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La tendencia digital del Estoicismo 2.0 y los riesgos de su desinformación

Entre algoritmos y ansiedad, el estoicismo resurge. Expertos advierten cómo diferenciar su sabiduría real de la desinformación digital.

La tendencia digital del Estoicismo 2.0 y los riesgos de su desinformación

La tendencia digital del Estoicismo 2.0 y los riesgos de su desinformación. //Foto: ilustración hecha con IA.

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Imaginemos, por un momento, las bulliciosas calles de Atenas hacia el año 300 a. C. Entre el aroma a salitre y el murmullo de los mercaderes que desembarcaban en el Puerto Pireo, un hombre que lo había perdido todo en un naufragio comenzaba a caminar bajo La Estoa Pecile o Pórtico Pintado, era Zenón de Citio, un hombre que no buscaba un consuelo efímero ni una receta de éxito inmediato; buscaba una verdad que el mar no pudiera arrebatarle. Así nació el estoicismo, no como una abstracción de biblioteca, sino como una caja de herramientas para un mundo en llamas.

Era la época helenística, un tiempo de transición donde la vieja seguridad de la polis griega se desmoronaba ante el avance de los imperios, dejando al individuo a la intemperie de la historia. En ese vacío, la filosofía dio un giro hacia algo mucho más íntimo: si no puedo controlar el contexto hostil, debo controlar cómo respondo ante él, así lo explica el filósofo Vladimir Urueta: “Esta filosofía nace en una época de transición... Zenón de Citio funda esta doctrina filosófica en unas circunstancias que podríamos catalogar como de crisis del mundo griego, crisis a nivel cultural, crisis a nivel político... donde el griego ya pierde el horizonte que le brindaba la vida en común”.

Hoy, más de dos mil años después, el eco de esas sandalias sobre el mármol está resonando de una manera muy particular a través de nuestras pantallas de cristal líquido. Actualmente vivimos en un siglo XXI que, al igual que el de Zenón, se siente hostil, fragmentado y veloz. El individuo moderno, abrumado por una “sociedad del cansancio” que con un exceso de estímulos, problemas y responsabilidades llega a nublarle el juicio, busca en el dominio de sí mismo una forma de navegar esta tormenta, “Puede ser una salida a la desesperanza de estos tiempos. Es decir, que ante lo adverso de la realidad sentimos que no queda otro camino que aceptarla con resignación”, explica Graciela Franco, decana de la Dirección de Humanidades de la Universidad Tecnológica de Bolívar. Lea: Ikigai: claves de la filosofía japonesa para una vida con propósito

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Sin embargo, en este viaje del ágora al algoritmo, la sabiduría de los antiguos ha encontrado un nuevo y peligroso filtro: la desinformación digital.

Puede ser una salida a la desesperanza de estos tiempos. Es decir, que ante lo adverso de la realidad sentimos que no queda otro camino que aceptarla con resignación”.

 Graciela Franco, decana de la Dirección de Humanidades de la Universidad Tecnológica de Bolívar.

El riesgo de la caricatura

El estoicismo ha saltado de los tratados de Séneca, Marco Aurelio o Epicteto directamente a los reels de Instagram y TikTok. En estas plataformas, la filosofía se presenta a menudo bajo una estética de productividad implacable. No obstante, la academia advierte sobre la ligereza de esta moda. Franco es clara también al respecto: “En ocasiones, entre esa autoayuda se cuelan unas interpretaciones reduccionistas, que terminan siendo incluso una caricatura del estoicismo. Ahí, por supuesto, se presenta de manera distorsionada”.

Esta distorsión digital promueve mitos que desvirtúan la esencia de la escuela. Se nos vende un estoicismo de “coaching”, reducido a frases motivacionales que prometen calma imperturbable a cambio de reprimir lo que nos hace humanos. Y añade: “El riesgo es que ese estoicismo de mercado, que es el que muchas veces circula en redes sociales, nos haga creer que todo depende exclusivamente de nosotros, de nuestra actitud, ignorando las condiciones de injusticia o de precariedad en las que viven muchas personas”.

