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Karen Lizarazo, la voz femenina que se ganó un lugar en el vallenato

“La Patrona del Vallenato” recordó cómo una guitarra y las enseñanzas de su abuela en Aguachica marcaron el inicio de su camino musical.

Karen Lizarazo, la voz femenina que se ganó un lugar en el vallenato

Karen Lizarazo: la fuerza detrás del acordeón. // Cortesía

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Karen Lizarazo todavía recuerda a aquella niña de siete años que, con una guitarra entre las manos, soñaba desde Aguachica, Cesar, con cantarle al mundo. Antes de los escenarios multitudinarios, de los discos y del reconocimiento como una de las mujeres más importantes del vallenato actual, existió una pequeña que aprendió a amar la música escuchando boleros, rancheras y tangos junto a su abuela.

Karen Lizarazo: la fuerza detrás del acordeón. // Cortesía
Karen Lizarazo: la fuerza detrás del acordeón. // Cortesía

Hoy, el público la conoce como “La Patrona del Vallenato”, un título que ella no escogió, pero que terminó abrazando con orgullo porque nació de la gente y del camino que abrió en un género históricamente dominado por hombres. “Yo soy fan de lo genuino, de lo natural, y este es un apodo que me puso la gente”, dice Karen durante una conversación cargada de honestidad, recuerdos y gratitud.

Karen es una mujer que no intenta mostrarse perfecta. Por el contrario, se reconoce constantemente como aprendiz. Mientras cuenta su historia, vuelve una y otra vez a la niña que empezó a construir su destino casi sin darse cuenta. “Yo comencé en el mundo de la música teniendo siete añitos. Cogí mi guitarra, me fui a un curso con un profe en mi pueblo, Aguachica, y empecé a aprender boleros, rancheras y tangos”, recuerda.

Su gran maestra fue su abuela, a quien llama con cariño “mi nonita”. Fue ella quien sembró en Karen el amor por la música colombiana y por las canciones que parecían demasiado adultas para una niña. “Mi abuela inculcó en mis venas, en mi corazón y en mi alma el amor por la música colombiana. Yo no escuchaba música de peladitos”, cuenta entre risas.

Aquella escena resultaba extraña para muchos: ver a una niña interpretando canciones de cantina mientras otros niños escuchaban música juvenil. Pero Karen siguió adelante, aferrada a una pasión que ya parecía inevitable. A los 14 años, su vida cambió cuando descubrió el vallenato de Kaleth Morales. Allí encontró una nueva ruta.

“Me enamoré de la música de Kaleth cuando él sale a romper con la juventud y deja un precedente en el vallenato nueva ola. Ahí inicio yo en el vallenato”, apunta.

Con el apoyo de sus padres, empezó a cantar en pequeños eventos y fiestas de pueblo. Después se mudó a Bucaramanga para estudiar, mientras continuaba buscando espacios para demostrar que una mujer también podía abrirse camino en el vallenato.

Sin embargo, el recorrido estuvo lejos de ser fácil.

Karen Lizarazo cuenta cómo se abrió camino en el vallenato. // Diseño de Guillermo Navarro - El Universal
Karen Lizarazo cuenta cómo se abrió camino en el vallenato. // Diseño de Guillermo Navarro - El Universal

Karen Lizarazo: “Simplemente vallenato”

“Al comienzo fue bastante ‘heavy’. Yo empecé a enfrentarme al machismo. No había nadie más. Llegó Patricia Teherán, luego Adriana Lucía y después pasaron muchísimos años para que otra mujer volviera a cantar vallenato”, afirma. Karen recuerda esos años como una batalla constante. Muchas veces sintió que estaba empujando sola una puerta que se resistía a abrirse.

“Yo dije: hasta que no lo logre, no me voy de esto”, expresa con firmeza. Con el tiempo, encontró que otras mujeres también estaban luchando por un espacio en la escena vallenata y eso le devolvió la esperanza. Ya no se sentía sola luchando por abrir espacio para las nuevas generaciones. “Si Patricia Teherán dejó la puerta medio abierta, nosotras debemos abrir un portón para que nadie pueda volverlo a cerrar”, asegura.

La cantante habla del vallenato femenino no desde la rivalidad, sino desde la unión. Sueña con un momento en el que no sea necesario diferenciar entre hombres y mujeres dentro del género. “Algún día no será vallenato femenino ni vallenato masculino. Será simplemente vallenato”, señala.

Esa convicción también la llevó a pensar en las niñas que hoy sueñan con cantar como ella. “Paguémosles todos los peajes necesarios para que cuando ellas pasen no se los cobren”, dice en una de las frases más contundentes de la conversación.

Detrás de la artista fuerte y decidida también existe una mujer profundamente espiritual. Karen reconoce que durante mucho tiempo los comentarios negativos la afectaban más de lo que estaba dispuesta a admitir. “Antes me daba muy mala vida. Si veía algo negativo hasta se me dañaba el almuerzo. ¡Era increíble!”, confiesa.

Pero asegura que su conexión con Dios transformó por completo la manera en que enfrenta la exposición pública y las redes sociales. “Hoy en día, cuando veo algo negativo, primero pienso: ‘¿Eso me define?’. Si no me define, entonces lo pongo en manos de Dios y no dejo que entre a mi corazón”.

Esa filosofía también atraviesa su música y su carrera artística. Para ella, el verdadero éxito no está solamente en los premios o en la fama, sino en el impacto que pueda generar en otras personas.

Nuevo lanzamiento de Karen Lizarazo

Precisamente esa visión profunda acompaña su nuevo álbum, un proyecto personal que estuvo marcado por momentos difíciles. Karen soñaba con llamarlo “La Patrona”, como una manera de abrazar definitivamente el nombre que el público le regaló, pero al finalizarlo notó que “el álbum ya había elegido su nombre”.

El proceso de grabación coincidió con uno de los momentos más dolorosos de su vida: la enfermedad y posterior fallecimiento de su abuela. “Durante la grabación del álbum falleció mi abuelita. Estuvo varias semanas en UCI”, cuenta con nostalgia.

Además, tomó la decisión de mudarse a Valledupar para reconectarse con las raíces más auténticas del vallenato. Allí entendió que este disco debía regresar al sonido con el que sus seguidores la conocieron: “Yo me abría mucho más a fusionar el vallenato con cualquier cosa, pero en esta ocasión quise darle de comer al hambriento y de beber al sediento. El público de Karen Lizarazo tenía hambre de escuchar a la Karen que empezó cantando vallenato criollo”.

La niña de Aguachica que cantaba tangos y rancheras junto a su abuela nunca dejó de existir. Solo aprendió a convertirse, paso a paso, en la mujer que hoy inspira a cientos de niñas que sueñan con abrirse camino en el vallenato.

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