Fue en 1973 que la reconocida crítica de arte, Marta Traba, lanzó una afirmación que movió los cimientos del arte y la cultura del país del momento. No sólo aseguró que el maestro payanés Édgar Negret era el mejor escultor del país y una pieza clave en las artes plásticas de América Latina, sino también que era uno de los más grandes del mundo.
Han pasado casi cuatro décadas desde que fue lanzada dicha afirmación y el trabajo, talento, dedicación del artista, así como el tiempo, le han dado la razón a la fallecida crítica, con las osadas e incesantes incursiones por las formas y los materiales, por las técnicas y el color, con sus fascinantes giros, entre encuentros y reencuentros en una propuesta moderna, pero con raíces o inspiraciones del pasado prehispánico.
Justo en la noche del día de su cumpleaños número 92, el jueves 11 de octubre a las 11:40 de la noche, la muerte tocó a su puerta en Bogotá, tras padecer diferentes dolencias en los últimos años, en especial un cáncer de vejiga que se extendió e inevitablemente hizo metástasis.
Durante la tarde del viernes, amigos, colegas, familiares y admiradores, le rindieron homenaje en la funeraria Cristo Rey en Bogotá, mientras que sus exequias se realizarán este sábado.
UN HOMBRE PRIVADO
Fue el décimo y último hijo de la familia encabezada por Rafael Negret Vivas, General del Ejército e historiador, y de María Dueñas Rodríguez, mujer de profunda religiosidad y aficionada a la pintura. Sin duda, dos fuertes influencias claves en su vida y en su construcción artística.
A sus 18 años de edad se trasladó desde su natal Popayán para estudiar en la Escuela de Bellas Artes en Cali, donde se especializó en escultura, y una década más tarde empezó a perfeccionar su arte con sus estudios en el Clay Club Sculpture Center de Nueva York, en donde aprendió de manera especial el ensamblaje de metales.
En la llamada ‘Capital del Mundo’, iniciando la década del cincuenta, tras una gran cantidad de intentos, ensayos y pruebas, Negret encuentró la clave que sería el punto de partida de sus conceptos artísticos al descubrir la nobleza y el poder del aluminio como material para sus creaciones.
Son ensambles únicos desde el yeso hasta el acero, en los que la técnica es visible, entre las tuercas y los tornillos, para más adelante darle paso al color, inspirado en las luces de las grandes ciudades, sus formas, sin dejar de rememorar el pasado y la tradición así como las figuras coloreadas en arena por los indios navajos de Estados Unidos.
En los sesenta, nuevamente radicado en Colombia, su propuesta volvió a dar un giro al comprometerse directamente con la realidad social, política e histórica del país, donde la inspiración provenía de una gran cantidad de fuentes, como la exhuberancia natural Andina, los mitos y el compromiso directo con las culturas prehispánicas de diferentes partes del continente.
Empezaron a aparecer las máscaras, los maíces, las fortalezas, los tempos, los tomes, los cóndores, los soles, así como las lunas y los anudamientos, sin dejar de lado su aproximación a la literatura con interesantes homenajes a Silva, Arguedas, Guimaraes y su admirado Rulfo.
Sus inquietudes artísticas y espíritu aventurero lo llevaron a vivir en París y Barcelona, ciudades en las que construyó obras muy particulares, en especial en su exploración por el campo de lo abstracto y su homenaje al arquitecto Gaudí, quien se convirtió en una de sus principales influencias creativas.
Pero como en toda vida creativa, siempre hay proyectos inconclusos o que sencillamente no pudo realizar, como el gigantesco monumento en honor al Libertador Simón Bolívar, que le fuera encargado por el Gobierno en los años ochenta.
Sin embargo, su revolucionaria propuesta para este proyecto encontró grandes opositores, por lo que sencillamente decidió desistir de la idea para, según él, ahorrarse la fatiga de enfrentarse a una serie de personajes que poco o nada saben de arte y que se oponían a las visiones históricas de Negret.
En 1993 se confirmó que padecía Alzheimer, reduciendo sus apariciones públicas y gran parte de su desarrollo creativo en su taller en Bogotá, pero sus obras, de décadas de trabajo, continuaron recorriendo salas de arte, galerías y museos, tanto en Colombia como en diferentes partes del mundo.
De hecho, Bogotá es una especie de galería Negret, pues imponentes y diversas obras se pueden ver en distintas zonas de la capital, como las dos que se encuentran por la Avenida El Dorado, la gran Mariposa que hizo parte del proyecto de rehabilitación de la plaza de San Victorino en pleno centro de Bogotá, una más en el Parque El Virrey y otra más en la Fundación Cardioinfantil hacen parte del paisaje urbano de la ciudad, aunque el maestro siempre lamentó la falta de cuidado y mantenimiento que se le daban a dichas esculturas.
Tras una vida concentrada en el arte, pues no tuvo descendencia, no estaba casado y sus hermanos fallecieron hacer algunos años atrás.
UN ADIÓS PARA NEGRET
Para el crítico de arte Eduardo Serrano, Negret fue pionero en el campo de la abstracción geométrica en Colombia, por lo que costó entender su obra.
“Fue extraordinario, exigente, elegante en sus formas, que no le interesó las corrientes artísticas del momento en Colombia y decidió forjar su propio camino”, explicó.
Una de las personas más afectadas por la partida de Édgar Negret ha sido Gloria Zea, la directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá, quien no sólo en innumerables ocasiones presentó las creaciones del artista payanés en las instalaciones del museo que dirige, también era uno de sus grandes amigos.
“Es una gran pérdida para la cultura colombiana, pero para mí es la pérdida de un gran amigo de toda la vida”, comentó Gloria Zea, quien recordó que tras su separación del también artista Fernando Botero se fue a vivir sola con sus tres pequeños hijos a Nueva York, y fue Negret quien le ayudó en ese duro proceso.
“Era un gran amigo, un hombre de pocos pero grandes amigos. Además, nunca fue de grandes fiestas, era introvertido, por lo que donde mejor la pasaba era en su propia casa”, comentó Gloria Zea.
No sólo lamentó su muerte, también el mal estado en el que se encuentran muchas de las obras del maestro Negret en distintas partes de Bogotá, en especial ‘La Mariposa’, que está ubicada en la plaza de San Victorino en el centro de la ciudad.
Te puede interesar: