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¿Concierto o liturgia contemporánea? La consagración artística de Rosalía en el Lux Tour

Más que un concierto, el Lux Tour es una galería de arte viva. Con orquesta sinfónica y guiños artísticos, Rosalía convierte la arena en un ritual íntimo y conmovedor sobre la feminidad.

¿Concierto o liturgia contemporánea? La consagración artística de Rosalía en el Lux Tour

¿Concierto o liturgia contemporánea? La consagración artística de Rosalía en el Lux Tour. //Foto: @rosalia.vt.

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Llamarle simplemente “concierto” a la nueva propuesta de Rosalía es caer en -–como ella misma dice— una narrativa reduccionista. Quienes la hemos acompañado en su trayectoria —desde la disruptiva crudeza de sus primeras eras, pasando por el minimalismo de pantallas del Motomami Tour en 2022 y su paso por el Estéreo Picnic en 2023— sabíamos que la vara estaba alta. Sin embargo, lo que la catalana despliega en el Lux Tour (2026) es su apuesta más ambiciosa, arriesgada y monumental hasta la fecha: una obra conceptual de cuatro movimientos que funciona como una galería de arte viva y un sistema ritual contemporáneo.

Bajo la milimétrica dirección creativa de su hermana Pilar Vila, ‘La Pili’, la dirección de arte de Israel Barranco y el vestuario de Stefano Gallici, Rosalía no ofrece un show para las masas; ofrece una experiencia de sanación e introspección inmensamente conmovedora que te hace sentir en intimidad y calidez a pesar de estar compartiendo la arena con cientos de miles de personas. Cada centavo de la entrada queda justificado ante un despliegue de doble escenario, bailarines, utilería conceptual y una imponente orquesta sinfónica que la acompaña a nivel global. Lea: Cancelan homenaje a Rosalía en Argentina tras polémica en redes sociales

//Foto: @rosalia.vt.
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La arquitectura del ritual

Si analizamos el espectáculo desde una perspectiva simbólica y espacial, la disposición rompe con las dinámicas tradicionales del pop. El escenario no busca sólo la visibilidad; replica la lógica arquitectónica de una iglesia. En este espacio centralizado y circular, el cuerpo de la artista ocupa el lugar del coro, la zona reservada históricamente para quienes mediaban entre lo humano y lo divino.

Aquí, el humo no es un efecto decorativo; remite directamente al incensario eclesiástico o turíbulo diseñado para purificar el espacio. Este ambiente denso y sagrado alcanza su clímax cuando el botafumeiro pende hipnóticamente del techo, mientras resuena la demoledora frase “Aquí el mejor artista es Dios” (un rescate de su tema ‘CUUUUuuuuuute’). Es el eco del Renacimiento reinterpretado: si en el siglo XV el arte estaba condicionado como un vehículo de fe por encargo de la Iglesia, en 2026 Rosalía utiliza los códigos de la fe para emancipar su propio arte, su feminidad y su espiritualidad.

//Foto: @rosalia.vt.
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Anatomía del Espectáculo: Los Cuatro Movimientos

  • Movimiento I: La Revelación

El show arranca destruyendo la ilusión del entretenimiento plástico. No nos recibe un telón tradicional, sino un lienzo invertido. Rosalía no hace una entrada convencional: aparece contenida y empacada dentro de una estructura, casi como una caja de resguardo o una reliquia divina que es desvelada ante los ojos del espectador. Es la lógica de la pintura clásica.

En esta primera etapa habita la fragilidad etérea y la pureza. Vestida como una bailarina que danza en puntas, la puesta en escena evoca directamente los cuadros de Edgar Degas y las líneas del Ballet de San Francisco en El lago de los cisnes. La cumbre de este bloque llega cuando, al cantar en más de 14 idiomas, interpreta la conmovedora ‘Mio Cristo Piange Diamanti’. Cubierta por un velo, su imagen se transforma en una virgen dolorosa que llora, emulando la estética de la Esperanza Macarena de Sevilla o la Virgen de los Dolores. Un instante donde el pecho se aprieta y uno se siente verdaderamente bendecido por lo que está atestiguando.

