El exdictador argentino Jorge Videla, fallecido en prisión a los 87 años y símbolo del régimen de facto (1976-83), buscó contrarrestar el repudio internacional como anfitrión del Mundial de fútbol de 1978, conquistado por la selección albiceleste, mientras cientos de opositores eran torturados y exterminados.
"Todo régimen dictatorial tiende a perpetuarse. Y el propósito no declarado de Videla con el Mundial era seguir en el poder a partir del éxito en la Copa del Mundo", dijo a la AFP Gustavo Veiga, periodista y autor del libro "Deporte, desaparecidos y dictadura" editado en 2006.
Según Veiga, uno de los "momentos emblemáticos" de Videla durante el Mundial fue una poco habitual visita que realizó a la selección peruana en el vestuario, antes de jugarse el partido clave que Argentina ganó 6-0 a Perú, un resultado que le permitió seguir avanzando hacia la final.
Ese encuentro quedó siempre bajo sospecha de haber sido arreglado mediante sobornos, pero además los jugadores peruanos fueron atemorizados por la incómoda presencia de Videla, según cuenta el periodista Ricardo Gotta en su libro "Fuimos campeones" de 2008.
El 25 de junio de 1978 Argentina se alzó por primera vez campeón del mundo, tras ganarle 3 a 1 a Holanda en una fría tarde en Buenos Aires, y miles de personas vivaron a la selección dirigida César Menotti.
En la coronación quedó inmortalizada una imagen de Videla junto al también fallecido jerarca de la Marina, Emilio Massera, festejando con los brazos en alto, mientras cientos de opositores eran mantenidos encapuchados y engrillados en la cercana Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), el más conocido campo de torturas y exterminio.
La selección albiceleste fue recibida con honores por los jefes del régimen, que evitaron así el desaire de los jugadores de Holanda, que habían anticipado que no aceptarían la Copa de manos del entonces dictador Videla.
"UNA PARTE NEGRA DE LA HISTORIA"
Tras el fallecimiento de Videla, algunos de esos jugadores vivados como héroes en 1978 manifestaron su repudio a la dictadura.
"Su muerte no alcanzará para reparar el dolor de tanta gente afectada durante la dictadura", declaró el excampeón del mundo de 1978, Julio Villa.
"Se fue una parte de la historia negra de la Argentina", agregó el exvolante del club inglés Tottemhaus Hotspur.
Videla murió el viernes en la cárcel mientras cumplía dos condenas a prisión perpetua y otra a 50 años de cárcel por crímenes de lesa humanidad.
"Se van cerrando las heridas. Sigamos construyendo hacia el futuro", declaró Daniel Passarella, actual presidente de River Plate y capitán de la selección campeona, que por entonces fue recibida en la Casa Rosada (de gobierno).
"Si bien la muerte no se la deseo a nadie, no puedo decir que lo siento. Fue responsable de cosas atroces para el país", agregó Oscar Ortiz.
En 1978, las noticias sobre desapariciones, secuestros y torturas circulaban fuera de Argentina y movilizaban a organismos de derechos humanos en el mundo, donde se escuchaban las denuncias de miles de exiliados, que hacían oír su voz cuando ya se habían perpetrado gran parte de las 30.000 desapariciones estimadas por los organismos humanitarios.
El régimen buscaba acallar esas denuncias, atribuyéndoselas a "una campaña antiargentina del marxismo internacional".
"Los argentinos somos derechos y humanos", repetía una propaganda oficial, lema de la época.
ARGENTINA-PERÚ "CON ASTIZ AL LADO"
Mientras millones de argentinos salían a la calle a festejar el triunfo en el Mundial, en la ESMA, ubicada a mil metros del estadio Monumental de River Plate donde se jugó la final, se torturaba, nacían bebés de secuestradas que luego eran robados antes de hacer desaparecer a sus madres, muchas veces arrojadas vivas y narcotizadas desde aviones al Río de la Plata.
"Cuando se jugaban partidos en River, depende de cómo viniera el viento, nosotros escuchábamos cuando se gritaban los goles. Esto se mezclaba con lo que pasaba acá adentro (en la ESMA), porque hubo un parate por la presencia de la prensa extranjera", contó en 2012 la periodista Myriam Lewin, sobreviviente de la ESMA, durante un encuentro en esa sede convertida en 2004 en Museo de la Memoria.
Lewin fue una de las decenas de testigos en el juicio por los crímenes de la ESMA en el que en 2011 fue condenado a prisión perpetua el excapitán de la Marina Alfredo Astiz, entre otros.
"Para nosotros fue una tortura refinada y adicional que nos sacaran a festejar en autos con el pueblo", aseguró la mujer, que recuerda haber tenido que ver el simbólico partido Argentina-Perú, que los albicelestes ganaron 6 a 0, "con Astiz al lado".
Para las víctimas, la alegría popular era incomprensible, pero algunos ven en esos festejos callejeros, más allá de celebrar la conquista deportiva en un país apasionado por el fútbol, las primeras manifestaciones masivas que habían sido silenciadas desde el golpe de Estado de 1976.



