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Donald Trump intenta apagar la crisis en Irán tras un mes de guerra sin avances

La crisis en Ormuz y la negativa de Irán complican los plazos fijados por EE. UU. para poner fin al conflicto.

Donald Trump intenta apagar la crisis en Irán tras un mes de guerra sin avances

Foto de archivo del presidente de Estados Unidos Donald Trump EFE/WILL OLIVER /

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El conflicto bélico en Medio Oriente cumple este sábado un mes, tiempo en el que la guerra que Estados Unidos prometió terminar de manera rápida, parece haberse complicado ante las dudas sobre el alcance real del arsenal estadounidense, la posibilidad de que el Pentágono deba desplegar tropas sobre tierra y el impacto del cuello de botella en el estrecho de Ormuz, con el encarecimiento del petróleo a nivel mundial.

Horas después de que representantes iraníes y estadounidenses se sentaran en Ginebra para realizar una nueva ronda de negociaciones sobre el programa nuclear de Irán el pasado 28 de febrero, el gobierno de Estados Unidos e Israel atacaron por sorpresa con múltiples objetivos militares y gubernamentales en Teherán con misiles Tomahawk, bombardeos B-2, B-1 y B-52 y centenares de cazas israelíes.

La Casa Blanca dijo entonces que el ataque es una respuesta preventiva ante la “amenaza inminente” que supone Irán, puesto que, dependiendo de quién sea el miembro del Gabinete Trump que hable, el país estaba o bien cerca de enriquecer de uranio del 90 % o bien a unos días de desarrollar una bomba atómica.

En su primera rueda de prensa luego del ataque, Donald Trump presentó la guerra como una operación limitada y rápida para destruir todas las capacidades militares y nucleares de Irán. Afirmó que el objetivo es proteger al pueblo estadounidense e instó a los iraníes a “tomar el control de su Gobierno”.

Un día después, Irán confirmó que los ataques habían golpeado el complejo donde vivía el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenéi, y que éste y parte de su familia habían fallecido.

Guerra en Irán estaba “casi concluida”

Durante los primeros días de guerra, con Irán respondiendo con andanadas de misiles y drones sobre distintos objetivos en países vecinos que cuentan con presencia militar estadounidense en sus territorios, el Pentágono y la Casa Blanca indicaron que los ataques eran de alta precisión y descartaron una invasión terrestre prolongada.

Pero, poco a poco, Donald Trump comenzó a matizar el cronograma, diciendo que la ‘Operación Furia Épica’ se diseñó para durar “cuatro o cinco semanas, o quizá algo más”, pero que en los primeros días se había avanzado sustancialmente en los objetivos planteados.

Pasadas tres semanas, y ya con trece militares estadounidenses muertos durante la guerra, sus declaraciones comenzaron a alternar mensajes en los que indicaba que la operación estaba casi concluida con otros en los que admitía que podrían ser necesarias más acciones, sin descartar la opción terrestre.

Llegados a este punto, la operación, que desde el principio fue recibida sin gran entusiasmo por parte los aliados de la OTAN, acaba por agrandar la brecha entre los socios europeos y Washington. Le podría interesar: Donald Trump dice a la OTAN que nunca olvidará que le dieran la espalda con Irán

Estrecho de Ormuz: un dolor de cabeza para Trump

El momento que mejor escenifica la fisura transatlática llegó cuando el resto de miembros de la Alianza y otros socios asiáticos, rechazaron enviar buques militares para asegurar el estrecho de Ormuz y evitar los bloqueos parciales aplicados por la Guardia Revolucionaria.

Ormuz se consolidó así como el factor que más ha dañado la credibilidad de toda la ofensiva estadounidense, con el mundo temeroso de que el barril de petróleo pueda estar encaminándose a los $200 dólares, desde los $70 dólares antes de la guerra, y provocar una crisis económica mundial.

Con los barriles de referencia en Europa y EE. UU. entre un 30 y un 50 % más caros debido al bloqueo del estrecho, los mercados intranquilos y los estadounidenses sintiendo ya el daño en el bolsillo, el Pentágono, ha movilizado miles de soldados y los ha envíado a Oriente Medio entre especulaciones sobre su posible cometido, y ha anunciado que pedirá $200.000 millones de dólares adicionales al Congreso para concluir la operación.

Donald Trump se juega su legado

La combinación es una tormenta perfecta para alguien que, como Donald Trump, se juega el verdadero peso de su presidencia en las elecciones de medio mandato en noviembre.

La debilidad estratégica que constituye el estrecho, junto con la persistente respuesta iraní y las dudas sobre con qué velocidad puede realmente EE. UU. reponer sus arsenales, pues los norteamericanos ha disparado 850 Tomahawks en un mes de guerra, la producción de varios años. Esto preocupan cada vez más dentro y fuera del país y hacen temer que la guerra se alargue más allá de las 4-6 semanas de las que habló el mandatario.

El republicano amenazó con destruir las centrales eléctricas iraníes si Teherán no garantizaba el tráfico en Ormuz en dos días. Lo extendió después a cinco días al asegurar que había conversaciones con Teherán y que éstas parecían mostrar avances, y ayer mismo decidió ampliar el plazo de su ultimátum hasta el 6 de abril.

El hecho de que la Casa Blanca haya reprogramado la visita de Donald Trump a China a mediados de mayo, tras posponerla por la guerra, hace pensar que los cálculos de Washington dan por hecho que para entonces la escalada militar estará resuelta. Queda por ver si Trump tiene la última palabra.

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