El millonario exgobernador de Massachusetts Romney y el ferviente católico Rick Santorum luchan por ganar Ohio, trofeo de una jornada donde a nivel nacional hay unos 437 delegados en juego sobre los 1.144 que necesita un precandidato para asegurarse la investidura del partido.
En este estado clave ubicado en el corazón de una región industrial golpeada por la crisis, Romney y Santorum están virtualmente empatados, según los sondeos.
“Quiero un hombre de negocios, alguien que comprenda (las nociones de) pérdida y ganancia y que se encuentre en posición de luchar contra su adversario”, asegura Hank McCormick a la salida de la urna en un barrio de Columbus, capital de Ohio. El elector de 65 años afirmó haber votado por Romney, considerado como moderado entre los republicanos.
Harry Young votó por Santorum, pero este ingeniero de 60 años duda que alguno de los dos candidatos pueda imponerse al presidente Barack Obama, postulante a la reelección en noviembre, porque “se han dirigido muchos ataques el uno contra el otro”, lamentó.
Ohio, con 66 delegados sobre la mesa, es uno de esos bastiones políticos que no pertenecen a nadie, considerado históricamente un estado de indecisos o “swing state”, que en cada elección cambia de color político.
Mientras los electores votaban en Alaska, Georgia, Idaho, Massachusetts, Dakota del Norte, Ohio, Oklahoma, Tennessee, Vermont y Virginia, Romney, Santorum y Newt Gingrich se dirigieron al AIPAC prometiendo que asumirían medidas más duras que el presidente Obama para evitar el desarrollo nuclear de Irán.
Romney sugirió que estaría más dispuesto que Obama a considerar la fuerza militar, mientras Santorum apoyó un ultimátum a Irán para que ponga fin a su producción nuclear y evitar así una acción de Estados Unidos para “derribar” sus instalaciones.
Gingrich, tercero en los sondeos, dijo que tomaría medidas drásticas para “debilitar y reemplazar” al gobierno del presidente Mahmoud Ahmadinejad.
Al cierre de esta edición aún no se sabían los resultados.

