El periodismo latino perdió a uno de sus reporteros más combativos. Raúl Benoit, referente de la investigación televisiva en español, falleció este viernes 30 de enero en Miami a los 65 años, tras complicaciones derivadas de un accidente cerebrovascular y la enfermedad de Parkinson.
La noticia fue confirmada por su hijo, Felipe Benoit, quien informó que el comunicador murió en paz, rodeado de su familia. El mensaje se difundió rápidamente entre colegas, excompañeros de redacción y televidentes que durante décadas siguieron sus reportajes.
Con su partida se va una voz incómoda para el poder, de esas que no negociaban preguntas ni bajaban la mirada frente a los temas difíciles.
¿Quién era Raúl Benoit?
Benoit nació en Cali y empezó en el oficio cuando todavía era un adolescente. A los 13 años ya colaboraba en la sección Gente Joven del diario El País, una señal temprana de que el periodismo no sería un trabajo pasajero, sino un proyecto de vida. Lea: Querido periodista anunció su adiós a Noticias Caracol: “Cierro un ciclo”
Más adelante pasó por la radio, con programas en Caracol, fundó publicaciones escolares y universitarias y comenzó a moverse entre prensa escrita y televisión. En los años 80 se vinculó a Colprensa y colaboró con la revista Cromos, donde fortaleció su perfil como reportero de calle y cronista de temas sociales.

El salto internacional llegó con su entrada a Univision, especialmente como parte del equipo de investigación del programa Aquí y Ahora, uno de los espacios más influyentes de la televisión hispana en Estados Unidos. Allí se consolidó como un rostro reconocido del periodismo investigativo.
Su sello fue claro: historias duras, expedientes incómodos y denuncias que tocaban intereses pesados.
Benoit investigó durante años la infiltración del narcotráfico en la política colombiana, las alianzas entre carteles y grupos armados ilegales y las redes de corrupción que operaban en silencio. Fue pionero en llevar esos temas a la televisión masiva cuando aún eran terreno peligroso incluso para la prensa escrita.
Ese trabajo tuvo consecuencias. Recibió amenazas, enfrentó atentados y vivió episodios de extrema violencia. Según su entorno, fue víctima de un secuestro y sobrevivió a intentos de asesinato. En el año 2000, uno de sus escoltas murió en un ataque.
La presión fue tal que terminó saliendo del país. El exilio en Estados Unidos no fue una elección profesional, sino una medida de protección para él y su familia.

La batalla personal de Raúl Benoit contra la enfermedad
Cuando parecía que ya había superado los años más duros del conflicto, la vida le puso otro obstáculo.
En 2015 sufrió un accidente cerebrovascular en Florida que casi le cuesta la vida. Permaneció en coma y las secuelas fueron severas: dificultades motoras, problemas del habla y una lenta rehabilitación. Con el tiempo fue diagnosticado con Parkinson, condición que deterioró progresivamente su salud.
El propio Benoit relató en redes sociales lo que significó ese episodio. Contó que durante meses no podía comunicarse ni entender su entorno y que sintió que había perdido el control de su cuerpo.
Aun así, intentó mantenerse conectado con su audiencia. En 2019 reapareció públicamente para compartir avances en su recuperación y reflexiones sobre su nueva etapa. También enfrentó el COVID-19, lo que complicó todavía más su estado.
Finalmente, la enfermedad lo obligó a retirarse del ejercicio activo del periodismo.

La trayectoria de Benoit abarcó más de cinco décadas en medios de Colombia, México y Estados Unidos. Fue reportero, presentador, columnista y autor de libros, siempre enfocado en temas de interés público y denuncia social.
En 1987 recibió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar por sus investigaciones sobre narcotráfico y violencia, un reconocimiento que consolidó su prestigio dentro del gremio.
Quienes trabajaron con él lo recuerdan como insistente, riguroso y terco en el mejor sentido: de los que no soltaba una historia hasta tenerla completa. Lea: Periodista pierde la vida al caer del tercer piso mientras huía de ladrones
Su muerte deja un vacío en la televisión hispana y en una generación de periodistas que entendió el oficio como servicio público, incluso cuando eso significaba jugarse la vida.

