Raimundo Angulo (Cartagena, 1944), dice que está vivo de milagro. Tiene 82 años y sigue trabajando con la misma pasión con que empezó a dirigir los destinos del Reinado Nacional de Belleza, en 1996. Impecable, todo de blanco, tiene una memoria de elefante, una vitalidad a prueba de tempestades y un gran sentido del humor. Víctima del Covid-19, permaneció entubado tres meses, perdió 40 kilos. “Me salvé de milagro. Me tocó aprender de nuevo a hablar y caminar. Y aquí estoy dando la batalla por el reinado”. El milagro es su pasión inagotable por lo que hace cada día de su vida, por el Concurso Nacional de Belleza y su proyección social en Cartagena y Colombia. Esa es la pasión que lo mantiene vivo.

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El UniversalRaimundo nació diez años después de la llegada a Cartagena del presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt y del presidente colombiano Enrique Olaya Herrera, quienes vinieron a inaugurar el Puerto de Cartagena en 1934. A raíz de ese acontecimiento, a los empresarios Ernesto Carlos Martelo y Daniel Lemaitre Tono, se les ocurrió la idea de crear un evento de proyección nacional e internacional, y nació el Concurso Nacional de Belleza. Desde hace 30 años, Raimundo es el presidente del Concurso Nacional de Belleza. Es el menor de tres hermanos. “Mi padre, de El Carmen de Bolívar, era un gran relacionista, lleno de amigos. Mi madre era tímida, pero una ejecutiva de miedo. Nací en la Clínica Vargas en Torices. Estudié en La Salle en su sede del Paseo Bolívar, e íbamos a la misa en San Pedro Claver, donde hice la Primera Comunión. Vivimos en el Cabrero, cuando el Cabrero era una comunidad. Y luego en Manga. Eran otros tiempos en los que íbamos descalzos al Centro. Mi padre iba en coche del Centro a la casa. Cuando veíamos llegar al cochero le decíamos: ¡Cochero, prende el radio! En aquel tiempo los cocheros no llevaban ningún radio”.
Raimundo Angulo, el hombre que vive por el reinado
El reinado nacional mantiene su tradición, su sentido humanístico, e incluye novedades en 2026, precisa Raimundo Angulo. Las 26 reinas que participan en el Reinado Nacional de Belleza llegan el sábado 8 de noviembre. La sede del concurso es el Hotel Hilton Cartagena. El 15 de noviembre se realizará el Concurso de Traje de Baño en el Hotel Hilton, el Premio Elegancia Primatela y se coronará a la Reina de la Policía. La coronación de la reina nacional es el 16 de noviembre en el Centro de Convenciones ‘Julio César Turbay Ayala’. El Concurso Nacional de Belleza participará el viernes 13 de noviembre, en el Desfile Náutico, con la Reina de la Independencia y los artistas invitados al evento. La diseñadora Ketty Tinoco ‘La Dama del Lino’ vestirá a las reinas de toda Colombia y a la Reina de la Independencia. El concurso se fortalece en su sostenibilidad. Está la reserva del Banco de la República con divisas de 17 mil millones de dólares, una suma que supera las del café.
Se mantiene la esencia social del reinado con nuevos aliados y gente nueva en su junta directiva. Una nueva propuesta es la elección de la reina colombiana en el exterior, integrando al país dentro y fuera, dentro de la agenda de “Colombia en el mundo”, que reafirma la misión social del evento.
Memoria de Cartagena
Raimundo Angulo dice que en las escuelas de Cartagena, las nuevas generaciones de cartageneros debieran leer dos libros claves como textos de la cátedra de la ciudad: “Cartagena de Indias: Una ciudad abierta al mundo” y “El sueño europeo en América Latina: Rafael Núñez y los caudillos ilustrados”, del historiador Alfonso Múnera Cavadía.
Raimundo recuerda a personajes curiosos, entrañables y estrafalarios de la Cartagena de su infancia y juventud: a un vecino de familia reconocida que enamoraba muchachas del servicio doméstico y abanicándose muy perfumado les decía en susurros. “Sígueme que te conviene”. Recuerda a los locos de su tiempo: Arturo El Loco, Peyeye, La Carioca- era la chepito de la época- que cobraba a gritos por las calles. Al inolvidable Enrique Púa, el famoso potroso de Manga, que recibía a personalidades del mundo en el aeropuerto para coleccionar autógrafos. Recuerda a Ramón León y B., jurista siempre de chaqueta; a Lácides Caparroso que tenía La Embajada, donde vendía la mejor avena con canela y la mejor empanada con huevo. Caparroso se arruinó al enamorarse de una peladita que le gustaban los casinos. Recordar lo lleva a ver una ciudad pequeña, humana, que se ha disipando como una niebla a través del tiempo. Dice que uno de los grandes privilegios de la vida es viajar. Cada país tiene su encanto para él: “Asia me encanta. Hay países pequeños organizados como Singapur. Japón es organizado. Filipinas es una belleza con desorden. Me gusta mucho Perú, Argentina”. Por razones de salud no volvió a viajar por el mundo y dejó de comer langostinos y tomates. Le pide permiso a su médico para ver a Macarena, su nieta que vive en Cali. Declara que una de sus grandes satisfacciones fue la de haber trabajado cerca de siete años ad honorem en la dirección del Teatro Adolfo Mejía.
La misteriosa belleza
Raimundo Angulo cuenta que una vez viajó desde Bogotá a Cartagena, con todas las reinas del concurso en el mismo avión con García Márquez y el escritor le dijo mirando a las reinas: “Rai, las preferimos hechas en la cama y no en el quirófano”. Está de acuerdo con el escritor y cree que pese a que la belleza es subjetiva “impacta cuando la ves”. Desde la primera reina coronada en 1934, Yolanda Emiliani Román hasta nuestros días, dice que prevalece no solo la belleza física, “sino el sentido social que nos une a través del concurso, el integrar a Colombia a través de la belleza, resaltando la belleza de la mujer con los principios y valores de la mujer colombiana”. El reinado trabaja con el apoyo de la Alcaldía y Gobernación de Bolívar, y respalda el sentido de las Fiestas de Independencia de Cartagena: “La fiesta que nos une”.
“Lo que festejamos en Cartagena no es solo la Independencia de la ciudad. Es la Independencia de Colombia”, dice.