Yo nunca me bajé del bus de James Rodríguez, el 10 de Colombia.
Estaba casi seguro de que, sin correr tanto, aún trotando y en ocasiones hasta caminando, le podría aportar a Colombia magia y jerarquía. Eso pensé.
Muchos criticaron a James y tienen todo el derecho de hacerlo. Dijeron que con él, Colombia jugaba con 10, que James era uno menos en la cancha y para mí, de verdad, es un comentario perverso y dañino, pero válido en este mundo del fútbol, en donde todos podemos opinar. Lea aquí: ¿Por qué duele tanto perder? Expertos le explican la tusa futbolera que dejó Colombia
No dio lo que se esperaba, en eso estamos de acuerdo, pero de los cracks tú siempre esperas algo bueno en la cancha. Néstor Lorenzo, como muchísimos aficionados que respaldaban al capitán, lo esperaron hasta el final. No apareció, no marcó gol, no dio asistencias. Solo ráfagas de calidad. Es fútbol y pasa.

Pero previo al Mundial, incluso en la Copa América 2024, en donde fuimos subcampeones, siempre demostró que, aun sin tener ritmo de competencia en sus equipos y viniendo de lesiones, cuando se puso la camiseta de Colombia, fue un jugador distinto, diferente, con talento y jerarquía. Por eso nunca me bajé del bus de James. Le puede interesar: 5 razones por las que Colombia no avanzó más en el Mundial
Pero llegó el momento de decirle adiós. Al 10 toca recordarlo ahora como el ganador del Botín de Oro del Mundial de Brasil en 2014, en donde de su mano Colombia llegó a unos cuartos de final, la actuación más importante de la tricolor en los mundiales.
El 2026 pasará a la historia como la despedida del 10 de Colombia y yo solo tengo palabras de gratitud para el mago que durante muchos años nos alegró la vida. Mi respeto y admiración para el capitán. ¡Gracias, James!


