Hoy se cumplen exactamente 20 años de una de las noticias más lúgubres que ha sacudido al fútbol profesional colombiano. El 8 de enero de 2006, la magia de Elson Becerra se apagó prematuramente en una pista de baile en La Boquilla, Cartagena. Un fatídico disparo en el pecho terminó con la vida del habilidoso delantero, dejando un vacío que, dos décadas después, sigue calando hondo en el corazón de los aficionados. Te invito a leer: Ya son 15 años sin Elson Becerra
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Agencia EfeBecerra con un talento endiablado
Becerra, cariñosamente apodado el “Chocolatín”, no era un jugador común. Su baja estatura contrastaba con un fútbol gigante, caracterizado por un regate impredecible y una velocidad eléctrica. Aunque dejó huella en el Junior de Barranquilla, fue en el Deportes Tolima donde alcanzó el estatus de leyenda. En Ibagué, su nombre es sinónimo de gloria; allí, con la camiseta “vinotinto y oro”, se convirtió en un ídolo inalcanzable, siendo pieza fundamental de aquel equipo aguerrido que marcó una época. Te invito a leer: Elson Becerra: 10 años recordando al ídolo de San Francisco
Su talento lo llevó a vestir la camiseta de la Selección Colombia, donde integró procesos importantes y demostró que su habilidad no tenía fronteras. Sin embargo, en la cima de su carrera, la violencia —esa que no distingue colores ni méritos— se cruzó en su camino.
Un luto que no se borra en Cartagena
Hoy, el barrio San Francisco de Cartagena sigue de luto. Las calles que lo vieron correr de niño mantienen vivo su recuerdo, mientras que en Ibagué las banderas con su rostro ondean con una nostalgia vigente. El asesinato de Elson es el crudo recordatorio de cómo la tragedia puede arrebatar los sueños de familias enteras, quienes hoy siguen sufriendo su ausencia en silencio.
A 20 años de su partida, el mensaje del fútbol colombiano es unísono: “Sigue volando alto, Chocolatín”. Tu gambeta sigue viva en la memoria de un país que no te olvida.