Interpretar a un personaje que hace parte del imaginario literario de millones de lectores no es una tarea sencilla. Mucho menos cuando se trata de Fernanda del Carpio, una mujer marcada por la rigidez, las tradiciones, el control y, al mismo tiempo, por una profunda capacidad de amar que pocas veces consigue expresar. Para Laura Taylor, darle vida en la adaptación de Cien años de soledad significó enfrentarse a un personaje lleno de contradicciones y descubrir, detrás de su aparente frialdad, una mujer profundamente emocional.
“Siempre me gustan los personajes que me reten”, contó Taylor al hablar sobre lo que encontró de especial en Fernanda. Para la actriz, uno de los mayores atractivos estuvo precisamente en esas capas que permiten que un personaje pueda ser amado u odiado por el público, pero que también tenga razones detrás de sus comportamientos.
Laura asegura que Fernanda siente mucho, aunque no sabe demostrarlo. Su manera de amar está atravesada por aquello que aprendió desde pequeña. “Ella ama a su manera, ama desde donde le enseñaron, desde el deber, desde el control”, explicó.
La conexión de Laura con Fernanda comenzó incluso antes de saber que tendría el papel. Cuando recibió el material para el casting, tuvo una sensación poco habitual: inmediatamente supo que quería interpretar a ese personaje.
“Este personaje es mío”, pensó en ese momento. Después leyó el libro y confirmó que quería asumir el reto. Cuando finalmente recibió la noticia de que había sido elegida, la emoción fue total.
Para construir a Fernanda, la actriz encontró claves tanto en la novela de Gabriel García Márquez como en el acompañamiento de los directores y coaches de la producción. Uno de los aspectos que más trabajó fue mostrar el tránsito de una joven de 18 años, criada bajo estrictas doctrinas y en un convento, que llega a un mundo completamente diferente.
En esa primera etapa, Laura buscó conservar en Fernanda cierta inocencia. Una joven que todavía cree que puede construir una familia y cumplir con todo aquello que le enseñaron. Con el paso del tiempo, esa inocencia se transforma.
La actriz también utilizó elementos físicos para construir al personaje. El origen de Fernanda, su crianza y el ambiente frío del páramo ayudaron a definir una postura corporal más rígida y contenida.
Para Laura, Fernanda es una mujer que necesita aparentar que todo está bajo control, incluso cuando su mundo se está desmoronando. Esa necesidad de mantener las apariencias se convirtió en una herramienta fundamental para construirla.
Humanizar a una mujer llena de contradicciones: el reto de Fernanda de Carpio
Uno de los mayores desafíos para Taylor fue encontrar el equilibrio. No quería presentar desde el comienzo a una Fernanda completamente rígida, fría o estricta. Su intención era permitirle al público descubrir poco a poco la humanidad que existe detrás de sus decisiones.
“Creo que ese puede ser como, bueno, cómo le encontramos la humanidad y que la gente pueda empatizar realmente con ella”, explicó.
Ese ejercicio también terminó llevándola a mirarse a sí misma. Laura reconoce que existen diferencias importantes entre ella y Fernanda, pero también encontró algunas similitudes inesperadas. Se describe como una persona libre en muchos aspectos, aunque reservada y rígida en otros.
Incluso admite que le gustaría quedarse con algunas características del personaje, como su disciplina y su rigor, siempre desde un equilibrio saludable.
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¿Quién es Laura Taylor?
La historia de Laura con la actuación comenzó de una manera curiosa. Aunque desde niña sentía fascinación por el cine clásico de Hollywood, también tenía pánico escénico y le costaba enfrentarse a las presentaciones escolares.
A los 12 años empezó a estudiar actuación y, con el tiempo, encontró en ella una forma de enfrentar esa timidez. A los 16 consiguió un papel en una película y posteriormente participó en un cortometraje. Más adelante viajó a Sudáfrica para estudiar cinematografía.
Laura nació en Sudáfrica, pero creció en Medellín. Allí estudió cinematografía durante tres años, mientras también trabajaba en una productora y recibía formación actoral. Sin embargo, una oportunidad laboral en Colombia la llevó a tomar una decisión que cambiaría su camino: dejó sus estudios y regresó al país para continuar con la actuación.
Hoy, después de interpretar a Fernanda, la actriz quiere seguir enfrentándose a personajes que la saquen de su zona de confort. Sueña especialmente con interpretar a una antagonista: una mujer que pueda despertar rechazo, pero que también tenga pequeñas grietas de vulnerabilidad.
Fuera de la actuación, Laura disfruta pintar, viajar, escuchar música y estar cerca de la naturaleza. También siente un profundo amor por los animales y conserva instrumentos que tocaba cuando era pequeña, con la intención de retomarlos algún día.
Su paso por Cien años de soledad no solo le permitió interpretar a uno de los personajes más complejos de la historia de García Márquez. También le dejó una reflexión sobre la importancia de mirar más allá de las apariencias.
Porque, detrás de la mujer rígida que intenta controlar cada detalle, Laura encontró a una Fernanda que siente, ama y sufre, aunque muchas veces no sepa cómo decirlo.
