Más de tres décadas después de la muerte de Pablo Escobar, su figura sigue generando controversia, especialmente cuando artistas internacionales realizan gestos que se interpretan como admiración hacia el exjefe del Cartel de Medellín. Esta vez, la polémica involucra al rapero canadiense Drake.

El artista, uno de los más influyentes y escuchados del mundo, compartió en sus historias de Instagram imágenes que sugieren que adquirió una gorra que habría pertenecido a Escobar. Según la revista estadounidense Complex, Drake compró la prenda a través de una subasta en eBay a un usuario identificado como “pabloescobarestate”.
El valor pagado habría sido de 75.000 dólares —más de 275 millones de pesos colombianos— por una gorra verde de los Boston Celtics, tradicional equipo de la NBA. La subasta se habría cerrado en diciembre.
En las fotografías publicadas por el rapero se observa la gorra sobre un escritorio, acompañada de otros objetos que supuestamente pertenecieron al capo, entre ellos un escudo de Atlético Nacional. Otra imagen muestra a Escobar usando una gorra similar.
Rechazo a compra de Drake
Aunque en Estados Unidos el hecho no ha generado mayor indignación —incluso algunos usuarios dudan de la autenticidad del objeto— en Medellín el tema suele despertar rechazo. En la ciudad, cualquier referencia que pueda interpretarse como homenaje al narcotraficante es vista como una ofensa a las víctimas de la violencia que marcó al país en los años ochenta y noventa.
No es la primera vez que artistas extranjeros enfrentan críticas por alusiones a Escobar. En 2016, el reguetonero J Álvarez fue cuestionado por usar una camiseta con el apellido Escobar durante la Feria de las Flores. Tras un llamado de atención del entonces alcalde Federico Gutiérrez, el cantante ofreció disculpas públicas. Un año después, Wiz Khalifa también generó controversia al visitar la tumba del narcotraficante y publicar fotografías en redes sociales, lo que fue calificado por las autoridades como “apología al delito”.
Ahora, con Drake en el centro del debate, vuelve a plantearse la discusión sobre los límites entre el coleccionismo, la cultura pop y el respeto por la memoria histórica de una ciudad que aún carga con las heridas del narcotráfico.