El peligro se duplica cuando se intenta usar la filosofía como un parche para problemas de salud mental. Vladimir Urueta, docente de la Universidad de Cartagena, lo advierte con contundencia: “El estoicismo no es una receta de cocina (...) creer que repetir alguna frase de un filósofo famoso y hacerla motivacional va a curar un desequilibrio químico o una depresión profunda es peligroso. El estoicismo ayuda a fortalecer el carácter, pero nunca debe reemplazar la atención profesional capacitada”. El estoicismo real no busca anular el sentimiento, sino usar la razón para entender y encauzar las pasiones.

Busto de Marco Aurelio. //Foto: Gliptoteca de Múnich.
Busto de Marco Aurelio. //Foto: Gliptoteca de Múnich.

El mito de la resignación

Uno de los mayores malentendidos de esta tendencia es creer que ser estoico implica aceptar cualquier injusticia con los brazos cruzados o resignarse. Se ha popularizado la imagen del estoico como alguien gélido, egoísta e indiferente al dolor ajeno. Nada más alejado de la realidad histórica. Como bien afirma Urueta: “Las posturas del estoico no llevan a la mera resignación. El estoico también hace críticas, también hace propuestas políticas. El estoico aboga por reformas a nivel social, a nivel político. Los estoicos se concebían como ciudadanos del mundo, como cosmopolitas”.

Esta visión comunitaria es fundamental. Los estoicos originales pedían abolir la esclavitud, defendían la emancipación de la mujer y proponían un trato digno hacia los niños. Su ética no era un manual de aislamiento, sino un compromiso con la justicia. Urueta subraya que estas ideas “todavía son relevantes en un siglo como en el que estamos viviendo, un siglo en donde se ponen barreras físicas, se construyen muros o se imponen otro tipo de barreras como pasaportes y visas”.

Por su parte, Graciela Franco enfatiza que el enfoque individualista moderno rompe el tejido social: “Al centrar toda la responsabilidad en el individuo, se rompen aún más los frágiles lazos solidarios de nuestra sociedad, cada vez más indiferente a los proyectos y a las luchas comunes... hay situaciones que tienen que ver con la realidad material y no simplemente con la actitud de la persona”. Para los verdaderos estoicos, la virtud personal carecía de sentido si no se ponía al servicio del bien común.

El regreso a las fuentes

Para quien busque en el pórtico una brújula genuina, la invitación de los expertos es a volver a la raíz. No basta con el resumen masticado de un influencer. Como señala Graciela Franco: “El estoicismo, como toda la reflexión filosófica, ayuda genuinamente, mientras que lo consideremos como parte de los elementos para cultivar una mirada crítica sobre la vida y la sociedad. Vale la pena leer a los clásicos y a algunos autores contemporáneos”. Ella recomienda expandir el horizonte hacia pensadores como Adela Cortina, Byung-Chul Han o Michael Sandel para no perder la perspectiva social.

Incluso Vladimir Urueta nos recuerda que la búsqueda de la felicidad estoica, o eudaimonía, no es un estado de placer pasivo: “La felicidad está precisamente en poder lograr ese dominio de sí mismo, en ser o cultivar la propia virtud, en ser autosuficientes... intentar vivir conforme a la naturaleza”. Es un ejercicio diario de discernimiento: saber qué depende de nosotros y qué no, pero teniendo el coraje de actuar sobre lo primero. Lea: ¿Por qué todos están viendo frutinovelas? el trend que acumula millones de vistas

El estoicismo no es una venda para los ojos ante los problemas del mundo, sino una luz para verlos con mayor claridad. Es, en última instancia, una invitación a construir una “ciudadela interior” no para esconderse, sino para fortalecerse y salir al mundo con integridad.

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