Por las obras que está ejecutando en distintos sectores de Cartagena, las cuales le están cambiando la cara a la ciudad, y a los cartageneros y visitantes, que venían por años sufriendo por malos alcaldes que muy poco o nada hicieron por ella. He venido siguiendo con sumo interés sus ejecutorias, de las cuales en aras de la brevedad me voy a referir solo a unas pocas, empezando por el control a la arraigada prostitución en la zona histórica, que llegó a convertir a Cartagena en referente mundial de la explotación sexual, con frecuentes prácticas que llegaron al colmo de exhibiciones eróticas en sus calles y balcones a la vista de todos.
Sigo con el olvidado caño Juan Angola que, gracias a la limpieza de sus riberas y posterior dragado, apareció mágicamente ante nuestros ojos mostrándonos un paisaje por muchos años inexistente, marcando un principio en la recuperación de los cuerpos de agua internos que la madre naturaleza le regaló a esta ciudad, cuyos habitantes llevamos largos años soñando con imitar a las ciudades europeas que también los tienen y los han convertido en un eficaz medio de transporte y fenomenal atracción turística. Por fin llega un gobernante que comprende que los mangles citadinos no se pueden dejar crecer sin control, como se aprecia en el canal entre los puentes Las Palmas y Jiménez, en donde poco falta para que el mangle de sus orillas se junte y desaparezca el agua. Ni qué decir de la gigantesca pared de mangle bajando el puente Chambacú hacia el El Cabrero. Ambos sectores fueron cercados con malla metálica con el propósito de evitar que se convirtieran en basureros y habitáculo de indigentes, pero el resultado ha sido lo contrario y hoy son refugio y letrina de drogadictos, cuando deberían ser espacio de esparcimiento y parques lineales con acorde mobiliario urbano.
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Runa Simi
Sonoros aplausos por su programa ‘Guerra a los huecos’, que se lo agradecen infinitamente nuestros riñones y nuestros vehículos. Menciono puntualmente la reconstrucción de los bordillos y andenes de la vía de entrada y salida de Bocagrande, la cual tiene un horrible lunar que estropea lo que usted está haciendo, cual es el cerramiento del lote que ocupaba una estación de gasolina vecina al Hospital Naval, cuyo otrora techo de surtidores amenaza desplomarse y su actual valla de cerramiento, compuesta por viejas y oxidadas láminas de zinc, completan un paisaje de absoluto abandono y fealdad. Con mis respetos, en sus manos está lograr la colaboración de la Armada, propietaria del predio, para su remedio.
Finalmente, la ciudadanía tiene que ser consciente de la enorme importancia de su decisión de ordenar, amparado por fallos judiciales, la demolición del adefesio Aquarela, cuya inaudita construcción amenazaba seriamente con borrar a Cartagena, por parte de la Unesco, del catálogo mundial de ciudades Patrimonio de la Humanidad, determinación que hubiera sido un verdadero desastre para la ciudad y su turismo internacional.
*Arquitecto.