Sebastián Osorio encarna a Aureliano Babilonia en la adaptación de ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez, producida por Netflix. Su personaje aparece en el tramo final de la historia y, además, tiene a su cargo la narración y el cierre de la serie. “Es un papel especialmente desafiante, con escenas en latín, francés, español e italiano”, confiesa.

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El Universal
Sebastián es un actor y modelo colombiano, de madre cartagenera y padre bogotano, que inició su travesía actoral a los 18 años, cuando obtuvo una beca para estudiar en la New York Film Academy. Posteriormente, completó su formación en el Maggie Flanigan Studio, también en Nueva York, donde recibió un entrenamiento integral enfocado en teatro y basado en la técnica Meisner.
Es recordado por sus participaciones en ‘Sombra de Pambelé’ (2017), ‘Paraíso blanco’ (2023), ‘Medusa’ (2025) y ‘Betty la Fea, la historia continúa’ (2024). Recientemente protagonizó una serie que narra una historia de amor y en la que interpretó a cuatro personajes distintos. También formó parte de la segunda temporada de ‘Medusa’, para Netflix.
Facetas conversó con él sobre el desafío de encarnar a uno de los personajes determinantes en el desenlace de ‘Cien años de soledad’, su preparación actoral y el momento que atraviesa su carrera.

Sebastián Osorio, el último Aureliano
- ¿En qué momento de tu infancia presentiste tu vocación por las artes escénicas y la actuación?
Realmente en mi infancia nunca pensé estudiar actuación porque era muy penoso, sin embargo, cuando visitaba a mi papá en su trabajo como director de series y novelas en Bogotá, me generaba mucha curiosidad el trabajo del actor y la relación con el director, ese extraño ritual en un set donde unos individuos vestidos y arreglados como otras personas, incluso con otros nombres, se reúnen con una especie de guía donde siguen construyendo estas identidades alternas y discuten sobre lo que va a suceder, para luego repetir esas mismas circunstancias muchas veces.
Me parecía como un estudio muy detallado del comportamiento humano y por eso empecé a interesarme en la actuación. A los 15 años hice un taller en Bogotá donde creció mi gusto por el arte y finalmente al graduarme del colegio tuve la oportunidad de participar en una serie sobre la vida de Pambelé. En ese momento me di cuenta que realmente quería hacer esto de por vida, pero tenía que estudiarlo.
- ¿Cómo transcurrió tu infancia? ¿Qué juegos, tiras cómicas, libros, canciones o películas te impactaron e influyeron en tu vida?
Recuerdo que siempre me gustó jugar a inventar personajes y mundos imaginarios. El cine siempre fue una puerta a esos mundos donde todo es posible. Me gustaba recrear escenas de mis películas favoritas. Las primeras que me marcaron fueron ‘El libro de la selva’, ‘La historia sin fin’, ‘Shrek’, ‘Harry Potter’, ‘Star Wars’ y ‘El señor de los anillos’, entre muchas otras.
También me obsesioné con las primeras películas de superhéroes que vi. Durante un tiempo iba al colegio disfrazado de Batman o jugaba a ser Spider-Man, recordando la famosa frase que su tío le dice antes de morir: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. En esos días vivía jugando a ser todos estos personajes, salvando vidas y luchando contra el mal, mientras mi abuela era la Mujer Maravilla y me ayudaba con todo.
- ¿Qué maestros fueron decisivos en la elección de tu vocación?
Sin lugar a dudas, mis padres son pilares en mi vida y también han sido maestros que me han guiado en el arte. Mi padre me enseñó el juego y la creatividad; despertó en mí mucha curiosidad y el gusto por el mundo en el que hoy me muevo. Mi madre es artista plástica e inculcó en mí el arte como un lenguaje indispensable para la vida. Mis abuelos, ambos escritores, inventaron mundos en los que luego descubrí el valor de las historias. En general, mi familia ha influido mucho en mi formación.
- ¿Qué recuerdas como momentos clave y trascendentales de tu formación en Estados Unidos?
Aprender diferentes teorías y ponerlas a prueba en las clases fue muy enriquecedor y divertido, porque era justo lo que quería vivir: conocer gente de todo el mundo y trabajar en proyectos audiovisuales con estudiantes de dirección.
Luego pasé al Maggie Flanigan Studio y ese cambio fue decisivo, porque es una escuela con una formación muy rigurosa y completa.
- ¿Qué virtudes y riesgos crees que implica ser elegido para interpretar un personaje en una serie o película?
Para interpretar un personaje y contar una historia es muy importante el trabajo en equipo, ser maleable y trabajar para el otro a través de la escucha activa. El riesgo es que a nadie le guste lo que haces, pero creo que la satisfacción de expresarte es mayor que el miedo. Como decía mi abuelo Nelson: “Hay que ser con miedo y no dejar de ser por miedo”.
- ¿Cómo fuiste escogido para encarnar al último de los Aurelianos en ‘Cien años de soledad’, de Netflix, y qué desafíos has enfrentado con este personaje?
Desde la primera temporada presenté casting para diferentes personajes y no quedé. Cuando empezaron a hacer el casting para la segunda temporada, presenté nuevamente varias pruebas y pasó mucho tiempo, así que pensé que ya no era una opción.
Por esa época me fui a estudiar un curso al exterior y, en la casa donde me estaba quedando, encontré una copia de ‘Cien años de soledad’ en inglés, así que decidí leerla. Al terminar el libro, me llamaron para decirme que había sido escogido. Fue muy especial.
El desafío más grande y, al mismo tiempo, más placentero fue encontrar los tonos del personaje bajo la dirección de Laura Mora, quien hizo un trabajo muy minucioso para recrear este mundo fantástico.
- ¿Qué películas te han emocionado e hipnotizado al punto de verlas una y otra vez con la misma fascinación de la primera vez?
‘Pulp Fiction’ siempre me emociona por sus diálogos y personajes impredecibles. También ‘The Big Lebowski’, por la irreverencia de The Dude; ‘Petróleo sangriento’ y ‘Gangs of New York’, por la actuación de Daniel Day-Lewis, y muchas otras que se me escapan.
¿Cómo te ves en diez años? ¿Qué retos aspiras a vivir como actor?
-Intento no pensar mucho en el futuro. Quiero enfocarme en el presente y, con suerte, seguiré rodeado de la gente que amo y haciendo lo que me gusta.
