La marihuana, aparte de su uso “carnestoléndico” es, según varias evidencias recopiladas en los últimos años, una planta prodigiosa, debido a su eficacia para el tratamiento sintomático en enfermedades como el glaucoma; atenúa los vómitos en pacientes sometidos a quimioterapia o en tratamiento para el SIDA y parece que reduce el dolor y los espasmos producidos por la esclerosis múltiple.
Quizás eso milita para que algunos apologistas de sus virtudes terapéuticas exageren las propiedades de la cannabis y digan que sirve para el asma, la epilepsia, el Alzheimer, la artritis reumatoide, la colitis ulcerativa y un largo etcétera de patologías. La verdad es que esta seguidilla de virtudes hará que en poco tiempo la marihuana supere el mítico Bálsamo de Fierabrás, citado en El Quijote o la Triaca, un medicamento “prodigioso” de la época de Galeno.
Las primeras referencias a la marihuana son de 2227 AC. Se dice que en China fue donde por primera vez avizoraron sus virtudes terapéuticas; pasó a la India, donde se usó con fines ceremoniales y textiles y por último llegó a la Europa de hoy.
Herodoto la cita en el libro IV de su obra “Los Nueve Libros de Historia”, alabando las virtudes de esta planta tanto como tela, como un sahumerio euforizante (Op citada. Ed. Jackson, Página 241 y ss.). En Roma se usó en la época de imperio, para mitigar los cólicos menstruales y para el asma.
En Colombia, entró a comienzos del siglo XX, por la costa caribeña, de la mano de unos obreros antillanos y al poco tiempo su uso se generalizó. En Cartagena se usaba el papel de la Biblia para armar los “tabaquitos” y un adicto en una ocasión se fumó todo el Evangelio de San Lucas en un motel de Canapote. Este personaje decía en lo más sublime de su traba: “No joda, ese Lucas era un man legal”.
Volviendo al tema. Si bien la Marihuana, sirve como remedio para aliviar los síntomas de varias enfermedades, su uso recreativo es peligroso porque la hierba que se fumaba hace 50 años tenía 10 veces menos canabinoides que las variedades logradas mediante ingeniería genética, algo que milita contra su uso indiscriminado, porque en varios estudios se ha demostrado que fumarla consuetudinariamente puede producir cáncer pulmonar, por el alquitaran que se deposita en los pulmones y porque también puede originar pérdida de memoria, ansiedad, paranoia y otros síntomas.
A pesar de estos efectos deletéreos, esta droga se está abriendo paso mundial en pastillas o fumada, como paliativo para múltiples dolencias, pero tras el embate mediático que ha impulsado su uso “legal” como medicamento, de manera oportunista se ha colado también en muchos países una perniciosa permisividad de su uso recreativo. En fin, me parece bien que la marihuana se use en algunas patologías, pero no que se legalice su uso indiscriminado, ya que esto, parafraseando a Talleyrand, sería, peor que un crimen, un error.
*Directivo universitario. Miembro de la Academia de la Historia de Cartagena.
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