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Columna

Defensa mínima de los cacheteros

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El término cachetero es definido en el DRAE  como  “Persona que  se aprovecha de los demás, aficionado a vivir de cachete”. Los cacheteros son distintos a los gorreros o canaleros, ya que estos últimos son vulgares aficionados. El cachetero profesional  debe tener el cuero duro para soportar injurias y cuchufletas, porque cuando ingresan a una fiesta, son vistos como un hueco en la cartera del anfitrión.
Estos personajes deben ser astutos y su primer objetivo es colarse en una fiesta o evento, para la cual usan técnicas que van desde la suplantación hasta brincarse una pared. Su divisa es una frase inventada por José M. Gutiérrez de Alba en 1875, que dice “Bienaventurados los pobres de vergüenza porque ellos entrarán a todas partes”.
Los cacheteros son vilipendiados y objeto de burla, pero, en mi concepto, cumplen una función social, ya que sirven para llenar un auditorio en una conferencia no concurrida y amenizan los actos académicos simulando un interés vehemente por el tema y haciéndole preguntas al orador.
En las recepciones son amenos y amigables y tienen las mañas para lograr los primeros puestos en la fila del Buffet, del cual comen como el carajo (eligen las mejores viandas) y aconsejan a los cacheteros neófitos sobre las bondades de algunos platos. En las fiestas empresariales, siempre son solícitos con el patrocinador del evento y prestos para hacer diligencias de emergencia (buscar hielo, etc.), nunca piden propina (lo prohíbe su código de ética), jamás sacan a bailar a la esposa del financiador de la fiesta y siempre se ríen de los chistes o anécdotas que dice el anfitrión, por muy repetidos y malos que sean.
En caso de que falten los meseros, están prontos a servir tragos o cederle su silla a algún invitado que llegó tarde a la conferencia o fiesta y tienen cierta lealtad con el anfitrión, ya que en caso de un rifirrafe, defienden al dueño de la fiesta.
Cartagena ha sido pródiga en el arte de cachetear, la prueba es que es la única ciudad en el mundo que tiene un Reglamento del Cachetero; un palco especial en la plaza de toros y un trofeo que fue instituido, en 1981 por Rafael Ballestas cuando era alcalde, denominado el  “Cachete de Oro”, que era una  pequeña escultura con un cachete inflado que ordenó hacer Jaime Gómez Obyrne cuando era director de la Escuela de Bellas Artes. Este curioso premio fue otorgado en ceremonia especial en el Restaurante Divo, cuando quedaba en la Avenida Chile (frente a la bahía), junto con los trofeos taurinos de la temporada de ese año.
Los cacheteros profesionales tienen normas de “calidad “cacheterica” como son: saber siempre dónde hay fiestas o conferencias con buffet; ser osados, beber sólo whisky o vinos finos, ser agradable en la conversación y no enojarse si le dicen gorrero. En Cartagena hubo muchos cacheteros famosos, pero sólo sobreviven en el difícil arte de cachetear tres o cuatro.
En fin, los cacheteros son unos personajes que aunque ejercen todo el año, tienen amplia figuración en las festividades decembrinas, en las cuales cumplen la función de ser teloneros en los convites. A mis lectores y amigos les deseo unas felices fiestas navideñas.

*Directivo universitario. Miembro de la Academia de la Historia de Cartagena.

menrodster@gmail.com

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