Una diligencia personal en el Barrio de Manga permitió que cuatro personas a pleno sol me pidieran para comprar una gaseosa pues, siendo las diez de la mañana y después de viajar desde Bayunca, no habían desayu-nado.¿Por qué? Un Señor Contratista, posible-mente político, les prometió el día anterior estar a la seis de la mañana con el pago de su trabajo en vía pública, si la tarea la termina-ban antes de esa hora. La obra estaba termi-nada, soy testigo.
Coincidencia: Minutos después estando ya en el Centro comercial Caribe Plaza, ante la sorpresa general, casi soy atropellado por una camioneta blindada escoltada por dos policías motorizados.
De la camioneta se bajó una enjoyada y encopetada dama, protegida por dos unifor-mados, seguramente en actividades persona-les.
El anterior episodio sucedió un día cual-quiera del año pasado.
Al día siguiente, la misma dama apareció muy sonriente en fotografía de El Universal distinguiéndola como senadora y la mostraba levantando el brazo del que posteriormente fuera elegido Gobernador, por el seis por ciento de los posibles votantes.
El periódico me permitió también recor-dar que a la misma persona la había visto ca-minando por el paseo peatonal de Bocagran-de temprano en la mañana, del brazo de su esposo de quien sabía, también por noticias de prensa, que a pesar de ser o haber sido “honorable senador”, estuvo o está privado de la libertad por haber retenido unos millonci-tos de una empresa de la ciudad.
Corolario: No sé si los empleados del se-ñor contratista-político debieron regresar a pie a su pueblo sin recibir su paga, lo cual no sería extraño…; ni tampoco puedo imaginar cuánto le cuesta un Honorable Senador a quienes pagamos impuestos. De lo que sí es-toy seguro es de que cada uno de ellos recibe puntualmente del Estado, en promedio, más de un millón de pesos diarios los trescientos sesenta y cinco días del año sin excepción, sumados los infinitos, insólitos, y para mí, irrazonables privilegios en prestaciones socia-les, reducción de impuestos, transporte espe-cial aéreo y terrestre, seguridad ejercida por uniformados costosamente preparados, ade-más de un largo etcétera. Cabe recordar tam-bién que sólo laboran seis meses al año, en horarios diarios libres que raramente cumplen y que para hacerlo necesitan de varios “utile-ros” quienes, en conjunto, también reciben diariamente otro millón.
Si se compara el total que en efectivo y privilegios recibe en un solo día la senadora de la anécdota, con lo que el contratista del Distrito pagó a los obreros, si lo hizo, el re-sultado explicaría por qué la equidad en Co-lombia no existe y que, mientras no exista, la reemplazará la violencia.
Se afirma que es el costo de la Democracia pero…; ahora en período de elecciones ¿podrá alguien explicar por qué aconsejan votar por el mejor, si cuando se mira en cualquier di-rección todos conducen a un precipicio?
El intento de orden que la ciudad últi-mamente intentó cumplir presumiblemente volverá a sus viejos hábitos, confirmando que ese es su destino. Duele tener que decir que el Departamento de Bolívar y en especial Carta-gena, no han podido superar la mediocridad de su dirigencia política.
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