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En dos años, Obama perdió popularidad por sus decisiones para encarar “la peor recesión que la mayoría de nosotros ha conocido” (discurso de la Unión del pasado martes); no obstante, mantiene intacta su oratoria cautivante.
Obama usa frases cortas de hondo calado; reparte su mirada en el auditorio como mandan los cánones de la persuasión de masas; hace la pausa entre cada oración y espera la reacción. Casi siempre termina en ovación: aplaudido 75 veces en su alocución, una cada 50 segundos.
Curioso que Obama no se ría; menos cuando habla de problemas y soluciones. Buen ejemplo para nuestros políticos, tan dados al chistecito flojo para desviar la atención (¿o no expresidente Samper y exalcalde Lucho Garzón?). Hay un “no sé qué” en su entonación que seduce, descubierto hace 3 siglos por el filósofo francés Jean Jacques Rousseau: “el acento es el alma del discurso".
El tono del discurso de la Unión, pronunciado por los presidentes de Estados Unidos cada año ante el congreso y la cúpula militar, es solemne; pero alegre y optimista. Palabras como “unión”, “cooperación” y “trabajar juntos” se repiten; y es ritual incluir "el estado de nuestra Unión está fuerte".
La prensa colombiana habló de “desazón” con el discurso porque Obama no visitaría nuestro país; lectura simplista porque él no dedicó gran espacio a la política internacional ni a sus enemigos (ni la “amenaza terrorista” recurrente en Bush); por el contrario, fue condescendiente, fiel a su espíritu demócrata: “debemos derrotar a los enemigos obstinados en cualquier lugar en el que estén y construir coaliciones que superen los límites de las regiones, las razas y las religiones.”
La espina dorsal del discurso fue el conocimiento: la educación e innovación para competir. Obama reconoció que China e India (20% de habitantes del planeta) se percataron y “empezaron a dar educación a sus niños desde más pronto y durante más tiempo y a hacer más hincapié en las matemáticas y las ciencias y hoy invierten en investigación y nuevas tecnologías.” Llamado de atención para el restante 80%.
Obama mostró su preocupación porque, pese a contar con las mejores universidades del mundo, “durante los próximos 10 años, casi la mitad de los puestos de trabajo nuevos exigirán una educación más allá del bachillerato”; y Estados Unidos no está preparado para ese cambio gigante. Buena lección de modestia.
El carismático hawaiano trazó prioridades en investigación biomédica, tecnología informática, y sobre todo, energía limpia. Para lograrlo propuso “eliminar los miles de millones de dólares procedentes de los contribuyentes que entregamos en la actualidad a las compañías petroleras” y “antes de quitar dinero a las escuelas y becas a los estudiantes, debemos pedir a los millonarios que renuncien a sus exenciones fiscales”. Digno de imitar.
Como Kennedy, al fijar la meta de ir a la luna en los 70, Obama fijó las suyas: un millón de vehículos eléctricos de aquí a 2015; y en 10 años más, fuentes limpias de energía para 80% de la electricidad de Estados Unidos e igual porcentaje en trenes de alta velocidad.
A los colombianos, hiperbólicos en glorificar a deportistas y famosos en menoscabo de nuestros formadores de conocimiento, nos vendría bien esta reflexión de Obama: “Debemos enseñar a nuestros niños que el vencedor de la Super Bowl no es el único digno de elogio, también lo es el ganador del concurso de ciencias; que el éxito no es cuestión de fama o relaciones públicas, sino de esfuerzo y disciplina.”

*Ing. Civil y MBA, Directivo Empresarial

restrepojaimea@gmail.com

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