En medio del éxito de ‘La Reina del Flow 3’, el actor barranquillero Manolo Alzamora tiene una manera particular de explicar su trabajo: para él, actuar es jugar. No desde la ligereza, sino desde el disfrute profundo de un oficio que ha construido paso a paso y que hoy vive con la misma pasión de sus inicios.
Se define como un “producto de la vida bohemia”. En medio del rock and roll y la música alternativa que marcaban la vida de sus padres, nació él. “Mis padres me tuvieron muy jóvenes: mi papá tenía 26 años y mi mamá 21. Después de vivir su etapa rockanrolera, mi padre se enamoró del mundo de los medios de comunicación y nos fuimos a Bogotá. Yo nací en Barranquilla, pero cuando él empezó a trabajar en Caracol Televisión nos trasladamos a la capital. Empezaron a hacer comerciales; era la manera que tenían, como padres jóvenes, de salir adelante”, cuenta.
Tras ese primer acercamiento al mundo de la televisión, Manolo empezó a mostrar sus primeros dotes frente a las cámaras. Incluso se recuerda haciendo las veces de periodista infantil en ese mismo canal. Años más tarde regresó a Barranquilla junto a su padre, Manuel Alzamora, y tuvo un nuevo acercamiento a los medios, esta vez desde la plataforma YouTube.
“Yo ingresé a una escuela donde me formé como fotógrafo y videógrafo. Aprendí a editar para entender la narrativa. Había elementos del juego, de la actuación. En el colegio hice un par de obras de teatro y desde el principio quería ser actor, pero no sabía realmente lo que significaba serlo. Me fui afinando en la fotografía hasta un punto en el que pasé más tiempo detrás de la cámara que delante de ella”.

Se pulió tanto como fotógrafo y videógrafo que, mientras se formaba como Comunicador Social y Periodista en la Universidad del Norte, empezó a trabajar con artistas como Camilo Echeverry y la familia Montaner. “Yo viajaba con ellos. Mientras estudiaba comunicación, estaba en los Latin Grammy, en Las Vegas, con Camilo, y fue una locura. Siempre estuvo ahí el arte”, recuerda.
Actuar como un juego: la filosofía de Manolo Alzamora
El barranquillero, hoy de 29 años, evoca una conversación con su padre en la playa, en la que este le preguntó si realmente quería dedicarse a la actuación. Fue tan reveladora que decidió perseguir ese sueño y viajar a Los Ángeles, Estados Unidos, con sus ahorros.
“Me fui cuatro meses a Los Ángeles. Ingresé a la Stella Adler Academy of Acting, una de las escuelas de actuación más prestigiosas del mundo. Logré obtener una beca del 100 %. En esta escuela se formaron actores como Robert De Niro, Marlon Brando, Mark Ruffalo y Benicio del Toro”, cuenta.
En medio de esa experiencia, Manolo Alzamora confirmó que quería seguir actuando, que lo disfrutaba y que deseaba continuar preparándose. “Hice los trámites de mi visa para quedarme dos años en Los Ángeles por el amor que me despertó la actuación cuando entendí lo que realmente significaba: la profundidad de la exploración, la introspección y el trabajo de empatía que exige interpretar un personaje. Una de las frases más célebres de Stella Adler es ‘grows as an actor, grows as a human being’: crece como actor, crece como ser humano. Y es completamente cierto. Cuando trabajas personajes ficticios, en paralelo estás explorando partes desconocidas de ti”, reflexiona.

El sueño de formarse como actor también tuvo momentos difíciles, pero la fuerza de su convicción y la pasión por el oficio lo impulsaban cada mañana a continuar. “Tras dos años trabajando, estudiando, recogiendo platos en un restaurante, estudiando y tirando líneas de Shakespeare, sentí que estaba listo para audicionar”, recuerda.
Así, tras varias audiciones, logró su primer proyecto: Escupiré sobre sus tumbas, una producción de Caracol Televisión estrenada en 2024. Más tarde participó en La huésped y, en medio de las grabaciones, le llegó el personaje de Jerónimo Vallejo en La Reina del Flow 3.
“Cuando leí la descripción del personaje me pareció súper interesante porque era algo completamente ajeno a lo que había hecho antes y también a la música de La Reina del Flow. Era un antagonista, un poco loquito de la cabeza, y eso me pareció súper chévere. Además, implicaba un gran reto actoral, porque siendo costeño debía interpretar a un paisa”, destaca.

Talento Caribe
El actor deja claro que la actuación es el eje central de su carrera artística, al integrar su experiencia en comunicación, imagen y narración con una búsqueda constante de autenticidad interpretativa.
Celebra con orgullo el talento joven que se está formando en Barranquilla y en el Caribe colombiano. “Creo que es importante visibilizarlo. Siempre se dice ‘no hay actores costeños’, y sí los hay. Están en las nuevas generaciones”, afirma.
Admira y reconoce como referentes a uno de sus grandes amigos, el también actor Juan Fernando Sánchez, y a su padre. “De mi papá admiro su templanza y su gran corazón. Él no es actor, pero al final todos estamos en este juego con las herramientas que tenemos. Yo lo que quiero es no perder nunca la pasión, no perder nunca la humildad y nunca dejar de estar agradecido”.
Manolo Alzamora es un apasionado por las artes: disfruta leer, ver series, jugar ajedrez y, por supuesto, actuar desde el juego, como él mismo lo define. “Esto se trata de jugar, ¿sabes? En el momento en que se pierde el juego, no queda nada más. Los actores somos jugadores profesionales”, concluye.

