comscore
Deportes

La última transmisión de El Pupi: el Caribe despide a Luis Alberto Payares Villa

Partió el hombre, permanece la leyenda. Luis Alberto Payares Villa seguirá viviendo en cada relato que hizo vibrar a generaciones enteras. Sus honras fúnebres se cumplirán en Jardines de Cartagena.

La última transmisión de El Pupi: el Caribe despide a Luis Alberto Payares Villa

Falleció Luis Alberto Payares Villa, voz histórica de la radio deportiva. // Foto: archivo El Universal.

Compartir

Hay hombres que nacen para vivir una vida. Otros nacen para contar la vida de los demás. Luis Alberto Payares Villa hizo ambas cosas. Vivió intensamente y, al mismo tiempo, narró la historia deportiva de un pueblo entero con una voz que parecía hecha de Caribe, de estadio lleno y de noches interminables de radio.

La noche de este viernes esa voz se apagó en Barranquilla después de una larga batalla contra el Parkinson, enfermedad que enfrentó durante más de 35 años con la misma valentía con la que relataba una pelea de campeonato o la tensión de un noveno inning. Pero hay silencios que no son derrotas. Hay silencios que se convierten en eternidad.

Y el de Payares Villa es uno de ellos.

La radio deportiva colombiana pierde a uno de sus más grandes exponentes. El Caribe despide a uno de sus cronistas más queridos. Y Cartagena llora a un hombre que hizo del micrófono una extensión de su alma.

Dueño de una voz de trueno, profunda y envolvente, perteneció a la élite irrepetible de la narración deportiva colombiana. Su autoridad frente al micrófono, su conocimiento enciclopédico y su capacidad para convertir cualquier transmisión en un espectáculo hicieron que colegas, deportistas y oyentes terminaran llamándolo simplemente “El Comandante”. Era un reconocimiento ganado a pulso, una forma de admitir que, cuando Luis Alberto Payares Villa tomaba la palabra, la transmisión tenía capitán.

Brilló al lado de figuras inmortales de la radio deportiva como Eugenio Baena Calvo, Walberto Ahumedo, Edgar Perea, Napoleón Perea, Melanio Portó y Jorge Humberto Klee, entre otros grandes nombres que protagonizaron una de las épocas más brillantes del periodismo deportivo colombiano. En aquella generación de voces monumentales, la de Payares tenía un lugar propio: poderosa, apasionada y absolutamente inconfundible.

Falleció Luis Alberto Payares Villa, voz histórica de la radio deportiva. // Foto: archivo El Universal.
Falleció Luis Alberto Payares Villa, voz histórica de la radio deportiva. // Foto: archivo El Universal.

Su nombre quedó ligado para siempre a las grandes gestas del deporte colombiano. Narró las noches gloriosas de Antonio Cervantes Kid Pambelé, acompañó las victorias de Miguel Happy Lora y convirtió innumerables jornadas de béisbol en capítulos memorables de la historia popular del Caribe.

No describía partidos. Los transformaba en relatos.

No anunciaba emociones. Las provocaba.

Y cuando la pelota viajaba más allá de los límites del terreno, su voz explotaba con frases que terminaron formando parte del patrimonio sentimental de miles de oyentes: “¡Hizo el pentágono trizas!”, y cuando había un strike, él decía:

“Swing completo con todos los hierros!”, expresiones que todavía resuenan en la memoria de quienes aprendieron a amar el deporte escuchándolo a través de un radio de pilas, en una terraza caliente o bajo la sombra de una ceiba en cualquier rincón de Bolívar.

En Emisoras Fuentes condujo los programas Visión del Deporte y posteriormente Punto en la Noticia, espacios desde los cuales ejerció una enorme influencia en la opinión pública. Su escuela trascendió generaciones. Muchos narradores deportivos del Caribe encontraron en él una referencia obligada, una forma de entender el oficio y una demostración de que la pasión también puede ser una disciplina.

Falleció Luis Alberto Payares Villa, voz histórica de la radio deportiva. // Foto: archivo El Universal.
Falleció Luis Alberto Payares Villa, voz histórica de la radio deportiva. // Foto: archivo El Universal.

Pero mi historia con Luis Alberto comenzó mucho antes de convertirme en parte de su familia.

Yo tenía trece años y cursaba segundo de bachillerato en el Colegio Felipe Santiago Escobar de Santa Catalina. Una tarde, el profesor Emiro Bertel Torrente, quien era comentarista de béisbol y compañero de Él Pupi, nos llevó al estadio 11 de Noviembre para asistir a una final del béisbol de primera categoría.

