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La Corte Constitucional tiene ahora un papel histórico. No es decidir si aprueba o no un referendo para que Uribe sea candidato para la Presidencia de 2010 a 2014. Es tomar esa decisión ciñéndose a la ley y a la Constitución de 1991, sin que quede sospecha de su pulcritud y absoluta independencia. Si proceden así, las dos fuerzas políticas que se preparan para enfrentarse, los unos para imponer a Uribe y los otros para detenerlo, no tendrán argumentos legítimos para cuestionar la decisión de la Corte, y se podría mantener un cierto orden constitucional. A pesar de que la democracia ha sido mancillada por la corrupción y la codicia de poder en el Congreso, una decisión intachable de la Corte Constitucional permitiría seguir adelante en la pugna por el poder, pero con decoro, dentro del orden institucional. Estamos en una situación como las que enfrentaban en otras épocas las familias cuando una de las hijas resultaba embarazada. Si se casaba se volvía a la normalidad, y la pareja tenía un buen chance de ser feliz, pero si no, surgían desenlaces indeseables o trágicos motivados por la deshonra y la vergüenza. Colombia está en una de esas encrucijadas, que parecen de novela gótica. Pero se puede resolver sin episodios dramáticos, si se permite que Corte Constitucional decida si se sigue adelante con el referendo y en qué forma, o si no debe llevarse a cabo. La Corte es precisamente para resolver este tipo de problemas y evitar que quienes detentan visiones irreconciliables acudan a métodos de resolución del conflicto que podrían desembocar en inestabilidad, violencia o un posible derrumbe de la democracia. Si lo anterior tiene sentido, entonces se requiere que se cumplan ciertas condiciones para que la decisión de la Corte funcione y tenga efectos de sanación. Lo principal es que permitan que actúe libremente y que ninguno de los bandos trate de presionarla, intimidarla, corromper a los magistrados o apelar a sus convicciones políticas. El Gobierno y la oposición no pueden negarse a este compromiso, pero como están en juego dos futuros incompatibles para Colombia, es posible que aun si adquieren ese compromiso, pueden intentar no cumplirlo. Lo más efectivo para evitar que lo hagan es que los mismos magistrados se abstengan de hablar con terceros hasta que se decida, y que denuncien cualquier intento de inducirlos o influenciarlos. Los magistrados de la Corte Constitucional deben demostrar también que no esconden cadáveres en la alacena. Deben declarar qué parientes o allegados fueron nombrados en las embajadas, en cargos oficiales o tienen contratos con el Gobierno o con contratistas del Gobierno, y abstenerse de intervenir a menos que renuncien a ellos. Es mejor pecar en este caso por exceso de pulcritud. Será necesario proteger a los magistrados pero también vigilarlos, y no se les puede confiar esa última tarea a los organismos de inteligencia del Estado porque no la llevarían a cabo honorablemente. La sociedad tendrá que hacerlo con el concurso de los medios de comunicación y la ciudadanía…; La Corte tiene una oportunidad de ser grande. Dejemos que decida. Si hay referendo hay que predicar la abstención y si no lo hay, que voten por la renovación de la sociedad y de la política... rhommesr@hotmail.com

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