Económica

Ihungo: la apuesta de Raudy Machacón para convertir al Caribe colombiano en un hub de tecnología global

“No vendemos software, creamos infraestructura digital”: el CEO de Ihungo explica la estrategia para transformar industrias tradicionales desde la región.

Ihungo: la apuesta de Raudy Machacón para convertir al Caribe colombiano en un hub de tecnología global

Raudy Machacón, CEO de Ihungo. //FOTO LUIS EDUARDO HERRÁN.

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“Nacimos como una empresa de logística y con el tiempo fuimos transformando hacia una base científica y tecnológica. Ihungo hoy trabaja en varias industrias —salud, logística y retail, entre otras— desarrollando tecnología para resolver problemas concretos de cada negocio. Lo digo sencillo: no vendemos software, lo que hacemos es ayudar a que nuestros clientes crezcan apoyados en la tecnología, creando infraestructura digital. Esa es la manera más honesta de explicar lo que somos”. Así explica Raudy Machacón, el modelo de negocio de Ihungo y los servicios específicos que ofrece.

Perfil de Raudy Machacón Guerra

Lugar de nacimiento: Cartagena

Formación académica: Emprendedor autodidacta. Inició estudios universitarios, pero los dejó para dedicarse por completo a construir Ihungo. Su verdadera escuela han sido los 14 años de experiencia al frente de la compañía.

Trayectoria profesional: Su trayectoria empresarial ha estado ligada a Ihungo durante los últimos 14 años, empresa familiar que transformó de una operación logística a una compañía tecnológica con presencia internacional.

Pasión fuera de la oficina: Construir proyectos, jugar con los datos y entender el mercado: lo vive y lo respira. Fanático del fútbol. Y, sobre todo, los asados para su familia y amigos, un momento casi espiritual, su espacio zen para reunirlos, atenderlos y verlos disfrutar juntos.

Inspiración: El libro «Pensar rápido, pensar despacio», de Daniel Kahneman. Sigue de cerca a founders que están construyendo en grande desde la región: Daniel Bilbao, Andrés Bilbao, Simón Borrero (Rappi) y David Vélez (Nubank).

Filosofía: «Dato mata relato». En Ihungo las decisiones se toman con datos, no con cuentos. Pero las que de verdad importan nunca se toman solo: por eso, aunque me guío por los números, las grandes decisiones las tomo escuchando al equipo. Como decía Kahneman, podemos ser ciegos a lo evidente, y hasta a nuestra propia ceguera; el equipo es el que te salva de eso.

Raudy Machacón, CEO de Ihungo.
Raudy Machacón, CEO de Ihungo.

A continuación, el CEO de Ihungo, revela la estrategia para transformar industrias tradicionales desde el Caribe colombiano y posicionar a la región como hub tecnológico.

Como líder joven, ¿cuál ha sido su mayor desafío para ganar la confianza del mercado y de su propio equipo?

Mi mayor reto fue doble: liderar el recambio generacional de una empresa familiar y, al mismo tiempo, cambiarle drásticamente el modelo de negocio —de tradicional a base científica y tecnológica— para incursionar en nuevas verticales. Con el mercado, al principio fue duro. La cara de la empresa siempre había sido mi papá, y ver una cara nueva no daba la misma confianza. Esa confianza tocó ganársela como se gana todo: con trabajo duro, entendiendo de verdad los dolores de los clientes y siempre dispuesto a resolver y entender las problemáticas para dar soluciones óptimas. En esa transición mi papá fue clave. Con el equipo fue más fácil, porque se armó casi desde cero: cuando entré éramos cinco personas operando la compañía. Aquí lo que se hizo distinto fue construir cultura, sembrar el ADN de lo que somos. Y fue lo que funcionó.

¿Cuál ha sido la apuesta o cambio más disruptivo que ha implementado en su organización?

