Cada año, las aguas del Pacífico colombiano se convierten en escenario de uno de los espectáculos naturales más impresionantes del planeta, entre julio y octubre, gracias a la llegada de miles de ballenas jorobadas que recorren kilómetros desde la Antártida para llegar a esta región del país, donde encuentran las condiciones ideales para reproducirse, aparearse y dar a luz a sus crías.
Para la temporada de avistamiento de 2026, se estima la llegada de entre 6.000 y 8.000 ballenas jorobadas, además de más de 30.000 visitantes nacionales y extranjeros interesados en presenciar este fenómeno natural. Ante este panorama, comunidades locales, operadores turísticos y autoridades ambientales avanzan en la implementación de medidas que permitan garantizar una experiencia responsable y sostenible.
Según información de Colprensa, Pacífico Biocultural, organización enfocada en la conservación y el desarrollo sostenible de la región, fortalecerá un modelo de avistamiento responsable que busca proteger esta migración mientras impulsa la economía de las comunidades costeras.
La temporada oficial se extenderá del 1 de julio al 31 de octubre y tendrá como principales destinos de observación a Buenaventura, especialmente en Bahía Málaga, así como Bahía Solano, Nuquí, Tumaco y Guapi, territorios donde el turismo asociado a las ballenas se ha consolidado como una importante fuente de ingresos.
¿Cuáles son las recomendaciones para el avistamiento responsable de ballenas?
El crecimiento de esta actividad turística también ha generado preocupación por prácticas que podrían afectar el comportamiento natural de los cetáceos.
“Un buen avistamiento no significa estar más cerca de las ballenas, sino poder observarlas sin alterar su comportamiento natural”, explicó Miguel Ángel Martínez, miembro de Pacífico Biocultural y biólogo especializado en ecoturismo.
El experto advirtió que acciones como perseguir a las ballenas, rodearlas con varias embarcaciones, generar exceso de ruido o incumplir las distancias mínimas de observación pueden alterar sus patrones de comportamiento e incluso afectar sus rutas migratorias.
Para prevenir estos riesgos, Pacífico Biocultural trabaja de manera articulada con Consejos Comunitarios, la Dirección General Marítima (Dimar), guardacostas, corporaciones autónomas regionales y organizaciones locales en procesos de capacitación y sensibilización.
Solo en Tumaco, más de 100 prestadores turísticos, entre operadores, lancheros y guías comunitarios, participaron durante el último año en programas de formación relacionados con turismo sostenible, seguridad marítima y conservación ambiental.
Entre las principales recomendaciones se encuentran mantener una distancia mínima de 200 metros, evitar perseguir o interceptar a los animales, reducir la velocidad de las embarcaciones, limitar los tiempos de observación y evitar la concentración excesiva de lanchas alrededor de un mismo grupo.
Además del avistamiento de ballenas, la estrategia busca promover otras experiencias de turismo biocultural vinculadas con la gastronomía tradicional, el aviturismo, los manglares, la música y los saberes ancestrales afrodescendientes.
“La idea es que el turismo no sea únicamente una actividad comercial, sino también una herramienta de conservación, apropiación cultural y desarrollo comunitario para los territorios”, agregó Martínez.
La organización indicó que durante esta temporada continuará desarrollando procesos de monitoreo participativo para evaluar tanto el impacto ambiental como los beneficios económicos que genera el turismo de naturaleza en las comunidades del Pacífico colombiano.