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Manzanares llora a Yeison Jiménez: relatos íntimos de quienes lo vieron crecer

Amigos de Yeison Jiménez en Manzanares evocan su infancia, su paso por Corabastos y la generosidad con la que regresaba a ayudar a su gente.

Manzanares llora a Yeison Jiménez: relatos íntimos de quienes lo vieron crecer

Yeison Jiménez siempre volvía a Manzanares para disfrutar de la compañía de familia y amigos.

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En Manzanares, Caldas, casi todos los habitantes guardan una historia personal con Yeison Jiménez. Porque, aunque en los últimos años se consolidó como uno de los grandes referentes de la música popular, su historia empezó a escribirse en medio de las carencias. La falta de recursos lo empujó a trabajar desde niño y a madurar con mayor rapidez sin olvidarse de las ganas de convertirse en cantante, a pesar de tener todo en su contra menos el talento.

Yeison Jiménez nació en Manzanares, un municipio cafetero ubicado a dos horas y media de Manizales, rodeado de montañas y descrito por sus habitantes como un pueblo acogedor. Entre esas laderas creció Yeison, un niño extrovertido que supo ganarse el cariño de la gente con su sola presencia. Desde los siete años participaba en concursos de canto, motivado, como él mismo contó en entrevistas, por los premios, pero sobre todo por el placer de cantar frente a un público que lo escuchaba con atención. Lea también: ¡Conmovedor! Caballos escoltaron las cenizas de Yeison Jiménez en Fusagasugá

Julián Gómez, conocido como ‘Cuyo’, fue uno de los primeros empresarios que impulsó su carrera y también uno de los amigos a los que Yeison buscaba cada vez que regresaba a Manzanares. Esas visitas, recuerda, terminaban en encuentros largos, conversaciones llenas de risas y un par de tragos a medida iba entrando la noche.

El niño de Manzanares

En el pueblo todavía se habla de aquel niño que, con apenas siete años, interpretaba canciones que no correspondían a su edad: La cruz de marihuana y Las monjitas, temas populares en ese entonces.

“Nosotros decíamos: ‘Uy, este niño cantando eso’. Obviamente verlo nos ponía muy felices porque cantaba como un grande”, recuerda Cuyo.

“No creo que pronto vuelva a existir un Yeison Jiménez”.

 Amigos de Yeison Jiménez.

Henry Giraldo, director de la emisora FM de Manzanares, también conserva esa imagen con nitidez. “Recuerdo que hice un concurso infantil donde participó y ocupó el segundo lugar. Yo sabía que tenía mucho talento. Aunque no era jurado, yo decía: ‘Este muchacho podría ganar’”. Giraldo, además de corresponsal de varios medios, es gestor social y lidera distintas obras comunitarias para las que suele invitar artistas. “Cuando empezó a cantar y a grabar su primera canción, me la llevó a la emisora. Comenzamos a sonarla, y le veíamos mucha madera”, cuenta.

“Él me decía: ‘Cuyo, yo voy a ser grande, güevón’”, recuerda.

 Julián 'Cuyo' Gómez, amigo de Yeison Jiménez.

Quienes lo trataron por años coinciden en una virtud del cantante: generoso pero silencioso. Compartía lo que tenía sin buscar aplausos ni la validación de otros del gremio; eran incontables las ayudas que le pedían y las veces en las que con generosidad extendió su mano para apoyar a alguien más. Lea también: “Agradezcan por sus papás”: las palabras de la hija de Yeison Jiménez en su despedida

Julián 'Cuyo' Gómez junto a Yeison Jiménez en un mirador en Manzanares, Caldas. //Cortesía.
Julián 'Cuyo' Gómez junto a Yeison Jiménez en un mirador en Manzanares, Caldas. //Cortesía.

Henry recuerda que, incluso cuando los compromisos le impedían asistir en persona, siempre encontraba la forma de apoyar. “Nunca olvidaré que me acompañó a la cárcel de Pensilvania, allí fue a cantar con nosotros. También a la cárcel de Manizales. Y a ese juego de las estrellas que hago cada año: ellos (cantantes) juegan un partido de fútbol, se encuentran con sus amigos, cantan una o dos canciones y con los fondos ayudamos a una obra social. Eso jamás se me olvida de él”.

“Yo voy a ser grande”: Yeison Jiménez

Con el tiempo, la vida de Yeison se complicó. Tras una crisis económica, su familia se mudó primero a Manizales y luego a Bogotá. En la capital trabajó vendiendo aguacates en Corabastos, donde, según cuentan, también se ganó el afecto de muchos comerciantes. “En la plaza de mercado empezamos a tener más contacto. Yo iba y lo visitaba. Él me decía que quería llegar muy lejos para ayudarle a su familia”, recuerda Cuyo.

Entre el ajetreo de una central de abastos y las charlas interminables, se fortaleció una certeza: Yeison no se imaginaba una vida sin música. Al terminar su jornada, el joven se iba a fondas de Kennedy y, aunque todavía era menor de edad, cantaba a cambio de poco dinero y de algo más importante para él, la oportunidad de ser escuchado.

“Él me decía: ‘Cuyo, yo voy a ser grande, güevón’”, recuerda.

Con el paso de los años, el nombre de Yeison Jiménez empezó a hacerse familiar. Ya no era solo él quien llegaba a los establecimientos, el público empezó a pedirlo. Así a través de noches de disfrute y eternas parrandas, se fue abriendo camino entre dueños de fondas, discotecas y fiestas. Lea también: Video: la emotiva despedida de Natalia Jiménez a Yeison Jiménez en Colombia

“A veces no le importaba cuánto le iban a pagar. A él solo le importaba subirse a una tarima y hacer lo que más disfrutaba”, dice Cuyo. “Yo le decía: ‘Mándeme su foto y lo montamos en el evento’. Él ni siquiera preguntaba cuánto le íbamos a pagar. Él solo quería estar ahí, quería que lo escucharan, que le dieran la oportunidad”.

Para Henry, Yeison Jiménez fue lo que uno podría llamar un “profeta en su propia tierra” porque los mananzareños además de disfrutarlo en sus presentaciones, se alegraban cada vez que se corría la noticia de que el artista estaba en el pueblo. “Si estaba en un restaurante y lo venían a saludar el dejaba de almorzar para poder atender bien a la persona”, recuerdan.

La última vez

El 26 de julio del año pasado, Yeison Jiménez dio un concierto histórico en el estadio El Campín, convirtiéndose en el primer artista de música popular en llenar un recinto de esa magnitud.

Yeison Jiménez junto a sus amigos de Manzanares. //Cortesía.
Yeison Jiménez junto a sus amigos de Manzanares. //Cortesía.

Días antes, estuvo en Manzanares. Pasó tres días con su familia y amigos. Para Cuyo, esa visita que terminó siendo la última, quedó marcada como un recuerdo que lo acompañará por toda la vida. Fueron noches de felicidad, comida, trago y muy buena música, pero sobre todo de cariño genuino. Si algo caracterizaba a Yeison Jiménez era que volvía a los lugares en donde había sido feliz y a veces esos lugares eran las personas de su pueblo que lo recibían como se recibe a un hijo agradecido que siempre vuelve.

“Es muy difícil llegar a pensar que pronto volvamos a ver a alguien así, con esa humildad, ese don de gente, esa generosidad. No creo que exista otro Yeison Jiménez”, dice.

Los manzanareños esperan recibir las cenizas de su hijo, de su vecino, de su amigo para despedirlo como se despide a los propios. “Queremos hacerle el último homenaje y ahí sí empezar el duelo”, dicen.

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