El mundo de la moda es tan volátil como su nombre lo indica. Lo que hoy ‘luce’ bien, mañana no, sea porque los gustos de los consumidores cambian o porque los diseñadores y las marcas tratan de imponer nuevas tendencias. Es una industria que siempre está cambiando y creciendo, especialmente desde los años 90, cuando llegó el concepto de fast-fashion o ‘moda rápida’, la antesala de la obsolescencia programada del sistema capitalista.
Las tendencias en moda que eran vigentes por décadas, como las minifaldas de los 60 o los pantalones bota campana de los 70, ya no existen. El fast-fashion impuso colecciones de prendas para varios meses y por temporadas, con lo que se producen toneladas de ropa que solo está “in” durante unas semanas, es de baja calidad y prácticamente se desecha al poco tiempo. Es evidente que es una estrategia para explotar aún más el bolsillo y la psicología del consumidor, pero lo que definitivamente hace indeseable a esta forma de producción es su enorme impacto sobre el medioambiente. Le puede interesar: El impacto de la industria de la moda en el planeta.
La carga sobre el planeta
La ONU, Greenpeace y la Environmental Protection Agency (EPA) de los Estados Unidos han señalado en varias ocasiones que el modelo de producción del fast-fashion y de la industria de la moda en general, se ha convertido en uno de los más contaminantes.
De acuerdo con la EPA, la cantidad de residuos textiles por año aumentó en un 811% entre 1960 y 2015, pasando de 1.760 a 16.060 toneladas. Hoy día se estima que la producción mundial de ropa está entre las 80 mil millones y 150 mil millones de piezas al año.
A esto hay que agregarle el uso del poliéster o poliestireno, el cual representa el 50% del mercado de las fibras textiles. Al lavar la ropa, este se desgaja en microplásticos no biodegradables que van a parar a los ríos y mares del mundo, acumulándose en la cadena trófica. Su presencia, junto a la tendencia a mezclar varios materiales en la confección, también convierte a la mayoría de las prendas desechadas en basura imposible de reciclar.
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De acuerdo con cifras de la ONU, la industria de la moda produce hasta el 10% de las emisiones globales de CO2 (agravado porque todos los excedentes de producción se queman) y un 20% de las aguas residuales del planeta, además, es la segunda actividad económica que más consume agua en el mundo.
En un reporte del 2017, la fundación Ellen McArthur, dedicada a la economía circular, estimó que la industria de la moda utiliza alrededor de 93 billones de litros de agua al año. La ONU detalla que un kilogramo de algodón requiere entre 10 mil y 20 mil litros del preciado líquido; teñir la ropa requiere entre 6 y 9 mil billones de litros.
Todo esto sin mencionar la cantidad de químicos (pesticidas, insecticidas, tinturas) y de energía que se necesita para satisfacer esta demanda de producción, así como el impacto que tiene sobre la vida de muchos trabajadores en los países en desarrollo. Para reducir costos, la industria de la moda se vale de naciones con pocas o bajas regulaciones laborales, especialmente China, India y el sureste asiático.
¿Qué hacer?
En contraposición al fast-fashion se ha propuesto el slow-fashion (moda lenta), concepto ideado por la académica y activista inglesa Kate Fletcher. La comunicadora e investigadora de la Universidad de Murcia, Carmen Zaragoza Sánchez lo describe como un movimiento que busca “utilizar materiales y productos químicos que no sean dañinos, consumir productos más duraderos y de mayor calidad, incentivar la producción local, mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras de la industria, educar a la población para que pasen de un consumo desmesurado a uno ético y responsable y encontrar alternativas al uso de los recursos limitados del planeta, entre otros”. Puede leer: Así puede vestirse sin contaminar y sin gastar mucho dinero.
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Algunas acciones que usted podría tomar como consumidor contra el fast-fashion son:
- Informarse sobre las prácticas laborales y de fabricación de las marcas que compra.
- No comprar ropa hecha con poliestireno.
- Preferir las prendas de algodón orgánico
- Escoger a los productores pequeños o locales.
- No comprar más ropa de la que necesita.
- No desechar a la basura sin antes considerar qué impacto podría tener.