El estadio estaba repleto.

No cabía un alma más.

Recuerdo el rumor de la multitud, el olor a maní, el bullicio de las tribunas y la ansiedad colectiva que precedía al primer lanzamiento.

Entonces los altoparlantes anunciaron una llegada.

—Ha llegado El Pupi, Luis Alberto Payares Villa.

Y ocurrió algo que jamás olvidé.

Miles de personas se pusieron de pie.

No para recibir a un pelotero.

No para aplaudir a un político.

No para homenajear a una autoridad.

Se levantaron para saludar a un narrador deportivo.

A una estrella de la radio.

A una celebridad construida únicamente con el poder de su voz.

Lo vi levantar los brazos mientras la multitud lo ovacionaba. Luego caminó hasta la cabina de transmisión y comenzó a narrar béisbol.

Su gran amor.

Su territorio natural.

Su manera de habitar el mundo.

Aquel día entendí el poder que puede tener una voz.

Comprendí que algunas personas no necesitan reflectores para convertirse en gigantes. Les basta una cabina, un micrófono y el afecto sincero de un pueblo entero.

Muchos años después la vida escribió un capítulo inesperado. Encontré en Hilda Payares a mi alma gemela y terminé convirtiéndome en su yerno. Entonces conocí al hombre detrás del personaje. Al padre afectuoso. Al amigo leal. Al ser humano generoso que enfrentó la adversidad sin renunciar jamás a la dignidad ni a la sonrisa.

Conocí al hombre que seguía siendo grande cuando se apagaban los micrófonos.

Al que jamás perdió la cortesía.

Al que nunca permitió que la enfermedad le arrebatara la nobleza.

Al que siguió luchando con valentía cuando el cuerpo comenzó a imponer límites que el espíritu se negaba a aceptar.

Hoy se marcha un hombre bueno.

Un hombre que nunca necesitó estridencias para ser grande.

Un hombre que hizo de la palabra una herramienta para unir generaciones.

El estadio 11 de Noviembre conservará para siempre el eco de sus relatos. Las cabinas seguirán guardando la sombra de su figura inclinada sobre el micrófono. Y en algún lugar del Caribe seguirá escuchándose, como una grabación imposible de borrar, aquella voz inconfundible capaz de convertir un lanzamiento en una epopeya y un cuadrangular en una fiesta popular.

Porque las grandes voces nunca terminan de apagarse.

Permanecen suspendidas en la memoria colectiva, escondidas entre los viejos radios, en las cabinas vacías, en las graderías del estadio y en el corazón de quienes alguna vez sintieron un escalofrío escuchándolo narrar una pelea de campeonato, una atrapada imposible o un jonrón decisivo.

A Ana Graciela, Mariola, Luis Adolfo, Rossana, Yira, Angélica, Alberto Luis, Hilda Cecilia, Luis Alberto, Zoila, Luis Alfonso y Luisa, nuestro abrazo solidario en este momento de dolor.

Pero la muerte, a veces, no tiene la última palabra.

Porque hay hombres que parten y se convierten en recuerdo.

Y hay otros, muy pocos, que parten y se convierten en territorio.

Luis Alberto Payares Villa pertenece a esa estirpe.

Por eso esta noche, cuando las luces del estadio se apaguen y el bullicio de las graderías se convierta en silencio; cuando la cabina quede vacía y el micrófono repose esperando unas manos que ya no volverán, alguien jurará haber escuchado una voz atravesando la brisa que llega desde la bahía.

Falleció Luis Alberto Payares Villa, voz histórica de la radio deportiva. // Foto: archivo El Universal.
Falleció Luis Alberto Payares Villa, voz histórica de la radio deportiva. // Foto: archivo El Universal.

Tal vez sea el viento.

Tal vez sea la memoria.

O tal vez sea El Pupi anunciándole al cielo que prepare el diamante, que acomode las tribunas y que abra la transmisión.

Que tenga listas las campanas para el primer asalto.

Que marque la raya de cal sobre el terreno.

Que encienda los micrófonos de la eternidad.

Porque acaba de llegar El Comandante.

El hombre de la voz de trueno.

El narrador que hizo del Caribe su estadio y de la emoción su lenguaje.

El cronista que convirtió el deporte en literatura popular.

Porque durante toda una vida narró las emociones de la tierra.

Y ahora comienza a contar las historias de la eternidad.

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News