//Foto: @rosalia.vt.
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  • Movimiento II: El Conflicto

La liturgia inmaculada se ensucia violentamente. Pasamos de lo sagrado a un choque brutal de deconstrucción urbana, reggaetón y tecno industrial. El lienzo se abre para dar paso a la oscuridad profana de un rave berlinés en el tema ‘Berghain’.

Aquí, el universo sombrío de Francisco de Goya se hace presente. Rosalía transita de la virgen al diablo, adoptando la iconografía del macho cabrío del cuadro El Aquelarre. La figura masculina se presenta como el elemento destructor de la divinidad femenina, complementado visualmente con guiños a El retrato de la duquesa de Alba y La maja vestida. Con un look negro donde se entrevé su ropa interior, Rosalía y el caos perfecto de sus bailarines transforman la arena en una catarsis de carne, pecado y sudor.

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  • Movimiento III: La Caída y la Expiación

Vuelve el blanco, vuelve la necesidad de redención. En este bloque, la cantante aborda las complejidades de la fama y el peso de ser expuesta como un objeto de contemplación. Durante ‘Can’t Take My Eyes Off You’, se mimetiza con la Mona Lisa, aludiendo directamente a lo que significa pasar la vida siendo vista y admirada por el ojo ajeno.

Posteriormente, durante la interpretación de ‘La Perla’, adopta un estilismo que evoca a Eva Green en la película ‘The Dreamers’, que a su vez se inspira en la Venus de Milo: un discurso bellísimo sobre lo que nos es arrebatado. El clímax histórico llega con la reinterpretación moderna de Las Meninas de Diego Velázquez. Luciendo una peluca empolvada y un guardainfante del siglo XVII —prenda utilizada históricamente por las mujeres para ocultar sus embarazos—, Rosalía canta piezas como ‘Dios es un stalker’, ‘La rumba del perdón’ y un ‘Saoko’ con una actitud absolutamente disruptiva, muy al estilo de una María Antonieta moderna que busca desesperadamente la expiación.

//Foto: @rosalia.vt.
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  • Movimiento IV: La Ascensión

El tramo final es una explosión lumínica de mambo, dembow y pop, pero cargada de una profunda reflexión existencial. La Victoria de Samotracia y la diosa Nike se hacen tangibles cuando la artista emerge luciendo unas imponentes alas como símbolo de triunfo creativo.

Sin embargo, el desenlace elude el camino fácil del triunfo absoluto. En un giro brillante sobre la fragilidad humana, sobre el escenario comienzan a flotar plumas mientras Rosalía recrea de forma física el mito de Dédalo e Ícaro: una caída coreografiada donde el fracaso no se lee como una tragedia, sino como la consecuencia inevitable de haber intentado tocar el cielo y trascender. El concierto cierra el telón con el tono fúnebre, cinemático y limpio de ‘Magnolias’. Envuelta en una capa de encaje, nos canta cómo imagina el día de su propio funeral. El viaje ha terminado: pasamos por el cielo, por el infierno, el pecado, la libertad y el amor propio.

//Foto: @rosalia.vt.
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Lux es, en última instancia, una tesis artística y conceptual sobre cómo se viven la espiritualidad, el dolor, el deseo y el arte a través del cuerpo femenino a lo largo de la historia. A pesar de la escala monumental de la producción, Rosalía logra desnudar su vida personal y sus tránsitos más íntimos, transformándolos en símbolos universales que trascienden el tiempo y el espacio de la propia arena. No le teme a la vulnerabilidad ni al silencio, dos elementos casi extintos en las giras de estadios contemporáneas. Lea: ¿Quién será el actor del que habló Juliana? redes estallan tras su confesionario con Rosalía

Al final del día, lo que presenciamos en el Lux Tour no es solo la consolidación de una estrella global, sino un recordatorio del poder primitivo del arte, el de reunir a miles de desconocidos en un mismo espacio no solo para entretenerse, sino para comulgar. Quien entra a esta gira buscando simplemente éxitos radiales se topa, en cambio, participando en un ritual colectivo inmensamente introspectivo. Es un show que nos pone a reflexionar profundamente sobre nuestra propia existencia en este mundo, nuestro papel a través del tiempo y cómo habitamos nuestra propia fe. Salir de allí con la extraña, hermosa y conmovedora sensación de haber sanado algo en el pecho es la prueba definitiva de que lo de Rosalía es mucho más que solo música; es una bendición estética de la que hemos sido afortunados testigos.

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