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Columna

“Es mejor ser feliz que ser importante”

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Apreciados lectores: Ofrezco disculpas por el tono personal de esta columna pero hay momentos de inflexión en la vida necesarios para oxigenar el espíritu y renovar energías; vivo uno de ellos. Empecé a opinar esporádicamente en El Universal con la columna “Con amigos así…;” (sep/04), donde alerté sobre la “ayuda” que pedían, a Chávez, unos “amigos” de la Refinería de Cartagena para que PVDSA y la USO se quedaran con el 51%.
6 años y medio disfruté esta ventana de opinión libre, hoy dominical, por deferencia de Pedro Luis Mogollón, a quien agradezco su confianza: 165 veces me esforcé física e intelectualmente en encontrar un tema pertinente, profundizarlo y resumirlo en 3.300 caracteres para tratar de entrar en la mente, y quizás en el corazón, de ustedes.
Escribí con dos motivaciones. La primera personal: crecer como ser humano. La segunda idealista: aportar algo al desarrollo y sostenibilidad regional, inculcando valores como la convivencia y la trasparencia. Siento que la primera motivación fue cumplida y el esfuerzo valió la pena; en la segunda tengo mis dudas: la mera opinión no logra grandes cambios en las personas, transformaciones en la sociedad, ni mejoras en la ciudad (Cartagena gravitó en muchas de mis columnas). Ingenuo sería pensar que un columnista es “redentor”, salvo porque siempre termina crucificado.
Bastante tiempo y fósforo gasté en asuntos que me apasionan. Algunas veces defendí al político trasparente con sensibilidad social; muchas otras disentí del politiquero oportunista y el contratista tramposo que se roban el erario; fue un esfuerzo inútil ante la nueva máxima filosófica que asegura que “la corrupción es imposible llevarla a sus justas proporciones porque es inherente al ser humano” (cruce Turbay-Nule).
El riesgo ambiental fue recurrente en mis escritos. No sé si tarde, entendí que este planeta y todos sus habitantes estamos en serio peligro porque uno de ellos, el único con inteligencia racional, no ha sabido utilizarla para salvarse junto con los demás. La simbiosis entre competitividad empresarial y desarrollo social, con la educación como motor del capital humano, fue otro “mantra” en mis palabras.
Los problemas sociales graves de esta región y la carencia preocupante de líderes íntegros para solucionarlos seguirán pasando impunemente por el frente de mi ventana, con o sin columna. Desde allí estaré solo “observando” porque he decidido hacerme a un lado para que lleguen otras ideas frescas, ojalá de escritores jóvenes.
No será fácil dejar de exponer mis pensamientos íntimos al juicio implacable de ustedes, lectores amigos y detractores, ambos respetados: dos veces fui declarado “persona no grata” en el Concejo Distrital, un ex honorable Senador me denunció por “injuria y calumnia” ante la Fiscalía, el Gobernador se vengó a su modo y hay un largo etcétera…; No es grato este oficio.
La única palabra castellana que expresa lo que siento, a quienes me alentaron con su comentarios amables y generosos, así como a los que discreparon, incluso llegando al insulto, la calumnia y la amenaza, es GRACIAS porque de ambos extremos aprendí a conocer mejor la naturaleza humana. En adelante, trataré de seguir el sabio concejo de mi abuelo, titular de esta última columna: ¡Es mejor ser feliz que ser importante!

*Ing. Civil y MBA, Directivo Empresarial

restrepojaimea@gmail.com

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