El cambio más fuerte no fue de tecnología, fue de gente y de mentalidad. Nos tocó cambiar casi todo: la cultura, el talento, cómo nos organizábamos, cómo atendíamos al cliente, porque veníamos de un modelo muy tradicional y así no llegábamos lejos, parte de esa nueva cultura es algo que hoy repetimos todo el tiempo: dato mata relato. Aquí decidimos con datos, no con cuentos. Fue arriesgado, porque era casi arrancar de cero otra vez. Ahí mi papá fue clave: siempre estuvo ahí, caminando ese cambio conmigo. Lo que nos funcionó fue atrevernos a pensar en grande y a largo plazo, aunque al principio doliera. Porque entendimos algo desde el inicio de la transición: esto no lo hacíamos solo por el dinero, sino por ayudar a que crezca el ecosistema digital aquí en la Costa.

Tras consolidarse como un powerhouse tecnológico que atiende a empresas internacionales, Ihungo tiene ahora la mira puesta en el mercado nacional, incluyendo a Cartagena. ¿Cuál es la estrategia clave para adaptar soluciones globales de alto impacto al contexto colombiano, y qué oportunidades específicas identifican para transformar las industrias locales?

Hoy ya estamos operando en Perú, incursionando en Centroamérica y trabajando para una multinacional. Eso nos dio algo que queremos traer a Colombia: la certeza de que desde acá se puede competir con estándar global. La clave no es copiar lo que funciona afuera y pegarlo aquí, porque eso aquí no prende. Es entender los dos mundos: traer esa calidad internacional, pero montarla sobre la realidad de la empresa colombiana, con su gente y sus dolores reales. Las oportunidades las estamos atacando por frente. En gobierno y salud tenemos ES360, nuestra apuesta para transformar cómo el Estado y el sistema de salud le sirven a la gente. En retail y logística está Wuala, todo nuestro ecosistema, con un hub que se conecta con prácticamente cualquier vertical. Son industrias que en el país siguen operando como hace 20 años, y ahí es donde la tecnología bien hecha genera el salto más grande. Pero siendo sinceros lo que de verdad buscamos con esto es que la gente entienda que en la costa hay empresas creando tecnología de impacto, con capacidades globales y compitiendo de tú a tú. Quiero que nos reconozcan como creadores de tecnología, no como mano de obra barata. Que cambie la mentalidad y ese complejo de que lo grande solo se hace afuera. Porque no queremos lo normal para la región, queremos que soñemos en grande, que salgamos a buscar esa magia.

¿Cómo está logrando incorporar la sostenibilidad y la transformación digital?

No creo en llegarle a un negocio tradicional a decirle “cámbielo todo”. Eso no funciona. La transformación digital de verdad es entender primero cómo trabaja la gente, con sus dolores reales y de ahí ir digitalizando lo que hacen a pulso. Con la inteligencia artificial y el boom que estamos viviendo, la empresa que no se monta en esa ola se va quedando atrás; pero más allá de la moda, lo importante no es la herramienta, es cómo transformar de verdad un proceso para que el negocio funcione mejor y sea rentable. Y en sostenibilidad lo veo por dos lados. Uno es la eficiencia: cuando la tecnología optimiza una operación logística —mejores rutas, menos desperdicio, menos vueltas en vano— ya estás siendo más sostenible, gastas menos y contaminas menos. El otro, para mí el más importante, es el social: generar empleo tecnológico de calidad aquí, en la costa, para que el talento no tenga que irse a buscarlo afuera. Esa es la sostenibilidad que a mí me quita el sueño.

Hoy los profesionales buscan un propósito más allá del salario. ¿Cómo define su estilo de dirección y cómo logra motivar a estas nuevas generaciones?

