Todo podía esperar el colosal proyecto del aeropuerto entre Barranquilla y Cartagena, menos que se le atravesara un pequeño mono, de una cuarta de tamaño y una libra de peso. Entre tanto orangután en nuestras leyes, ya era hora de ver un “mico” bueno: el tití cabeciblanco, quizás el primate con mayor peligro de extinción en el mundo.El aeropuerto de marras, que acertadamente pasó de llamarse “Bicentenario” a “La Quimera” (según el DRAE: “aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo”), revivió el pasaje bíblico de David y Goliat: fue vencido por un primate diminuto, gracias a un derecho de petición para evitar el exterminio de más de 450 titíes que habitan su zona de influencia.
Tal derecho fue interpuesto, ante la Aeronáutica Civil, por “Proyecto Tití”, fundación creada hace 25 años por Anne Savage, bióloga conservacionista, experta en primates de “Animal Kingdom” (Disney), conocida en el mundo científico como “Queen of the Cotton-Tops” o la “Reina del tití cabeciblanco”. Es tanto su amor por estos miquitos que ella arriesga su vida con frecuencia entrando en territorio de las Farc para estudiarlos “in situ”.
La respuesta oficial de la Aeronáutica (23 Dic/10), divulgada en los medios esta semana, fue categórica: “No es viable el diseño, construcción y operación del Aeropuerto La Quimera”, y punto. En el mismo documento, el Gobierno advierte su gran preocupación porque “existen aún variables importantes que no han sido estudiadas”. Es claro que se refiere a la inviabilidad financiera total, si no se “exterminan” primero (como al tití), los aeropuertos que le compiten, Cortizzos y Rafael Nuñez. Ambos, con mucha capacidad ociosa, adelantan proyectos de expansión.
Según la página www.proyectotiti.com, Colombia tiene la mayor concentración de titíes en la tierra, cuyo mayor depredador (no es raro) es el hombre, especie declarada en peligro de extinción en 1973 tras la exportación de 40.000 ejemplares a Estados Unidos para investigación biomédica. Otras amenazas serias son la tala e inundación de los bosques para represas como Urrá (¿cuántos titíes se ahogaron en más de un millón de hectáreas anegadas, este invierno?)
El Gobierno merece un reconocimiento sonoro por anteponer razones ambientales a las económicas, actitud que deberíamos considerar en otros proyectos locales como la explotación de Barú y Tierrabomba, entre otros.
Una consecuencia positiva de las tragedias climáticas como la reciente es que ayudan a formar más conciencia ambiental para no acelerar la destrucción inevitable de nuestro planeta. Mejor aún si estamos alentados por la alegoría de un animal frágil que derrota al enorme poder político y económico detrás del monstruoso aeropuerto.
La “reina del tití” no sólo es la heroína de estos animalitos juguetones, sino de quienes consideramos esa megaobra como un despilfarro de recursos hasta no copar primero los aeropuertos cercanos, criticamos la injerencia indebida de la alta cúpula militar de entonces (General Padilla) y el “liderazgo” de concesionarios cuestionados en el proyecto (Name).
Los empresarios costeños serios que cayeron en la “quimera” del nuevo aeropuerto también deberían agradecer a la profesora Savage porque, al salvar a los titíes, ella les salvó su dinero.
*Ing. Civil y MBA, Directivo Empresarial
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