Farándula

¿Qué revela ‘kinda chic’ sobre moda, lenguaje y consumo digital?

Un recorrido por los distintos significados de chic y por lo que su viralidad revela sobre moda, lenguaje, cultura y consumo digital.

¿Qué revela ‘kinda chic’ sobre moda, lenguaje y consumo digital?

Ser diferente también puede ser “chic”. La moda como expresión, identidad y libertad. //Foto: Ilustración.

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¿Existen términos que pertenezcan únicamente a la moda? ¿Puede la viralidad distorsionar conceptos ligados a la moda y a la estética? ¿Puede una tendencia en redes sociales transformar o vaciar de significado una palabra por la búsqueda de atención y de lo nuevo? Estas preguntas surgieron mientras pensaba en la palabra chic, que volvió a circular con fuerza gracias al kinda chic. La fórmula ya es reconocible: una imagen, la frase kinda chic en letras grandes y una situación que se quiere festejar. Y no me malinterpreten, qué mejor que celebrar. Pero ¿qué pasa cuando una palabra se repite tanto que empieza a convertirse en una plantilla?

Antes de este trend, ¿cuándo fue la última vez que escucharon la palabra chic? ¿Significaba lo mismo?

Cambridge la define como stylish o fashionable: algo estiloso, elegante o a la moda. Durante mucho tiempo apareció en revistas para describir atuendos, diseñadores o formas de llevar la ropa. Pero nunca tuvo un significado fijo. Chic no parece hablar solo de un objeto, sino también de una forma de presentarse.

En 1954, Audrey Hepburn fue descrita como icono de la moda y de lo chic. Sobre sus vestidos se decía que “si los hubiera llevado alguien sin chic, nunca se habrían convertido en un estilo”. ¿Es chic una forma de llevar la ropa? ¿Una actitud? ¿Una energía?

En 1978, la banda disco CHIC lanzó Le Freak. Su coro repetía: Le freak, c’est chic. Literalmente, algo cercano a “el freak es chic” o “volverse freak es chic”. La propia canción celebra la cultura disco y menciona espacios como Studio 54 y el Savoy. La expresión convierte lo freak, lo excéntrico, la fiesta, la vida nocturna y los disco en algo deseable y con estilo: ser diferente, soltarse y participar de esa cultura podía ser, precisamente, chic.

Ser diferente también puede ser “chic”. La moda como expresión, identidad y libertad. //Foto: Ilustración.
Ser diferente también puede ser “chic”. La moda como expresión, identidad y libertad. //Foto: Ilustración.

‘Kinda chic’: así una expresión viral refleja la cultura y el consumo digital

El MET de Nueva York le dedicó a Nan Kempner la exposición Nan Kempner: American Chic, e Yves Saint Laurent llegó a describirla como una de las mujeres más chic del mundo. ¿Será que lo chic también se construye con experiencia? Durante décadas asistió a desfiles y salones. Su clóset terminó leyéndose como un archivo de moda. Pero lo que más me interesa es la conciencia detrás de todo eso. Kempner decía: “Siempre me ha gustado que me miren y me esfuerzo por ello”. Casi nada era al azar.

Entonces me pregunto: quienes hoy se autodenominan chic, ¿tendrán un clóset que pueda convertirse en archivo? No por el precio de las prendas, sino por el criterio. Quizás ser chic también implique investigar, seleccionar y saber encarnar el propio estilo.

Más adelante, el boho chic tuvo auge con Mary-Kate y Ashley Olsen: capas, encajes, texturas, estampados y volúmenes amplios. Pero con The Row, la marca creada por las hermanas, lo chic parece ir en dirección contraria: minimalismo, discreción, formas limpias y detalles más ligados a la construcción que a la decoración. Incluso la restricción de fotografías en sus desfiles refuerza esa reserva. ¿Cómo pueden convivir bajo la misma palabra estéticas tan opuestas? Quizás lo chic no pertenezca a un único estilo.

Y cómo olvidar a las modelos de los noventa. No eran chic solo en pasarela. También lo eran en su estilo off-duty: jeans, camisetas, camisas blancas. Si buscamos “Kate Moss chic”, muchas imágenes son de ella en la calle. Entonces lo chic deja de ser únicamente lujo o formalidad. Puede ser bohemio, minimalista, casual o despreocupado.

¿Chic es un estilo? ¿Una vibra? ¿Una actitud? ¿Una forma de encarnar la ropa?

En el 2013, Colombia aparece una apropiación más cercana: el Caribbean Chic, término articulado por la escritora, historiadora y crítica de moda Vanessa Rosales para nombrar una sensibilidad estética del Caribe colombiano. Habla de una elegancia relajada: lino, algodón, movimiento y funcionalidad frente al clima. Pero va más allá de una apariencia tropical: entiende el Caribe como un territorio atravesado por memoria, migraciones, melancolía y exuberancia. Ahí la moda se vuelve una herramienta para estudiar territorio, historia e identidad. Chic no solo sirve para decir que algo “se ve bien”; también puede nombrar una sensibilidad cultural. Entonces, lo chic puede ser latino, cercano, colombiano.

Y entonces llegamos otra vez a las redes sociales.

Ser diferente también puede ser “chic”. La moda como expresión, identidad y libertad. //Foto: Ilustración.
Ser diferente también puede ser “chic”. La moda como expresión, identidad y libertad. //Foto: Ilustración.

Se ha aumentado el número de búsquedas en Google de la palabra chic, pero el aumento de búsquedas no necesariamente significa curiosidad por comprender su historia. A veces solo queremos entender la tendencia para participar en ella. Y también puede desaparecer, agotada por repetición.

Eso me hace pensar en la fatiga de tendencias. Una expresión puede pasar de novedosa a global, comercial y cansada en semanas. En ese proceso, el lenguaje también se vuelve contenido: rápido, reconocible y fácil de consumir.

En el kinda chic, además, la fórmula no solo describe una experiencia, sino que parece legitimarla. No basta con decir “me gusta comer sola”, sino “comer sola es kinda chic”. La experiencia pasa por una categoría estética para adquirir otro valor.

¿Será que cada vez necesitamos estetizar más nuestra vida para comunicarla? ¿Que una acción cotidiana se vuelve más interesante cuando puede ser nombrada con un lenguaje asociado a la moda?

Todas las generaciones crean modismos y códigos compartidos. La diferencia hoy puede estar en la velocidad y la escala. Tal vez el problema no sea que chic cambie. El lenguaje siempre cambia. La pregunta es qué ocurre cuando cambia tan rápido que dejamos de preguntarnos de dónde viene, qué significaba o por qué importaba.

Porque la moda puede hacer lo contrario a una plantilla. Puede obligarnos a investigar una palabra, mirar un archivo, entender por qué una silueta aparece en determinado momento o qué dice una prenda sobre una sociedad. La moda también puede ser una forma de estudiar a la humanidad.

Después de CHIC, Nan Kempner, Kate Moss, las Olsen y el Caribe colombiano, chic terminó convertida en una tipografía amarilla sobre una imagen.

¿Se vació de significado o estamos viendo, en tiempo real, otra transformación de una palabra que nunca dejó de cambiar?

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