Doy mucha autonomía y soy exigente, esa es la base. Pero la verdad es que a la gente de hoy no la mueve el sueldo solamente, la mueve el reto, sentir que son parte de algo grande y que lo que hacen sí importa. Por eso en Ihungo abrimos las puertas al conocimiento y construimos las cosas entre todos, cocreando, no a punta de dar instrucciones. Acá lo distinto es acompañar sin ahogar. Damos la dirección, marcamos el foco y quitamos los obstáculos del camino, pero dejamos que cada uno corra con lo suyo y sea dueño de lo que hace. Al final no dirigimos cargos, acompañamos personas. Y cuando la gente se siente dueña, no hay quien la pare.

¿Cómo define su estilo de dirección y cómo logra motivar a estas nuevas generaciones?

Doy mucha autonomía y soy exigente, esa es la base. Pero la verdad es que a la gente de hoy no la mueve el sueldo solamente, la mueve el reto, sentir que son parte de algo grande y que lo que hacen sí importa. Por eso en Ihungo abrimos las puertas al conocimiento y construimos las cosas entre todos, cocreando, no a punta de dar instrucciones. Acá lo distinto es acompañar sin ahogar. Damos la dirección, marcamos el foco y quitamos los obstáculos del camino, pero dejamos que cada uno corra con lo suyo y sea dueño de lo que hace. Al final no dirigimos cargos, acompañamos personas. Y cuando la gente se siente dueña, no hay quien la pare.

Raudy Machacón, CEO de Ihungo.
Raudy Machacón, CEO de Ihungo.

¿Cuáles son las mayores oportunidades que los jóvenes empresarios están capitalizando hoy en la región Caribe y que el sector tradicional no debería perder de vista?

La oportunidad más grande es que hoy, por primera vez, un joven puede construir desde aquí y venderle al mundo sin pedirle permiso a nadie. La tecnología igualó la cancha: con IA y las herramientas de hoy, la barrera para crear y competir es más baja que nunca. Lo que antes solo estaba al alcance de una empresa grande en otro país, hoy lo podemos hacer desde la costa. La segunda gran oportunidad son todas esas industrias tradicionales que nadie ha digitalizado bien todavía. Ahí hay un mundo por hacer. Pero ojo, porque hoy con IA cualquiera puede hacer software, pero no cualquiera puede hacer un producto. La IA es un multiplicador, si el negocio está mal parado, no lo arregla, lo empeora. Por eso la clave no es la herramienta, es hacerse las preguntas correctas primero: qué problema resuelvo y para quién.

Lo que el sector tradicional no debería perder de vista es que esta ola no va a esperar a que estemos listos. La próxima gran empresa de tecnología de Colombia puede nacer acá en la costa. La pregunta es si vamos a ser nosotros los que la construyan, o los que vimos pasar la oportunidad.

¿Cuál es el legado que aspira a dejar en el tejido empresarial de Bolívar y qué consejo le daría a un joven que teme formalizar su idea de negocio?

No me interesa que la gente se acuerde de mi nombre. Lo que quiero es que el legado trascienda en el ecosistema, que dentro de unos años se note el aporte que hicimos para que la tecnología creada desde aquí llegara a ser global. Que quede el rastro de las acciones, no el nombre de una persona. Al joven que tiene miedo de formalizar le diría que formalizar no es un trámite, es un paso enorme, es empezar a operar de verdad como empresa. El día que te legalizas dejas de ser una idea y te vuelves algo serio, con lo que otros pueden trabajar, incluso por fuera del país. Esa formalidad es la que te abre las puertas grandes; sin ella, muchas oportunidades pasan por el frente. Así que no le tengas miedo, es justo lo que abre las puertas a grandes oportunidades. Al final, la idea imperfecta en movimiento siempre le gana a la perfecta que se quedó guardada por miedo.

Y si algo tengo que decir al cerrar, es que nada de esto lo he hecho solo. Mi papá, mi mamá, mi familia y mi equipo de trabajo son la base de todo lo que soy y de lo que hemos construido. Como dice Phil Jackson, “la fuerza del equipo es cada miembro, y la fuerza de cada miembro es el equipo”. Ese es el verdadero cimiento: solo no se llega lejos, se llega en equipo.

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