Las deficiencias de los bachilleres colombianos al llegar a la universidad

No es poco el porcentaje de jóvenes cuya educación escolar no fue suficiente para llegar con paso firme a la universidad.

Desde que Colombia comenzó a participar en el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) en el año 2006, la historia se ha repetido una y otra vez: el país obtiene resultados mediocres, que están muy por debajo del promedio mundial. Más aún, es importante tener en cuenta que las pruebas se aplican a jóvenes de noveno grado, estudiantes que están a poco de terminar su educación: resultados como esos indican que tienen un rezago de deficiencias básicas, difíciles de corregir en los dos años que les restan en la educación escolar.

Los resultados de las pruebas estatales tampoco presentan un panorama alentador. Según el informe más reciente del Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (Icfes), durante el 2021, ninguno de los puntajes globales de las Entidades Territoriales Certificadas (ETC) del país llegó al 60% (300 sobre 500), siendo el máximo de 285. Eso significa que los bachilleres del país, en general, obtuvieron puntajes mediocres en sus propias pruebas de Estado y que es así como llegan a las universidades del país.

Según Bleidys Polo García, psicóloga y magíster en educación, el problema no reside únicamente en asuntos de cobertura o de calidad, sino también en la manera cómo se enseña en las escuelas. En términos generales, los primíparos llegan mal preparados para asuntos relacionados con el pensamiento estructurado, el análisis crítico y la comunicación eficiente, pilares de la educación universitaria.

Es tal la situación que en muchas instituciones se ha vuelto una medida estándar que los estudiantes nuevos matriculen cursos nivelatorios, para intentar cubrir las falencias que traen desde el colegio, particularmente en dos competencias que son útiles para todas las carreras: lectoescritura y matemáticas.

Las deficiencias de los bachilleres colombianos al llegar a la universidad

Problemas en lectoescritura

Una de las deficiencias más importantes está en el área de la lectura y la escritura: idealmente, los universitarios de primer semestre deberían ser hábiles para comprender qué dicen los materiales que les entregan, dar su opinión al respecto, hilar líneas argumentativas, hacer textos académicos básicos y formular análisis críticos, todo esto con buena ortografía y una redacción legible que respete los principios de la coherencia y la cohesión.

En la práctica, muchos estudiantes se sienten perdidos con los textos universitarios y les resulta difícil organizar sus ideas o redactar un escrito bien hecho.

De acuerdo con Polo García, “los libros escolares a los que estaban acostumbrados los estudiantes son de corta extensión y están elaborados para desarrollar un tema particular, por lo que predominan los textos narrativos. Entretanto, las lecturas en la universidad son especializadas, emplean un lenguaje técnico y ponen en marcha procesos de pensamiento encaminados a la recepción crítica del conocimiento, por lo que predomina el texto expositivo-argumentativo”.

La escuela poco hace para preparar al estudiante frente a este tipo de materiales, en los que predomina “una dimensión de análisis que requiere de una cierta experiencia de lectura”, anota la psicóloga. Leer bien, en general, (no solo literatura) y reconocer cómo se estructura cualquier texto a nivel morfosintáctico y semántico está directamente relacionado con el saber escribir: un estudiante que no se ha expuesto lo suficiente a los ensayos o a los reportes científicos difícilmente va a tener una idea clara de cómo realizarlos.

Como ya se mencionó, saber interpretar y redactar textos académicos es una habilidad transversal a todas las carreras universitarias, hasta las que no tienen que ver con las ciencias sociales. Por esto, las deficiencias en esta área “hoy se constituyen como uno de los factores que inciden de manera directa en la deserción académica en el marco de la educación superior”, explica Bleidys Polo. Le puede interesar: ‘Primiparos’ del país se rajan en ortografía, redacción y lectura.

Algunas investigaciones señalan que no existe correspondencia entre el tipo de conocimiento adquirido durante la secundaria y el requerido para el ingreso a la universidad”.

Bleidys Polo García

Problemas con las matemáticas

“Algunas investigaciones señalan que no existe correspondencia entre el tipo de conocimiento adquirido durante la secundaria y el requerido para el ingreso a la universidad, donde a nivel curricular se les exige a los estudiantes pasar del desarrollo operativo de cálculos (conocimiento declarativo) a un enfoque basado en la comprensión de la disciplina (conocimiento procedimental)”, señala Polo García.

El resultado es que muchos de ellos presentan “una tendencia generalizada para usar reglas, propiedades y definiciones tal como fueron inicialmente aprendidas pese a que existen otras formas más eficientes; conocimiento previo inapropiado relacionado con el uso de una regla conocida, la transferencia incorrecta de una regla para resolver un nuevo problema y la suposición de que en una regla general se puedan cambiar componentes”.

Dicho de otro modo, los estudiantes aprendieron la matemática escolar de memoria (con lagunas), pero tienen problemas a la hora de “pensar matemáticamente”, de concebir ellos mismos una situación cualquiera en términos de números o variables, utilizando las herramientas que les han dado para proponer sus propias soluciones y modelos frente a los experimentos, simulaciones o casos que investigan en la universidad. Si a esto les sumamos las deficiencias en lectoescritura, el resultado es que tampoco saben cómo presentar reportes satisfactorios sobre lo que han observado.

En suma

Los primíparos del país tienen dificultades a la hora de enfrentarse al ambiente universitario y de comprender adecuadamente la información que este les provee. A la larga, esto resulta en falta de motivación, en bajo rendimiento académico, en el abandono de sus responsabilidades y, eventualmente, en dos posibles caminos: la deserción o, si logran pasar sus estudios, en un futuro laboral precario. Puede leer: Cartagena sigue rezagada en la calidad de su educación.

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