La palabra ‘influencer’ aún no ha sido incluida dentro de nuestros diccionarios de la Real Academia Española (RAE), sin embargo dado su uso desmedido, la organización decidió agregarla al ‘Observatorio de palabras’, el lugar en el que reposan todas aquellas que si bien no aparecen en el diccionario, sus significados aún generan dudas. “Es un anglicismo usado en referencia a una persona con capacidad para influir sobre otras, principalmente a través de las redes sociales. Como alternativa en español se recomienda el uso de influyente”, lo que a su vez quiere decir “producir una persona o cosa ciertos efectos sobre otra”.
Influencers, influenciadores, tiktokers, instagramers, creadores de contenido, streamers y youtubers han colonizado el mundo digital a niveles impensables años atrás cuando el panorama era apenas dominado por unos cuantos que se atrevían a grabarse con la cámara del celular a modo experimental. Lo que nadie vio venir fue esta tanda de jóvenes que hoy por hoy agarran el sartén por el mango y se han apoderado de las redes sociales, un espacio que les pertenece por derecho cronológico.
Si hacemos la comparativa, las redes, especialmente aquellas más visuales como Instagram, son el reflejo de una vida inalcanzable, poco real y llena de filtros. El desayuno saludable, el brunch con amigas, la golden hour (hora dorada al atardecer), la rutina de gimnasio y las compras en el centro comercial son actividades que contribuyen a alcanzar una de las palabras más de moda en estos días: bienestar.
Sin embargo, y a pesar de que muchos interpretamos como poco nocivas estas dinámicas, si es cierto que al estar cada día más pegados a las pantallas de los celulares, existe una saturación de información que influye negativamente en cosas tan sencillas como ser capaces de separar la realidad de la ficción, entender que detrás de la foto posuda de una pareja hay discusiones, malentendidos y momentos de tensión. Lea también: Muere Tatiana Guevara, influencer que luchó contra la leucemia

Para Jair Vega, sociólogo y profesor de la Universidad del Norte, estos “influenciadores”, a quienes prefiere llamar “personas con seguidores”, “buscan mantener la atención y el morbo de sus seguidores (...) están vendiendo el espectáculo de sus propias vidas”.
En 1999 se estrenó en Colombia ‘El show de Truman’, una película de género comedia en la que un hombre lleva una vida convencional y tranquila sin saber que vive dentro de un set de televisión y que ha sido grabado desde el momento en que llegó al mundo. “Eso ha pasado también con ciertas personas que muestran casi que su día a día como un espectáculo, entonces hay una tendencia a querer saber qué pasa en el día a día de la vida de las personas”, enfatiza.
Realidades alternas
Detrás de un influenciador cuyo enfoque de contenido es el estilo de vida, la moda o mejor dicho el buen vivir, existe toda una estrategia estética, lo que quiere decir que probablemente su realidad no coincida con aquella vida idílica que proyecta.
No hay una correlación entre fama y bienestar, no hay una correlación entre fama y solidez económica”.
Jair Vega, sociólogo.
“Ellos crean un personaje de sí mismos y comienzan a moldearlo; yo creo que comienzan a jugar como una suerte de doble vida, la que venden todos los días para la red y la real que están viviendo”, reflexiona Vega.
El pasado 4 de enero falleció Carol Acosta, más conocida como ‘Killadamente’ en redes sociales, una popular creadora de contenido dominicana que durante años consolidó una robusta comunidad alrededor de su contenido. Al parecer, la influenciadora carecía de recursos económicos a pesar de su fama. Tras su muerte, su hermana solicitó ayuda para cubrir los costos fúnebres. “Mi hermana lo único que tenía era la fama; no tenía ahorros, casa ni carro. Ella se fue y lo único que dejó fue este dolor que tenemos nosotros en el corazón”, declaró. Lea también: El país que prohibió TikTok tras el homicidio de un menor
A los minutos de publicada la súplica, las redes sociales se llenaron de chistes de mal gusto y comentarios ofensivos hacia la familia de la mujer de 27 años, haciendo énfasis en la carencia de recursos pese al alcance que tenían sus videos, replicados miles de veces en redes como Instagram y Facebook.

Con el interés de sostenerse a sí mismos con las plataformas digitales, muchos influenciadores monetizan a través de las redes sociales pero algunos “comienzan a tener ingresos y se acostumbran a un nivel de gasto que a veces desborda las posibilidades”. Tras la tragedia de ‘Killadamente’, Jair Vega insiste en la necesidad de separar a la persona pública de la privada: “No hay una correlación entre fama y bienestar, no hay una correlación entre fama y solidez económica, no hay una correlación entre fama y felicidad. En otras palabras, la fama es algo intangible que, además, puede ser efímera”.
A la tragedia de la dominicana se suman muchas más de creadores que tras experimentar un momento desafortunado, no pueden sostener el engaño de una vida perfecta. Y esto no es propio de las redes sociales sino de la industria del entretenimiento.
Bien lo contó el actor colombiano Santiago Alarcón, conocido por las múltiples telenovelas en las que ha aparecido a lo largo de los años. Alarcón, en entrevista con el programa ‘The Juanpis Show’, reveló que tenía el bolsillo vacío a pesar de que su cara salía en todos los televisores. “Era un actor reconocido, pero no tenía ni para pagar la luz”.
“Mi personaje tomó una fuerza que nadie esperaba, pero a mí no me pagaban. Yo no cerraba capítulo. Cuando uno graba por capítulo debe cumplir cierto porcentaje de las escenas del capítulo para que lo paguen, pero yo no lo lograba (...) La gente me saludaba, pero yo no tenía plata. Una vez me tocó ajustar con monedas (...) La fama es una mentira”, contó.

