Columna

La literatura salva

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AURELIO MARTÍNEZ CANABAL
15 DIC 2010 - 12:00 AM

Los mensajes enviados por Mario Vargas Llosa al recibir el Premio Nobel de Literatura permiten reflexionar sobre realidades sociales, culturales y políticas. Una vez más el escritor peruano galardonado ha empleado su talento sobresaliente como cultor de las letras, para llamar la atención sobre verdades que siguen acompañando al ser humano.
Ha destacado Vargas Llosa cómo la literatura es herramienta de salvación, en la medida en que nos sume en “el sueño de la belleza y la felicidad”, o al plantearnos que “El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino al igual que cualquier amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos y los amigos entre sí.”
Siempre ha aflorado, en la vasta producción literaria del novelista sudamericano, un compromiso doble: con la tierra donde nació, con proyección regional y dimensión mundial, y con la escala de principios en los cuales ha depositado su fe. Lo primero le ha permitido darle categoría y aceptación global, a figuras tan variopintas como el senador Cabral en “La Fiesta del Chivo”, el León de Natuba, en “La Guerra del Fin del Mundo” o don Rigoberto, en “Los cuadernos de don Rigoberto”. En cuanto a la reiteración continua, a través de relatos de ficción, ensayos o artículos de prensa, de unos conceptos éticos y políticos, la actitud de Vargas Llosa ha sido rectilínea en todo momento.
“Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternación en el poder”, ha exclamado con vigor el escritor homenajeado, quien vio aplazado el reconocimiento que finalmente le ha hecho la Academia Sueca por su posición erguida frente a las veleidades izquierdistas. Es interesante recordar que, en sus años mozos, cuando comenzaba a incursionar en las tareas literarias, Vargas Llosa se dejó contagiar por el sarampión marxista, que hizo ebullición entre quienes eran figuras del “boom” literario latinoamericano. El destape de la revolución castrista lo llevó a una rectificación valerosa, tal como lo declara en las palabras antes transcritas.
En forma rotunda, Vargas Llosa nos lleva a la conciliación total con la literatura, como manifestación cultural que genera la salvación individual y colectiva. El disfrute de las mejores ilusiones y los más caros sueños, encuentra en la creación literaria la gratificación personal y la reafirmación de valores sustantivos.
No han faltado censuras para Vargas Llosa por su dictamen sobre la coyuntura política latinoamericana, al afirmar: “Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudodemocracias populistas y payasas como las de Bolivia y Nicaragua”. Sencillamente ha encendido la luz, sobre una dolencia institucional que afecta hoy a algunos de los pueblos de nuestra región.
Literatura de denuncia, en los distintos componentes sociales, es lo que continuamente ha producido Vargas Llosa, cuya exaltación académica es motivo de honra y complacencia para quienes admiramos su valía intelectual y rectitud ideológica.

*Abogado Consultor en Minas e Hidrocarburos.

marcan2@etb.net.co


 

 

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