Hay voces que no nacen para gritar, sino para que su voz sea escuchada sin prisa, con serenidad y sobre todo con la mente dispuesta a pensar distinto. Voces que llegan despacio, como quien toca la puerta con cuidado, pero una vez entran, ya no se van. La de Virginia Petro De León es una de esas.

Su historia no empieza en las redes, ni en una feria del libro, ni en una firma multitudinaria. Empieza en la sabana, en el calor espeso de Córdoba, en la intimidad de un cuaderno y en la certeza de una niña que, sin saberlo, ya estaba encontrando su lugar en el mundo. “No hay nada que me haga sentir más orgullosa que ser de la sabana cordobesa, una mujer costeña que creció en un pueblo”, dice, y en esa frase cabe todo: la raíz, la memoria, la identidad.
Virginia nació en Mateo Gómez, un pueblo situado en el departamento de Córdoba, Colombia. Empezó a escribir “como a los 7 u 8 años”, cuando todavía las palabras eran un juego y no un refugio. En el colegio, recuerda, había una revista en la que “intentaba meter poemas y una que otra cosa”. Era un impulso casi instintivo, como si escribir fuera la forma más natural de ordenar el mundo.
Con el tiempo, llegaron las lecturas, los cursos, los intentos fallidos y también los aciertos. “Fue encontrando el tono de lo que me gusta”, cuenta. Hoy ese tono se mueve entre la poesía y el cuento, entre lo íntimo y lo político, entre lo que duele y lo que incomoda.
Porque si algo define su escritura es esa capacidad de decir lo que otros callan. Virginia no le teme a los temas complejos: habla de política, de racismo, de amor. Todo cabe en su universo, incluso cuando parece que no. “Con el tiempo se han ido dejando de lado temas porque son tabú, pero ya es tiempo de hablarlos y cambiarlos”, afirma al tiempo que revela que aunque siempre se sintió llamada por las letras, estudió para ser política, ahora entiende que todo tiene política. “El amor es político, todo tiene algo de política y eso se ve en mi escritura”
Virginia logra que en medio de una charla amena comiencen a flotar temas profundos, “Por ejemplo en tiktok yo te doy un chiste y, cuando te das cuenta, ¡zaz! te estoy hablando de racismo”. Su apuesta es clara: encontrar las palabras justas para nombrar lo que muchas veces evitamos. “Nos privamos de decir las cosas porque creemos que el otro no nos va a entender, y resulta que sí”.

No ha sido un camino fácil. Ella misma lo reconoce sin adornos: “El éxito está en el error”. En esa frase hay una declaración de principios, pero también una confesión. Porque detrás de cada logro hay incertidumbre, dudas, momentos en los que todo parece tambalearse. “Es abrumador, en ocasiones, si uno siente que no va por buen camino”, admite. Sin embargo, hay algo que la sostiene: la convicción de que está hablando desde un lugar honesto. “Ojalá cada escritor pueda sentir que está llegando al público correcto”, dice, como quien sabe que escribir también es una forma de encontrar compañía.
Su primer libro fue, en sus palabras, un acto de desnudez total. “En el primer libro estoy desnudita todo el tiempo. A veces nos cuesta decir en voz alta lo que nos duele, y eso está bien, es válido, pero eso pasó. Me costó mucho escribirlo, pero lo logré”. Ese ejercicio de vulnerabilidad se profundiza en su segundo trabajo, atravesado por una pérdida personal: la muerte de su tía. “Hay poemas muy ligados a un duelo que he venido atravesando desde el año pasado. Falleció mi tía María Dolores que era un ser humano maravilloso, y me di la libertad de hablar de eso, de la muerte, del dolor. Mi familia lo ha recibido con la misma tristeza con la que yo lo recibí y es un sentimiento único”.
@anayvirginia ‘Me dijeron que amara con la boca llena de barro y sal’ ya está disponible para que lo puedan leer en cualquier parte del mundo. Gracias Virginita por darme el honor de escribir estas páginas y a ustedes por apoyarla y cumplirme el sueño de verla cumplir sus sueños 🧡 #anayvirginia #libros #amor #prologo ♬ What Was I Made For - s0ng4y0uu
Virginia y Anna: su comunidad de Tiktok
Y, sin embargo, su historia también tiene algo de azar. O de esos giros inesperados que cambian el rumbo. TikTok apareció así, casi por accidente. “TikTok fue otro golpe de suerte”, dice sin pretensiones. Ella había estudiado Ciencias Políticas, y su camino parecía ir por otro lado. “No voy a hacerme la que no vende pescado, porque sí. Yo le decía a Ana que quería salir en TV y Novelas, en Vogue… eran sueños. Pero hicimos un video normalito y se volvió trend”. Virginia relata que Anna fue quien la motivó a seguirlo intentando “¿Qué tal y si este era el camino para poder escribir?”. Lo que siguió fue un descubrimiento: una audiencia, una comunidad, una posibilidad real de vivir de lo que ama.

En ese proceso, hay un nombre que aparece una y otra vez: Ana. Su pareja, su cómplice, su sostén. “He tenido una suerte enorme, pero también ha sido fruto de un trabajo enorme. Ana ha trabajado durísimo en promover este nuevo libro y tenemos una audiencia amorosa”. Pero más allá del trabajo, hay una ética del cuidado. “Antes de 5, 20 o 100 seguidores, somos ella y yo, así que intentamos mantenernos bien cuidadas la una a la otra”. En un mundo donde la exposición puede devorarlo todo, ellas han decidido no perderse.
Virginia Petro De León no escribe para agradar. Escribe para decir. Para abrir grietas. Para recordarnos que incluso lo más cotidiano está atravesado por lo político, por la historia, por el dolor y por el amor. Y tal vez por eso su voz resuena porque no pretende ser perfecta, sino verdadera. Ha publicado dos libros: “Después del amor, nosotras” y “Me dijeron que amara con la boca llena de barro y sal”.

El próximo 25 de abril, a las 2 de la tarde, estará en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, en el auditorio José Asunción Silva. Y lo dice con la misma cercanía con la que escribe: “Tranquilos, que yo le meto turbo y todos salen con su libro firmado”.
Porque al final, eso es Virginia: una mujer que escribe como quien abre el pecho, que habla como quien no quiere dejar nada sin decir, y que, desde la sabana cordobesa hasta las pantallas del mundo, sigue demostrando que hay poemas que reflejan cercanía, que te hacen vibrar. En pocas palabras sus textos no se leen, se sienten.

