Cuando se ha abierto un concurso para escoger, entre cinco aspirantes presentados, dos curadores urbanos –no necesariamente nuevos pues se han presentado los dos anteriores- bien valdría la pena que la ciudad hiciese un balance riguroso sobre la experiencia local en la aplicación de la Ley de Reforma Urbana y su incidencia en la calidad, el orden y la estética de esta ciudad que se precia bella entre las colombianas.
Entre el departamento administrativo de planeación distrital y su misión de coordinar el plan de desarrollo (urbano y rural), el plan de ordenamiento territorial, las curadurías urbanas y la oficina de control urbano quedan vacíos que han producido este gran desorden que se llama Cartagena.
Sólo un ejemplo: hace cuatro años se instaló frente a la residencia de quien ejercía la dirección de planeación un servicio de lavado de automóviles que día a día ha deteriorado, con residuos y el parqueo indebido de vehículos, la calidad de vida de una simple calle de un barrio residencial. Hoy, por supuesto, la funcionaria ya no está en su cargo, pero el negocio crece y crece sin cortapisas. Por supuesto que la funcionaria no actuaría en beneficio particular, pero nunca pudo resolver este caso, como tantos otros similares.
Son muchas las situaciones en cada barrio de la ciudad y en la ciudad en su conjunto en las que construcciones y funcionamientos autorizados no son conformes con el uso del suelo, con las normas de manejo patrimonial, con el paisaje natural y cultural (basta ver la bahía cercada de torres blancas) y con la misma escala humana (lo que está ocurriendo en Manga frente a las bellas casas republicanas no tiene precedentes).
Todo aquello que se enseña en las facultades de arquitectura se borra en la práctica diaria. Los estudiantes ven cómo aquellos principios básicos para hacer una calle, un barrio y una ciudad amables, son devorados por la inmediatez especulativa.
Si se visitan las nuevas zonas donde la moda de los edificios blancos ha llegado se encuentran que poco dejan para el espacio público, para un parque infantil o un simple jardín. El metro cuadrado se ha hecho valer tanto que es imposible dejar pocos centímetros a la ciudad. Sería imposible caminar, ante la inexistencia de un simple andén, por el frente de los edificios nuevos de La Boquilla. Antes las ciudades se “urbanizaban” primero, es decir se dotaban de vías, andenes y servicios, para dar paso a las construcciones. Hoy eso no ocurre. Y mucho menos se prevé para el futuro: ¡las construcciones son emplazadas y ocupan el mayor espacio posible y punto!
Ha muerto el urbanismo a causa de la especulación inmobiliaria y la legislación, las instancias y las autoridades dejan que operen libremente las fuerzas desregladas del mercado.
El balance serviría, examinando funciones, acciones y casos, para identificar los vacíos existentes, responsabilidades y correctivos. Por ello el debate previsto en el Concejo Distrital resulta bienvenido siempre y cuando se haga en defensa de los intereses generales y públicos de la ciudad; pensando en una mejor ciudad para lo que habría que atar los cabos que andan aún sueltos de esa enmarañada ley de reforma urbana que no produjo los logros anunciados en su momento entusiasta de expedición.
*Profesor universitario
albertoabellovives@gmail.com
