El Senado de Brasil aprobó la propuesta de reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, un proyecto de ley impulsado por el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, que da un giro al panorama político a 10 días de las elecciones presidenciales en segunda vuelta.
Con esto Brasil logró el fin de la llamada jornada de “6 por 1”, que añade un día de descanso semanal y reduce el cómputo de 44 a 40 horas semanales sin recorte salarial. Una propuesta angular de las promesas de Lula, quien en estos momentos se juega la reelección el 25 de octubre frente a su rival directo, el opositor Flávio Bolsonaro.
La propuesta, que hace modificaciones a la Constitución, fue aprobada en dos votaciones consecutivas durante la misma sesión legislativa, tras recibir el respaldo de Bolsonaro y la consecuente adhesión del resto de senadores de la oposición, a quienes sus partidos dieron libertad de voto.
Bolsonaro se oponía al proyecto, pero en el marco de la efervescencia de las elecciones, anunció un cambio de postura para responder al clamor popular. Aunque no estuvo presente en la sesión, el candidato presidencial por el Partido Liberal (PL) emitió su voto de forma telemática mientras participaba en actos de campaña en Porto Alegre.
Críticas a Bolsonaro por su cambio de opinión
Tras la victoria del proyecto de ley, el llamativo cambio de opinión de Bolsonaro provocó críticas de los senadores afines al Gobierno, quienes le reprocharon la “volatilidad de sus convicciones” y advirtieron sobre la posibilidad de que él reactive sus planes de cambiar este logro si resulta electo.
“Hay gente que no quiere que esta votación termine hoy. Por eso, debemos mantenernos vigilantes para impedir retrocesos en el futuro”, señaló la portavoz del Gobierno en el Senado, Teresa Leitão. Le podría interesar: Así quedaron las votaciones entre Flávio Bolsonaro y Lula da Silva en Brasil: van a segunda vuelta
El presidente del Senado, Davi Alcolumbre, destacó el impacto positivo de la medida para “millones de personas de diferentes realidades del país”. Según los sindicatos, unos veintidós millones de trabajadores verán reducida su jornada laboral, al atender a una reivindicación histórica de los sectores populares.
Llamados al sector empresarial
Por su parte, el senador Esperidião Amin, perteneciente a la base de apoyo de Flávio Bolsonaro, hizo un llamado a la unidad con el sector empresarial para “amortiguar los impactos presupuestarios que conllevarán las medidas”.
Sectores productivos y patronales se oponen a la reducción de la jornada, entre ellos la Federación de Comercio de São Paulo, que prevé un incremento de un 22 % en el costo de la hora trabajada y advierte de la posible destrucción de hasta 1,2 millones de puestos de trabajo.
Estas y otras proyecciones contrarias a la norma fueron rebatidas por el senador Randolfe Rodrigues, del Partido de los Trabajadores, formación del presidente Lula, quien sostuvo que “Brasil se sitúa así al nivel de los países más desarrollados”, al mencionar ejemplos como a Finlandia, Australia, Francia, Alemania, Noruega y Países Bajos.
Otros senadores de la oposición que también dieron su visto bueno a la medida criticaron las “prisas” y el “uso del aparato estatal” en función del calendario electoral.

