
Un rascacielos perfectamente simétrico, un símbolo de disciplina y eficiencia, una construcción a la vanguardia, hecha de concreto y vidrio y llena de secretarios, gerentes y administrativos: ese es el clásico edificio de oficinas, un tipo de construcción que llegó a Colombia durante el siglo XX y que se ha convertido en un capital valioso para el sector empresarial del país.
Como su nombre lo indica, una torre empresarial es un edificio dedicado exclusivamente al desarrollo de la actividad comercial de una o varias compañías. Con frecuencia, solo albergan la parte gerencial, contable y administrativa de las empresas en cuestión, las cuales tienden a desempeñarse en actividades relacionadas con un mismo sector económico. Es una opción especialmente atractiva para las multinacionales.
Según cifras del último Censo de Edificaciones del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE), para el tercer trimestre de 2019 se comenzaron a trabajar 118.523 metros cuadrados nuevos de áreas de oficinas en 14 áreas urbanas colombianas, lo que representa un incremento del 53 % respecto del mismo período del 2018 y una participación del 12,2 % respecto del total de áreas en desarrollo. En otras palabras, el sector sigue creciendo, generando ingresos y albergando a más y más empresas.
En cuanto al área de oficinas culminada, esta ocupa 194.520 metros cuadrados de un total de 3.848.638, lo que representa un 5,05 %. Ese porcentaje podría ser aún mayor en los próximos años: el DANE registra que solo en el 2019 se aprobaron 371.485 otros metros cuadrados y hay 1.231.950 en construcción. La entidad también afirma que el sector de las construcciones genera alrededor de 52 mil empleos anuales y registra alrededor de 1’580.342 trabajadores, equivalente a un 7 % la tasa de ocupación total.
El concepto
No siempre es posible reacomodar edificios antiguos a todas las necesidades de las empresas. Lo que es deseable y suficiente en una habitación residencial, por ejemplo, no lo será para una oficina. La infraestructura debe ser capaz de soportar toda una serie de modificaciones que permitan crear un espacio de trabajo agradable, como buena iluminación y refrigeración, áreas centrales grandes y una organización espacial clara y bien definida.“Cada edificio tiene diferentes especificaciones establecidas en los códigos de construcción. Si vamos a comparar un complejo de apartamentos con uno de oficinas, habrá diferencias en aspectos como la disponibilidad de parqueaderos o el tipo de áreas comunes que necesiten”, afirma Fernando Araújo Perdomo, ingeniero civil, especialista en análisis y diseño de estructuras, con más de cuarenta años de experiencia en el sector de la construcción.
Araújo Perdomo puntualiza que “un edificio de oficinas no necesitará áreas como piscinas o salones para fiestas, pero sí requerirá de cafeterías internas y salas para juntas. En el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Cartagena y el Código de Construcciones (Acuerdo 45 de 1990) se especifican las áreas donde pueden construirse este tipo de edificaciones y las especificaciones que se deben tener en cuenta para cada caso particular”.
Mercado local
Con el tiempo, en los edificio de oficinas se empezó a tener en cuenta los nuevos adelantos en materia tecnología, negocios, ergonomía y ecología, llegando a la forma bajo la cual los conocemos hoy. En Cartagena hay 62.653 metros cuadrados de área de oficinas en construcción, y 11.000 terminados, la tercera superficie más amplia después de las bodegas y los comercios, según el DANE.
Sin embargo, para el ingeniero Fernando Araújo el mercado de oficinas cartagenero sigue siendo “muy reducido en comparación con ciudades como Bogotá, donde sí hay proyectos de inversión privada extranjera” que aprovechan esos edificios, así como una mayor superficie dedicada a ellos (105.953 metros cuadrados).
El edificio de oficinas llegó a Colombia en los años 20, con la arquitectura minimalista y cuadriculada propia de la Escuela de Chicago, la que fuera responsable por la apariencia de los primeros rascacielos de Estados Unidos. “El edificio de oficinas emerge sobre las trazas de las ciudades coloniales en solares irregulares producto de la adición o subdivisión de predios”, afirma Juan Carlos Aguilera Rojas, docente de urbanismo de la Universidad Nacional, en su libro “Arquitectura en Colombia”.
Muy pronto, “los avances tecnológicos (ascensor, estructura metálica y teléfono) modificaron el perfil de la ciudad. El resultado es una ciudad paramentada, de andenes estrechos y edificaciones con alturas que pueden alcanzar los 12 pisos”, puntualiza Aguilera.
En comparación con las edificaciones barrocas, de unas pocas plantas e infraestructura difícil de modificar que dominaban a Colombia, el edificio de oficinas poseía “una planta baja con un acceso claramente definido y jerarquizado y locales comerciales. Las plantas superiores estaban caracterizadas por la eficiencia en la circulación gracias a la disposición de los puntos fijos (escalera y ascensor) y la iluminación lograda por pequeños patios o retrocesos en la fachada al interior de la manzana”.
