que parecía un día perfecto para el Real Madrid, conmemorando un año invicto en LaLiga y el partido 300 de Carlo Ancelotti al mando, estuvo a punto de convertirse en una pesadilla en el Santiago Bernabéu. La victoria 3-2 ante el Alavés, que parecía sentenciada desde la primera mitad, se complicó inesperadamente con dos goles postreros de Protesoni y Kike García, desatando nervios en los minutos finales.
El Real Madrid se relajó tras adelantarse temprano con un tanto de Lucas Vázquez en el minuto 1, el gol más rápido de la temporada. Aprovechando un pase preciso de Vinícius, el lateral respondió a la confianza de Ancelotti en su titularidad, cubriendo la baja de Dani Carvajal. Lea aquí: El Clásico entre Real Madrid y Barcelona ya tiene fecha y hora: ¿Cuándo será?
Con ese gol y el dominio absoluto del primer tiempo, el equipo blanco ya se veía con la victoria en el bolsillo, preparando fuerzas para el inminente derbi ante el Atlético de Madrid, con la ventaja de contar con dos días más de descanso que su rival.
Sin embargo, esa relajación casi le costó caro al conjunto madridista. Mientras el Alavés parecía derrotado, un repunte de orgullo en la recta final del partido hizo que el equipo de Luis García Plaza pusiera en aprietos al Madrid.
La superioridad del equipo de Ancelotti fue clara durante gran parte del partido, sobre todo con un Kylian Mbappé que brilló antes del descanso con una gran jugada personal para marcar el segundo gol. Rodrygo añadió el tercero con una fantástica acción individual, y todo parecía resuelto.
El equipo merengue, sin embargo, cometió el error de bajar la guardia tras el tercer gol y los cambios de Ancelotti, en especial la salida de Fede Valverde, dejaron al Madrid vulnerable. La entrada de Jesús Vallejo, pedida a gritos por la afición, no ayudó a contener el inesperado despertar del Alavés.
Protesoni y Kike García aprovecharon errores defensivos en los minutos 85 y 87, sembrando el caos en el Bernabéu. Le puede interesar: DIM: el Atanasio se vuelve a vestir de rojo y azul para recibir a Lanús
El Real Madrid, que pudo haber cerrado el partido antes con un disparo al poste de Endrick, terminó pidiendo la hora. En un último suspiro, el Alavés rozó el empate con un cabezazo de Conechny que pasó cerca del poste, pero el Madrid logró aguantar.
Ancelotti y su equipo se llevaron una lección en un día que parecía destinado a la celebración: nunca se puede dar un partido por terminado. El entrenador italiano, pese a la victoria y el buen momento del equipo con cinco triunfos consecutivos, tendrá que ajustar el manejo de los partidos para evitar sorpresas como la vivida ante el Alavés.
