En medio de la difícil emergencia que atraviesa el departamento del Chocó, el futbolista colombiano Matheus Uribe dio una contundente lección de empatía y compromiso social.
Sin importar las dificultades de acceso ni la magnitud de la crisis, el volante de la Selección Colombia viajó junto a su familia hasta el corregimiento de La Molana para entregar personalmente ayudas humanitarias a las familias más afectadas por la situación del terremoto. Te invito a leer: Las voces del terremoto en Chocó: el clamor de un departamento que pide no ser olvidado
Lejos de limitarse a una donación distante, Uribe se sumó a las labores de apoyo actuando como un ciudadano más, trabajando hombro a hombro con los habitantes del sector para hacer llegar los insumos de primera necesidad a quienes más lo necesitan.
Su presencia física y el involucramiento activo de su núcleo familiar representaron un bálsamo de solidaridad en un territorio que históricamente ha afrontado problemas socioeconómicos y climáticos.
Más allá del aporte material, el momento más conmovedor de la jornada se vivió cuando el deportista se tomó un tiempo para compartir con los más pequeños.
En un improvisado terreno de juego, Matheus Uribe se calzó los guayos del alma para jugar un partido de fútbol con los niños de La Molana.
Entre sonrisas, gambetas y abrazos, el futbolista les regaló un instante de alegría inolvidable que logró abstraerlos por unas horas de la amarga realidad de la emergencia. Te invito a leer: Más de 30 toneladas de ayudas ha recogido la Gobernación del Atlántico para el Chocó
Esta acción reafirma que la verdadera grandeza de un deportista trasciende los trofeos y los estadios abarrotados.
Gestos cargados de humanidad como este marcan una diferencia sustancial en los momentos más oscuros, devolviendo la esperanza a una comunidad golpeada y demostrando el incalculable valor transformador del deporte y la empatía en la sociedad.

